2020, una odisea urbana

Por Fernando Sabatini, especial para The Post

Por segunda vez en la historia, la Argentina está completamente integrada al mundo, la paradoja es que sea por temas sanitarios graves.

La primera vez, se dio en el periodo de la primera revolución industrial desde mediados del siglo XIX en adelante, donde se da un proceso de urbanización acelerada.

Por desidia de los estados y los industriales del momento respecto al naciente proletariado surgieron una serie de epidemias y pestes desconocidas, las cuales dieron como resultado el nacimiento de los sistemas sanitarios en las insipientes urbes del momento, agua corriente, cloacas, alcantarillado, Iluminacion.

Es justamente cuando nace la ciencia estrella del momento:
La Epidemiologia, casualidad…causalidad?

En conclusión, gracias al cólera, difteria, fiebre amarilla, y tantos otros patógenos se generó el motor que llevo al crecimiento exponencial de las ciudades tales como las conocemos… (¿qué sería de nosotros hoy sin ellos?)
La segunda es la actual pandemia generada por un virus desconocido cuya siniestra característica es que los portadores sean asintomáticos durante 15 días, generando que la forma más eficiente hasta ahora de combatirlo sea el aislamiento.


Resulta así escalofriante ver las imágenes de un mundo paralizado.
Las ciudades, esa gran creación humana que alberga todas las funciones y actividades que siempre soñó la humanidad y que naturalizamos hace siglos hoy tiene una herida mortal: la imposibilidad del contacto humano.
Hoy el tiempo es una imagen en cámara lenta que domina nuestras vidas, pero a la vez vivimos una enorme ansiedad y estrés; la curiosidad se ha trasformado en un aspecto emocional que engendra una gran necesidad de exploración, investigación, aprendizaje y muchísimos interrogantes, pero todo se complica cuando los queremos trasladarlos al futuro.

Empecemos entonces, para calmar esas ansiedades, por explorar el presente:

El origen de este gran problema actual de la humanidad, es un hecho urbano.

Por zoonosis un virus de un animal salvaje es transmitido a un hombre a través de su ingesta en un mercado de una ciudad de China, eso nos dice mucho de un país con más de 1500 millones de habitantes, tiene migraciones del campo a la ciudad del orden de 200 millones.

Las poblaciones entonces crecen desmedidamente, consumen, rompen ecosistemas, depredan, contaminan y generan una pandemia, dejando lo ecológico y al calentamiento global como un mal menor.

Todos tenemos televisores, automóviles y hasta teléfonos móviles de la manzanita; todos hechos en su totalidad o con componentes chinos.

Las grandes concentraciones en centros urbanos han sido desde siempre una amenaza para la humanidad. Esto iba a suceder, no importa dónde, importa el concepto: la ruptura sistemática del hombre de ecosistemas, (escudo natural viral), generaría y puede seguir generando graves problemas.

Ese mundo en el que vivimos está conformado en un gran porcentual por ciudades, y son estas las que deberán cambiar, ya que es en ellas donde se vive el gran drama de esta pandemia, por dos factores fundamentales: densidad y movilidad.

Ahora investiguemos y veamos lo que sucede a nivel poblacional en nuestro país:

Un tercio de la población se agrupa entre La Ciudad Autónoma de Buenos Aires y El Gran Buenos aires.

Este ejemplo cercano nos muestra claramente como el problema tanto en el presente como en el futuro las estructuras urbanas generan importantes desequilibrios.

La Capital Federal mantiene constante su población desde 1947, (censo confiable más lejano), en 3 millones de personas, es decir que transportando el crecimiento del país a la ciudad su población debiera estar en el orden de los 8 millones de habitantes, por otro lado, el Gran Buenos Aires creció de 2 millones en 1947 a 13 millones en la actualidad.

Tal vez siendo Buenos Aires, la Capital Administrativa y la que concentra mayores fuentes laborales e indicadores económicos más favorables respecto a la media del GBA, se le encuentre explicación, por que ingresan y egresan todos los días de su área central 3,5 millones de personas y casi medio millón de vehículos…Pero cuando vemos la polución el daño ecológico, los tiempos de viaje y ahora el peligro del contacto nos damos cuenta que generamos un desatino urbano que no tiene lógica alguna.
Evidentemente desde décadas nadie pensó profundamente la ciudad, y su periferia: seguimos con la manzana, el patio de aire luz (de la época de la colonia y la fiebre amarilla) la cuadricula española … ¿Hay algo de miedo que no nos deja romper las cadenas ? ¡Y no lo comento en términos políticos: es conceptual; pienso que debiéramos repasar más el himno: Libertad, libertad, libertad.

Representantes de ésta nos visitaron a principios de siglo, como Le Corbusier, quien nos presentó otra visión urbana.

Es contra factico decirlo ahora que podría haber sido mejor, pero con seguridad su visión era una ciudad más racional y saludable… Otra casualidad o causalidad que sus ideas hayan espantado a la Buenos Aires de 1930 cuando la academia estaba en manos de Uriburu.

Ganaron las ideas arcaicas, las mismas que nos rigen hoy también en casi todas las ciudades del país.

A pesar de ser consciente que el PBI, puede caer hasta 20 puntos, que podríamos ir a un Default en breve y que la inflación se podría disparar, tenemos sin duda una oportunidad.

Lo bueno de esta inserción al mundo global viral, es que los virus no miran países, y que indefectiblemente tendrá que existir una nueva conciencia colectiva nacional e internacional, donde al igual que en la primera revolución industrial, el planeta se concientice y entienda la conveniencia que todos tenemos que estar bien. No hay dicotomía entre salud y economía, más aún pueden ser complementarias junto a la sustentabilidad.
Ese debe ser unos de los pilares del aprendizaje:

Ciudad autónoma de Buenos Aires, Provincia de Buenos Aires y Nación debieran coincidir en que las ciudades y las nuevas las sociedades deberán funcionar de modo que su economía, la forma de hacer negocios, las infraestructuras y las tecnologías no interfieran con la habilidad inherente a la naturaleza de sustentar la vida y la salud.

En consecuencia, debemos desde ayer pensar en un circulo virtuoso donde las ciudades actuales se deconstruye y renuevan su tejido de manera que se generen ECOSISTEMAS URBANOS.

Detroit es un ejemplo espontaneo de estos incipientes conceptos, a estudiar, que pueden ser la salida para el concepto ciudad.

El estado de crisis urbana a nivel nacional y global, que dejara sin dudas la pandemia, ayudaría a compatibilizar los conceptos salud y sustentabilidad ambiental.

Estos nuevos sistemas urbanos sanitarios y ecológicos , consistirán en generar en marco legal , tal vez nacional , mediante estímulos a la producción y al sistema impositivo , para ciudades y/o poblaciones que produzcan la menor distancia posible de traslado entre vivienda, trabajo, esparcimiento y demás actividades humanas. Este simple concepto deberá ser acompañado de una tasa lógica de densidad , espacios verdes muy superiores a los recomendados por la O.M.S, favorecer la micromobilidad en desmedro de la macromobilidad, plantear metas concretas en cuanto a la inmediata puesta en marcha de movilidad eléctrica o no contaminante tanto en autos particulares (que tal vez en este nuevo sistema de forma paulatina ya no tengan razón de ser) como así también el transporte público. Surgirán nuevas movilidades entre los ecosistemas.

Con reglas de juego claras y seguridad jurídica, (tal vez suene ingenuo), pero si se diera en planes similar a nivel mundial, (debieran serlo), muchos argentinos verían que es posible apostar por el país, y la reconversión de las ciudades se transformen en el motor económico de la reactivación nacional y global, como sucedió ya hace más de 100 años, post revolución industrial, cerrando un circulo histórico.

Todos somos conscientes que le estamos diciendo adiós a un mundo y que otro se deberá fraguar a gran velocidad…. A trabajar rápido y juntos no perdamos un minuto.

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