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Superman, Smallville y el secreto judío detrás del Hombre de Acero

El pueblo que no existe inspiró una celebración real en Kansas. Y los nombres de Krypton esconden una conexión con la Biblia.

Smallville es una de las localidades más reconocibles de la cultura popular estadounidense, aunque no figure en ningún mapa. Pero detrás del hogar de Clark Kent hay una historia real que conecta a sus creadores judíos, la tradición bíblica, la inmigración y una ciudad de Kansas que decidió convertirse, aunque fuera por unos días, en el pueblo de Superman.

Carlos Mira, The Post FMGN Press, Lecturas de Fin de Semana

Hay nombres que parecen inventados para una historieta, pero que esconden una historia mucho más profunda. Kal-El, Jor-El, Lara Lor-Van y Krypton pertenecen al universo de Superman, el superhéroe que llegó a la Tierra desde un planeta condenado. Sin embargo, detrás de esa mitología de ciencia ficción se encuentran dos jóvenes de origen judío, una tradición cultural milenaria y una historia de identidad que ayuda a entender por qué el Hombre de Acero se convirtió en un personaje universal.

Y hay otra curiosidad: el pueblo donde Superman creció, Smallville, es ficticio, pero una ciudad estadounidense consiguió apropiarse de ese nombre y transformarlo en una celebración turística.

Dos jóvenes judíos y el nacimiento de Superman

Superman fue creado por Jerry Siegel, guionista, y Joe Shuster, dibujante, dos jóvenes que crecieron en familias judías de origen inmigrante. Siegel nació en Cleveland, Ohio, en una familia cuyos padres habían emigrado desde Lituania; Shuster, nacido en Canadá, también pertenecía a una familia judía de inmigrantes europeos.

Ambos compartían su pasión por la ciencia ficción y los relatos de aventuras. En 1938, su personaje apareció en Action Comics número 1 y contribuyó a inaugurar la era moderna de los superhéroes.

No es un detalle menor que Superman surgiera en una época marcada por el antisemitismo, la inestabilidad europea y las dificultades de integración de muchas familias inmigrantes. Sus creadores pertenecían a una comunidad que conocía de cerca la experiencia de ser diferente, de intentar abrirse camino en una sociedad que no siempre ofrecía las mismas oportunidades y de construir una identidad entre dos mundos.

Los estudiosos de la cultura judía han encontrado en Superman numerosos elementos que permiten interpretarlo desde esa experiencia, aunque el personaje nunca haya sido presentado oficialmente como un superhéroe judío.

Kal-El, Jor-El y el significado de una terminación

Uno de los indicios más comentados está en los nombres kryptonianos.

Kal-El es el nombre de nacimiento de Superman. Su padre es Jor-El. En distintas etapas de la mitología del personaje aparecen otros nombres que utilizan el elemento «El», una terminación con profundas resonancias en la tradición hebrea.

En hebreo, El es una palabra asociada con Dios y aparece en numerosos nombres bíblicos. Gabriel, Miguel, Rafael, Daniel e Israel son ejemplos conocidos de nombres que contienen ese elemento.

Por eso, Kal-El y Jor-El han sido interpretados como parte de una simbología que conecta el universo de Superman con las raíces culturales de sus creadores.

Conviene hacer una precisión: no todos los nombres kryptonianos terminan en «-El», y no existe una demostración definitiva de que cada nombre de ese universo haya sido concebido como una referencia religiosa deliberada. La presencia de «El», sin embargo, es uno de los argumentos que los investigadores utilizan al estudiar la dimensión judía de Superman.

La historia de Moisés detrás del visitante de Krypton

La conexión más sugerente no está solamente en los nombres, sino también en el origen del personaje.

Cuando Krypton está a punto de desaparecer, los padres de Kal-El lo colocan en una pequeña nave y lo envían lejos de su planeta para salvarle la vida. El niño llega a la Tierra, es encontrado por una pareja que no pertenece a su civilización de origen y crece con una identidad nueva: Clark Kent.

El paralelismo con Moisés es evidente. En el relato bíblico, el niño es colocado en una cesta y abandonado en las aguas del Nilo para escapar de la persecución decretada por el faraón. Una familia de otro entorno lo recoge y lo cría, mientras su verdadera procedencia permanece oculta durante parte de su vida.

Ambos relatos presentan a un niño separado de su pueblo, salvado mediante una decisión desesperada de sus padres y destinado a desempeñar un papel extraordinario.

La comparación no significa que Superman sea una adaptación directa del relato bíblico. Es una lectura cultural que permite descubrir resonancias entre una historia de ciencia ficción y una de las narraciones fundamentales de la tradición judía.

También se han señalado semejanzas con figuras como Sansón, cuya fuerza excepcional lo convierte en protagonista de una historia de lucha y destino, y con el gólem de Praga, la criatura de la tradición judía creada para proteger a una comunidad amenazada.

Superman no pertenece exclusivamente a ninguna religión. Su capacidad para trascender fronteras culturales es precisamente una de las razones de su vigencia. Pero conocer las raíces de sus creadores permite descubrir una dimensión que a menudo queda escondida detrás de la capa roja.

Smallville: el pueblo que se volvió real por un día (ver nota aparte tambien)

En la ficción, Smallville es el pueblo rural de Kansas donde Clark Kent pasa su infancia y adolescencia. Allí aprende los valores que terminarán definiendo a Superman: la responsabilidad, la solidaridad, el respeto por los demás y la obligación moral de utilizar sus capacidades para ayudar.

La localidad encarna una imagen muy estadounidense: calles tranquilas, comercios familiares, vecinos que se conocen y una vida comunitaria alejada del ruido de las grandes ciudades.

Pero Smallville no es una ciudad real con ese nombre que haya sido el hogar histórico de Superman. Es una creación de la ficción, cuya localización dentro del universo de DC Comics ha variado según las distintas versiones.

La televisión, además, le dio una geografía inesperada. La serie Smallville, emitida entre 2001 y 2011, utilizó principalmente localizaciones de la provincia canadiense de Columbia Británica. El centro de la localidad ficticia se representó mediante escenarios y calles de localidades como Cloverdale y Merritt, mientras que Vancouver y sus alrededores aportaron otros paisajes urbanos.

Es decir, el pueblo de Kansas que millones de espectadores creían reconocer fue construido, en buena medida, al otro lado de la frontera canadiense.

Hutchinson, Kansas: la ciudad que se convirtió en Smallville

La historia dio un giro curioso en Hutchinson, Kansas.

Un grupo de aficionados a Superman encontró similitudes entre esta ciudad real y la localidad ficticia. La idea fue ganando apoyo hasta que, el 21 de junio de 2013, Hutchinson adoptó oficialmente el nombre de Smallville por un solo día mediante una proclamación de su alcalde.

La iniciativa coincidió con el 75.º aniversario de la creación del personaje y con la incorporación de Superman al Kansas Hall of Fame.

Desde entonces, el vínculo entre Hutchinson y el Hombre de Acero se ha expresado mediante el Smallville Festival, una celebración comunitaria que reúne actividades familiares, comercios locales, música y propuestas relacionadas con la cultura popular.

La ciudad no pretende demostrar que allí vivió Superman. Hace algo más interesante: convierte una referencia de la ficción en una oportunidad para celebrar su propia identidad.

Y, para el viajero, ofrece una ventaja adicional. Hutchinson tiene atractivos que van mucho más allá de los cómics: un museo espacial de categoría internacional, una mina de sal abierta al público, parques y un centro urbano donde todavía se puede experimentar el ritmo de una ciudad del Medio Oeste.

Un superhéroe nacido de dos mundos

Superman llegó a la Tierra desde otro planeta, pero sus raíces narrativas están profundamente ligadas a la experiencia humana. Fue imaginado por dos jóvenes inmigrantes de origen judío que crearon un personaje capaz de vivir entre dos identidades: Kal-El, el hijo de Krypton, y Clark Kent, el hombre criado en Kansas.

Quizás allí resida una parte importante de su atractivo. Superman pertenece a un mundo fantástico, pero su historia habla de pertenencia, identidad, sacrificio y responsabilidad.

Y mientras Krypton solo existe en la imaginación, Smallville ha encontrado una forma inesperada de salir de las viñetas: una ciudad real de Kansas que cada año puede celebrar, aunque sea simbólicamente, que el hogar del Hombre de Acero también tiene un lugar en el mapa del turismo estadounidense.

Por Carlos Mira
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