Aruba

El resentimiento de los militantes de la pobreza

Carlos Mira, The Post FMGN Press, Editorial

Hay un personaje que nunca deja de sorprender: el militante de la pobreza. No el pobre. El pobre merece respeto, oportunidades y un país que le permita dejar de serlo. Hablamos del militante de la pobreza: aquel que ha convertido la escasez en una virtud moral y la riqueza en un pecado casi teológico. Pero hay algo que nunca termina de entenderse.

¿Cuál es el problema que tienen con la pobreza?

Porque si uno escucha a personajes como Axel Kicillof, parecería que los países ricos fueran poco menos que una desgracia para la humanidad. Esta semana volvió a recurrir a uno de sus lugares comunes favoritos: descalificó las críticas a la Argentina diciendo que “vienen de los países ricos”, como si la sola condición de haber alcanzado el desarrollo económico descalificara cualquier observación.

El mensaje es siempre el mismo. Los ricos son moralmente sospechosos. Los pobres, en cambio, conservan una pureza espiritual que el dinero les habría arrebatado a los primeros.

Es la vieja religión del resentimiento. Lo curioso es que cuando esa filosofía consigue imponerse y producir exactamente aquello que pregona —más pobreza— sus sacerdotes no celebran el resultado. Se quejan.

Y allí aparece la contradicción que jamás explican. Si la pobreza es tan noble, si la austeridad forzada constituye una categoría moral superior y si la riqueza representa una forma de corrupción, ¿por qué protestan cuando sus políticas producen justamente sociedades más pobres? ¿No era eso lo deseable?

La provincia de Buenos Aires ofrece un experimento perfecto para responder la pregunta.

Con sus recursos naturales, su infraestructura, su ubicación estratégica y su potencial productivo, debería ser para la Argentina algo parecido a lo que Texas representa para Estados Unidos: un motor de crecimiento, inversión y prosperidad. Después de décadas de peronismo, sin embargo, buena parte de ese territorio se parece mucho más a una inmensa toldería de pobreza estructural, dependencia estatal y resignación social.

Entonces, hermanito querido… ¿Cuál es tu problema? ¿No era esto lo que buscabas?

Si la riqueza te provoca tanta urticaria y vivís gobernando un territorio donde la pobreza se multiplica año tras año, ¿por qué seguís mirando con resentimiento a los países ricos?Asomate a la puerta de la Gobernación. No hace falta viajar demasiado para encontrar el mundo que tanto reivindicás. Está ahí mismo. En las veredas destruidas. En los barrios donde la única industria floreciente es el subsidio. En las escuelas deterioradas. En los hospitales colapsados.

En millones de personas cuyo único horizonte consiste en esperar que el Estado les entregue aquello que previamente destruyó.

¿No era ese el paraíso moral? Porque esa es la gran estafa intelectual del populismo: romantiza la pobreza mientras la produce y demoniza la riqueza mientras disfruta de todos los beneficios que ella genera.

Sus dirigentes viajan en aviones, usan tecnología creada en los países que desprecian, reciben atención médica desarrollada por economías capitalistas, utilizan redes sociales creadas por empresarios a quienes consideran explotadores y viven gracias a recursos fiscales que solo existen porque alguien, en algún lugar, produjo riqueza.

Después vuelven a sus atriles para explicar que el verdadero problema del mundo son “los países ricos”. Ya no alcanza con llamar a esto hipocresía. Es una impostura. Una baratura intelectual.

El intento permanente de colocar el fracaso en un pedestal desde donde pretende impartir clases de moral, de economía y hasta de civilización.

La riqueza no convierte automáticamente a nadie en una buena persona. Pero la pobreza tampoco. Y, sobre todo, producir pobreza no constituye una virtud política.

De modo que, gobernador, la próxima vez que pronuncie con desprecio la expresión “países ricos”, haga un pequeño ejercicio de introspección. Pregúntese qué clase de territorio preferiría gobernar. Y si la respuesta es un territorio pobre, tranquilícese. No necesita seguir buscándolo. Hace años que usted vive en él.

Y lo gobierna.

Por Carlos Mira
Si quieres ayudarnos a respaldar nuestro trabajo haz click aquí
o podes comprarnos un Cafecito.
>Aruba

One thought on “El resentimiento de los militantes de la pobreza

  1. raúl

    Leí en algún medio que hay encuestas que darían ganador a este engendro indescriptible en una segunda vuelta contra Milei. Si es así, mereceríamos extinguirnos como sociedad. ¡A los botes!
    Es imposible tanta brutal ignorancia, más allá de los errores del gobierno.

    Responder

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *