Aruba

Delirios

Obviamente, luego de un día en donde se conoció el índice de inflación de abril  -que trepó al 6%-, de un día de furia en el centro de Buenos Aires en donde los piqueteros exigieron el derecho de ser mantenidos por la gente que se desloma laburando y de una jornada en donde toda la Justicia Federal, presidida por los cuatro jueces de la Corte, se reunió en Rosario para unirse en un símbolo contra el narcotráfico y los carteles de la droga, hablar de otras cuestiones que no tienen (aparentemente) nada que ver con todo eso parece algo muy cercano a un divague.


Pero, quizás, esos temas considerados periféricos y que jamás se encaramarán en la portada de un diario son los que explican el desbarranque inflacionario, el auge piquetero y el señorío de los carteles de la droga.

Me refiero a lo que ocurrió en una facultad de la Universidad de Buenos Aires en la que un profesor advirtió a los alumnos las consecuencias que tendría el hecho de que fueran descubiertos copiándose en un examen próximo a ocurrir.

Uno de los alumnos se auto percibió “amenazado” e inició una búsqueda en Google para verificar si existía alguna legislación que lo amparase en lo que él creía eran “sus derechos”.

El tema salió a la luz y se viralizó en las redes (aunque no en los grandes medios) porque el alumno, no conforme con la búsqueda en Google, publicó un post para ver si alguien podía asesorarlo en la materia, guiándolo o indicándole cuál era el mejor camino a seguir.

Esta concepción de creerse con derecho a todo que ha sido inoculada por el peronismo en lo más profundo del subconsciente argentino ha, literalmente, podrido las mentes de los ciudadanos.

Ya no hay ninguna noción de orden y autoridad que sea respetada porque todos se creen (se auto perciben) imbuidos de la capacidad para desafiar el orden establecido y las más elementales normas de convivencia.

Si la Argentina ha llegado al punto en el que un profesor de una facultad ni siquiera puede advertir sobre las consecuencias de copiarse porque los alumnos se creen con derecho a sentirse amenazados, hay muchos elementos como para llegar a la conclusión de que todo está casi perdido.

Veamos la situación por el absurdo.

¿Qué es lo que pretende el alumno? ¿Copiarse sin consecuencias? ¿Qué esté permitido copiarse y que la nota obtenida sea tan legitima como la de aquel que no se copió? ¿Qué el mercado laboral, luego, en el desarrollo de la vida, cuando los porotos se cuentan de verdad, no distinga entre los que saben porque estudiaron y los que no saben nada porque se copiaron?

Esa es la cueva en donde se gestan los embriones de los futuros piqueteros o de los futuros punteros que pretenden llevarse de atropellada aquello que su formación les niega.

Allí se forman las mentes que no comprenden el origen de la inflación.

Y, finalmente, es allí también donde el narcotráfico encuentra su clientela.

En la misma línea, días pasados se conoció que en Formosa, en los colegios secundarios, se podrá pasar de año con 19 materias previas.

¿Pero qué es lo que realmente se propone el peronismo hacer de este país? ¿Un corral de brutos? ¿Una marabunta de zombies sodomizados?


Porque precisamente eso era lo que parecían los piqueteros que transformaron en invivible a Buenos Aires el día de ayer.

Si esta mentalidad, que se ha colgado de los “derechos adquiridos” en nombre del género, de la diversidad sexual,  de la no-estigmatización, de la protección de los jóvenes y de la igualdad de los estudiantes, no es equilibrada de alguna manera y, por el contrario, continúa por esta senda de inventos delirantes, la inflación, los piquetes y los carteles de la droga serán un juego de niños comparados con los gravísimos problemas a los que se verá enfrentada la sociedad en un futuro no tan lejano.

Por Carlos Mira
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