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El “plan” y la Argentina

Maduro es tan burro, pero tan burro, que acaba de querer despegarse de lo que está ocurriendo en varios países de América Latina luego de confesar, en el mismo discurso, que lo que sucede en la región fue cuidadosamente planeado en el Foro de San Pablo y que lo que idearon allí “va mejor y más rápido de lo que pensaban”.

En lo personal, no me cabe ninguna duda de que lo que está ocurriendo son los cuidados pasos de un plan elaborado como un manual para tomar generar caos y tomar el poder.

Hace ya varios meses, escribíamos, en estas mismas columnas, “La Garrapata Necesita Otro Perro”, en alusión a la desesperación cubana por encontrar otra fuente de alimentación luego de que su proverbial dictadura matara ya a dos “perros” anteriores: la URSS y Venezuela.

En ese marco dudábamos seriamente de que los viajes de Cristina Fernández a la isla fueran para ver a su hija. Recientes informes demuestran que Florencia culpa de todo lo que le ocurre a su madre y a su hermano y que no quiere hablar con la jefa de la banda. Los viajes de Fernández a Cuba se inscriben dentro del plan de desestabilización que la dictadura castrochavista tiene previsto para América Latina.

Ese plan ni quiera es original. Se trata de una reedición del Decálogo de Lenin, escrito por el delincuente, agitador y asesino, cabecilla de la revolución comunista en Rusia, Vladimir Illich Ulianov.

Lenin mandaba a militar por la corrupción de la juventud, la libertad sexual, la infiltración en los medios de comunicación, la división de la sociedad en grupos antagónicos; por la destrucción de la confianza en los líderes sociales positivos, la toma violenta del poder, la promoción de huelgas y disturbios; por la destrucción de los valores morales y por el uso de las armas de fuego.

Lo que ocurre en Venezuela, Ecuador, Perú, Chile, Bolivia, Argentina, Brasil no es una casualidad: es la materialización de un plan imperialista que se propone la dominación de las masas y la apropiación de los recursos internacionales a favor de una casta privilegiada que componga el nuevo politburó mundial. Eso es lo que se discutió en el Foro de Sao Paulo y en el de Puebla (México) y que tiene un foco de ignición en Cuba.

Como dramáticamente lo demostró Juan Bautista Yofre, para el particular caso argentino, en su libro “Fue Cuba”, la masterización de un megaplan que incluye la violencia, la infiltración, el copamiento gramsciano de los medios y  la consabida cantinela anti-norteamericana, fue un armado que incluyó la inteligencia de la entonces Unión Soviética y de los servicios secretos de los entonces países de la Cortina de Hierro.

Desaparecido ese esperpento y lejos de aceptar el estrepitoso fracaso del sistema, los vástagos cubanos ingresaron en una etapa superior del rencor y, de la mano de Fidel Castro primero, y del mucho más sanguinario Raúl, después, delinearon un plan de infiltración latinoamericana a través del fomento de minorías resentidas a las que financiaron y respaldaron, dándoles, en alguna medida, ese motor de inagotable energía que es el odio.

“Fue Cuba” aparece respaldado por el soporte de más de 450 documentos de las oficinas de inteligencia de diversos países que demuestran cómo la isla planeó le generación y desarrollo de los movimientos guerrilleros de las décadas del ’60 y ’70 en muchos casos con la intervención directa de sus jerarcas.

Ese mismo intento se llevó a cabo en diversos países, incluso con la participación activa y personal del “asesino de La Cabaña”, el “comandante” Ernesto “Che” Guevara. A Guevara lo animaba un odio visceral y una confesada afición por matar, que descubrió en La Habana y que le manifestó a su padre en cartas en las que sinceraba su incontinencia por ver sangre.

A Castro, más frío, lo animaba un rencor calculado. Podría haberse vendido al oro yanqui si, en su visita a Washington en 1959, hubiera tenido otro trato de parte de  Dwight D. Eisenhower, pero cuando vio que no era por ahí, se convirtió en un fanático comunista. Castro llenaba todos los casilleros del burócrata marxista que quiere vivir como millonario vendiendo un discurso revolucionario a la gente. Los fabrican en serie. Son todos iguales.

Lo que está ocurriendo en América Latina no es otra cosa que una conjunción galáctica de ingredientes negativos: una propensión cultural al autoritarismo -heredada del colonialismo español-,  un sistema legal que contribuye a la concentración de la riqueza que, a su vez, alimenta el odio y el rencor, una usina de exportación “revolucionaria” regional (Cuba) que tiene involucrado en ese accionar su propio interés porque aspira a chupar los recursos que tienen otros frente a su proverbial ineficacia, una proclividad a la vagancia y a la holgazanería (también derivada del sistema fiscalista de la Colonia española) que supone que hay “otros” que deben proveer a nuestras necesidades y una furia incontenida azuzada inteligentemente por los grupos de activistas que responden al plan del Foro de San Pablo.

El odio ciega. Y muchas franjas sociales, que desconocen los sótanos de esta calamidad,  le prestan su apoyo (como verdaderos idiotas útiles) a estos forajidos que no tienen otro objetivo en mente que no sea el de ir por todo.

Instalar a los Kirchner nuevamente en el futuro de la Argentina puede ser suicida. Quizás parezca a esta altura un detalle menor, pero permítanme recordarles que el Partido Comunista integra el Frente de Todos, en una nueva versión del “entrismo” izquierdista en el peronismo que llevó a centenares de marxistas a la función pública sin haber obtenido un solo voto.

El espectáculo está sucediendo en un escenario directamente delante de nosotros, muchachos. Ni siquiera debimos pagar entrada para verlo. Sería muy estúpido no ver lo que nos ofrecen gratis.

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