Burro o peor

El iletrado personaje que algunos argentinos decidieron que ocupara el sillón de los presidentes, dijo el viernes -en una vídeo conferencia con el líder autócrata ruso Vladimir Putin (que gobierna con mano de hierro 

un desmembramiento del país que se desmoronó como consecuencia del obcecado ejercicio del comunismo)- que era “hora de entender que el capitalismo no ha dado buenos resultados”.

Cómo si supiera, el presidente pretende darle lecciones al mundo de lo que funciona y de lo que no funciona, cuando las ideas que él profesa han sumido a la Argentina en una enorme pobreza y la han transformado en una enorme villa miseria.


Realmente cuesta discernir si el presidente sabe que se dirige a una audiencia que, en su gran mayoría (y gracias también al adoctrinamiento en el credo de penurias con el que el peronismo les lavó el cerebro durante seis generaciones) son ignorantes peores que él, condenados al aldeanismo argentino, sin posibilidades de viajar y de ver el mundo; o si es un cínico de magnitudes tan profundas que agudiza su ingenio para sobreactuar un personaje que satisfaga los deseos de su única mandante, Cristina Fernández de Kirchner.

Decir que el capitalismo no ha dado buenos resultados cuando desde la comida que come, la ropa que usa, el auto con el que se mueve, los teléfonos con los que se comunica, la tecnología de la que depende, los aviones en los que vuela y hasta las diversiones con las que se distrae son la creación directa y exclusiva del capitalismo liberal, es de una visión tan obtusa que exaspera.

No tener más remedio que escuchar -porque uno se dedica a este trabajo- un embuste de semejante tamaño casi lo pone a uno en el borde de la ecuanimidad del análisis y lo fuerza a la refutación irónica, ácida y sarcástica.

El Sr Fernández no podría levantarse cada mañana de no ser por el capitalismo. Su engolada verba de oropel debería debería hacerse un bollo para ir a parar al tacho de los trastos de no ser porque los inventos del capitalismo le permiten a él que su audiencia lo escuche.

Los lujos de su jefa y de su pareja, Fabiola, no podrían materializarse sin el capitalismo. Hasta Dylan es el fruto de esa cultura. Probablemente, para no morir de hambre, el presidente estaría considerando por estas horas comérselo si el entramando invisible del capitalismo no le pusiera enfrente suyo un plato de comida dos veces al día.

Los países capitalistas son la meca donde quieren ir a vivir los individuos con sueños, incluidos, naturalmente cientos de miles de argentinos.

Ninguno de ellos (incluidos cientos de militantes guerrilleros que emigraron a la cuna de las sanas  burguesías cuando sus propios culos estuvieron en peligro) a la hora de plantearse vivir en otra tierra elige los países en donde gobierna el socialismo.

Ocho millones de venezolanos dejaron la dictadura de Chávez y de Maduro en los últimos 20 años. Algunos se fueron caminando con lo que tenían puesto, aún perdiendo lo poco que el régimen les había dejado.

Miles de cubanos murieron en el estrecho de la Florida tratando de alcanzar sus sueños de libertad. Prefirieron arriesgar sus vidas hasta perderlas con tal de dejar atrás el paraíso de La Habana.

¿Dónde están las oleadas de norteamericanos queriendo vivir en la Cuba de los Castro? ¿O dónde los argentinos caminando 6000 kilómetros para llegar a la Venezuela de Maduro y proyectar su vida allí? ¿Dónde están los militantes kirchneristas yéndose de vacaciones a Corea del Norte o a Angola? ¿Dónde los revolucionarios retirándose en Bielorrusia?

El mundo multiplicó por 18 la tasa de riqueza desde que el capitalismo hizo su irrupción en la humanidad. Nunca tantos accedieron a tanto confort y a tantos bienes como desde que la Revolución Industrial cambió al mundo para siempre. Nunca tantos pobres dejaron la miseria atrás para conocer una vida con futuro, un horizonte con dignidad.

El mundo era un lugar oscuro, enfermo, pobre y miserable antes de la irrupción del capitalismo. El promedio de vida no alcanzaba los 40 años. Hoy es el doble.

Centenares de pestes acabaron para siempre gracias al impulso capitalista de la ciencia.

La humanidad conoció la luz eléctrica, el automóvil, el ferrocarril, el jean, el espacio, la Coca Cola, Internet, los robots y la inteligencia artificial.

De vivir en el símil del socialismo que la humanidad había conocido en la antigüedad (las sanguinarias monarquías absolutas y los inconcebibles regímenes de autócratas asesinos, como lo son hoy los modernos socialismos) el hombre seguiría aún colgado de los árboles.

La obviedad de la explicación torna a la propia explicación redundante y aburrida. 


La sola insinuación de cambiar el sistema capitalista por el conjunto de fiascos que representan las ideas de Fernández resulta tan ridículo que a uno se le amontonan las palabras y los argumentos en la boca y no sabe cuál utilizar primero para darle un mazazo definitivo a tanta estupidez.

Que un país como la Argentina esté obligado a estar representado por un personaje tan menor, tan poco ilustrado (o lo que sería peor, tan mal parido) como éste causa indignación, perplejidad y constituye una injusticia tan grande que no hay metro para medirla.

Solo un país lleno de envidia y de resentimiento; que no tiene lo que hay que tener para abrazar el riesgo creativo de la libertad, puede tener como presidente a alguien como Fernández, un burro o un cruel descarado. Elijan ustedes lo que crean que es y lo que crean que es peor.

Por Carlos Mira
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One thought on “Burro o peor

  1. Hugo Alberto D'Angelo

    Mí respetadisimo Don Carlos Mira, Ud. pone en su boca lo que yo pienso pero no puedo hacer público porque no tengo un micrófono, aparte de faltarme la habilidad para hacerlo, Ud. es un legado que me dejó mí padre (que ya no está) cuando me dijo, hace más de veinte años “escucha a este tipo”…mis congratulaciones…

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