El tongo del “servicio” de Justicia

El presidente Fernández volvió a embestir contra la Corte Suprema. El tono que empleó para hacerlo llevaba un giro doctoral como si el que hablara fuera un erudito, cuando en realidad es un ignorante, alguien a quien, si no fuera por el daño que está haciendo, daría lástima escuchar.

En un avance que la Constitución prohíbe de plano y de manera expresa y absoluta, el presidente habló de causas en trámite y se arrogó el conocimiento de las fenecidas: un combo completo de lo que no puede hacer.

Además volvió a insistir como al pasar (usando la táctica que la infiltración subliminal aconseja utilizar para cuando se quieren fijar conceptos en el subconsciente) en la idea del “servicio” de justicia. Dijo Fernández: “Tiene un problema de funcionamiento (la Corte) muy serio. El servicio de Justicia funciona mal no para una ex Vicepresidente o un Presidente, sino para los ciudadanos”. Y luego, para insistir sobre lo que realmente le interesa, afirmó: “El problema de la Justicia es muy agudo y por eso hay que asumirlo, para que funcione como lo que es, un servicio”.


Vamos a ir a lo que realmente interesa porque meterme en el barro al que tan afecto es el peronismo no me interesa en lo más mínimo.

Desde hace tiempo ya (para ser más preciso, desde que comenzó -durante la segunda presidencia de Cristina Fernández- el proyecto para terminar de anular a la Justicia como poder independiente de la Constitución, con la denominada ley de “democratización de la Justicia”) el peronismo pretende volver a sus raíces más originales para someter los fallos de los jueces a la voluntad del poder ejecutivo (siempre, naturalmente, que ese poder ejecutivo esté ocupado por ellos).

Es otra confirmación más de que el kirchnerismo, lejos de ser algo diferente al peronismo, es su versión más perfecta y respetuosa del original. Nadie más que Perón y Eva tramaron ese asalto desde el primer momento en que se hicieron del poder en la Argentina.

La idea de la democracia clásica en donde el poder se parte en tres para salvaguardar las libertades públicas y los derechos civiles de los ciudadanos era completamente refractaria a su plan de unanimismo, concentración de poder y verticalismo militar en el mando.

En directa conformidad con ese diseño del peronismo original, el kirchnerismo puso en su mira a la Justicia desde que se instaló en el poder en 2003. No cesó un instante en su intento por lograr el cetro mayor de su programa.

Cuando el proyecto de democratización de la Justicia fue lanzado, varias espadas de la infantería impresentable del gobierno salieron a los medios para llevar adelante los primeros trabajos groseros de difusión. Son los gurkas que tiene el peronismo listos y preparados para enfrentarse a todos con tal de derribar la primera línea de defensa del enemigo.

Muchos de ellos hablan por la boca de otros, diciendo lo que los jerarcas piensan pero que a lo mejor no es tácticamente conveniente que lo digan aún. Entonces salen estos inimputables que no tienen nada que perder a sembrar de minas el terreno.

Uno de esos talibanes que se paseaba por los medios en aquella ocasión fue el intelectualoide Mempo Giardinelli. El embalaje del paquete era exactamente el mismo que ahora utiliza Fernández: la Justicia es un “servicio” y no funciona. Decía Giardinelli en aquellos años: “porque después de todo, ¿qué es la justicia? La Justicia es un servicio y la gente quiere tener un servicio de justicia que funcione bien”.

La intención de menoscabar el rol institucional de la Justicia es obvia y transparente. El supuesto “servicio” no les interesa nada. Es solo un envoltorio: un paquete más del consabido repertorio peronista de embustes y estafas para vender gato por libre y con eso conseguir el apoyo de los incautos.

Pero naturalmente no me sentiría completo si no dijera cómo son y cómo deben ser las cosas desde el punto de vista constitucional. Es obvio que a esta manga de mentirosos no les interesa nada. Es más, tienen perfectamente claro lo que los constituyentes quisieron hacer y lo que tuvieron en mente y precisamente por eso quieren demolerlo.

Pero lo voy a hacer igual.

La Justicia es un Poder, no un “servicio”. Presta sí una de las indelegables tareas que tiene todo Estado y que es una  de las principales razones por la que los ciudadanos prestan su conformidad a que exista semejante superestructura: dirime disputas.

Pero con ser importante esa función no es la más importante ni de lejos. El Poder Judicial más que un Poder es un contrapoder; es decir, un poder creado expresamente con la consigna de controlar, restringir y vigilar a los otros dos poderes.

La sola repetición de esas palabras puede dar una idea del escozor que causa en la piel peronista: Controlar, restringir y vigilar. El único control, las únicas restricciones y la única vigilancia que un peronista puede aceptar son las que ellos aspiran a imponer al resto de la sociedad. Ahora, controlarlos, restringirlos y vigilarlos a ellos ¡va de retro satanás!

La pulsión peronista por terminar con esa arquitectura constitucional no acabará nunca mientras exista el peronismo porque forma parte de su ADN: jamás aceptarán que un poder independiente vele por la salvaguarda de los derechos individuales cuando éstos sean contradictorios con los designios del poder. Y, en general, siempre los derechos individuales son contradictorios con los designios del poder.

Es más, la intención de los constituyentes cuando aceptaron organizar un Poder Judicial no fue tanto atender los requerimientos de dos vecinos que discuten por su medianera sino que los derechos de esos dos vecinos se respetaran cuando fueran opuestos al interés del Estado.

Como el peronismo concibe al Estado como un ente propio, que pertenece a su propio acervo patrimonial, reconocer que un ciudadano pueda ser igual frente a ellos ante un estrado judicial y que incluso (si la Constitución se respetara) tuviera más chances que ellos de ganar el pleito, es completamente inaceptable. De allí que les resulta imperativo terminar con el poder que tiene en sus manos la capacidad constitucional de ponerlos en vereda y de impedir hacer lo que se proponen.

Un tema diferente es si ese Poder cumple con esa función constitucional primordial. Porque si algún “mal funcionamiento” puede achacarse al Poder Judicial es, justamente, no ser con el poder peronista todo lo severo que debería ser en defensa de las libertades públicas de los ciudadanos. Si lo fuera, el 80% del orden jurídico argentino (creado por el peronismo y, cuando no directamente por ellos, por la mentalidad peronista) a partir de 1946, caería por completo: se desmoronaría tristemente por el barranco de la vergüenza, como, otra parte, debería hacerlo.


Entonces, es de suma importancia que la sociedad no se coma el verso del “servicio que funciona mal”. Ese cuento, es eso: un cuento.

Aquí hay un plan incansablemente ensayado desde que el peronismo asomó a la vida política argentina para desconocer la independencia, la autonomía e incluso el carácter de “poder” del Poder Judicial. Nada de raro tiene esta conducta proviniendo de un movimiento totalitario como el peronismo. De modo que, Fernández, deje su tono de Doctor superado, que se las sabe todas (que por otra parte no le cuadra frente a su inagotable ignorancia) y hable con propiedad: solo le interesa amañar a la Justicia para que falle a favor de ustedes. Como ayer. Como siempre.

Por Carlos Mira
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3 thoughts on “El tongo del “servicio” de Justicia

  1. Pedro R Cossio

    Excelente y exacto artículo.
    Felicitaciones

  2. Pedro R Cossio

    Excelente artículo. Verdades exactas

  3. Maria Victoria Storani

    Felicitaciones, excelente articulo, preciso y clarisimo!!! Comparto totalmentw

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