
Nacho Urkía, The Post FMGN Press, Deportes
Empieza el Mundial 2026 y la expectativa vuelve a apoderarse de los argentinos. Cuatro años después de la histórica conquista en Qatar, la selección de Lionel Scaloni llega a la máxima cita del fútbol con la difícil misión de defender el título y con la sensación de que, una vez más, tiene argumentos para pelear hasta el final.
La ilusión se alimentó en los últimos días gracias a las buenas actuaciones en los amistosos previos. Más allá de los resultados, el equipo mostró la identidad que lo convirtió en campeón del mundo y bicampeón de América: solidez defensiva, presión alta, variantes ofensivas y una química colectiva que parece resistir el paso del tiempo.
El cuerpo técnico logró además recuperar futbolistas que llegaban con algunas molestias físicas y dejó buenas sensaciones en cuanto al nivel de varias de sus figuras. Lionel Messi sigue siendo el gran faro del equipo, mientras que la nueva generación, encabezada por Julián Álvarez, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y otros nombres que se consolidaron en las principales ligas europeas, aporta frescura y renovación.
Sin embargo, no todo son buenas noticias. La lesión de Leonardo Balerdi obligó a Scaloni a modificar sus planes sobre la hora y abrió uno de los grandes interrogantes de la previa mundialista. El defensor sufrió un desgarro en el sóleo derecho y quedó descartado para el torneo, por lo que el entrenador deberá definir quién ocupará su lugar en la lista definitiva.
Lejos de ser una decisión sencilla, el reemplazo de Balerdi plantea un dilema táctico. La lógica indicaría convocar a otro marcador central, con nombres como Marcos Senesi o Lucas Martínez Quarta entre las alternativas. Sin embargo, Scaloni dejó entrever que podría aprovechar la profundidad del plantel en defensa para sumar un jugador de otras características, ampliando las opciones del mediocampo. Se barajan los nombres de Emiliano Buendía, Guido Rodríguez y Máximo Perrone, sin descartar la incorporación definitiva de Agustín Giay.
La incertidumbre, de todos modos, no altera el clima que rodea al seleccionado argentino. A diferencia de otros procesos mundialistas, este equipo ya demostró que sabe competir bajo presión y que puede sobreponerse a las adversidades. De hecho, la historia reciente del ciclo Scaloni está llena de obstáculos convertidos en oportunidades.
El Mundial recién comienza y el desafío es enorme. Revalidar el título es una misión que pocos equipos lograron en la historia del fútbol, pero Argentina llega con algo que no siempre tuvieron los campeones defensores: una estructura consolidada, un grupo unido y una idea de juego perfectamente definida.
Mientras el planeta fútbol pone en marcha la mayor fiesta deportiva del mundo, la Albiceleste espera el debut con una mezcla de confianza y expectativa. Solo queda despejar la última incógnita que dejó la baja de Balerdi. Después, será tiempo de que la pelota vuelva a rodar y de comprobar si el sueño de otro capítulo glorioso puede convertirse en realidad.
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