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De las monedas de la suerte a los espejos rotos: el origen de 13 supersticiones que sobreviven en el siglo XXI

Aunque la ciencia y la tecnología dominan la vida moderna, millones de personas siguen evitando ciertos números, tocando madera o esquivando escaleras. Detrás de estas costumbres hay antiguas creencias religiosas, leyendas populares y explicaciones que se transmitieron de generación en generación.

Belén Grazziani, The Post FMGN Press, Cultura & Sociedad

Las supersticiones forman parte de la cultura cotidiana mucho más de lo que solemos admitir. Hay quienes aseguran no creer en ellas, pero evitan pasar debajo de una escalera, se inquietan cuando se rompe un espejo o golpean discretamente una mesa de madera después de anunciar que todo marcha bien.

El fenómeno no es exclusivamente estadounidense. Sin embargo, muchas de estas creencias están profundamente arraigadas en la cultura popular de Estados Unidos, donde conviven tradiciones europeas, relatos religiosos y costumbres que adquirieron nuevas formas con el paso del tiempo.

Un episodio de American English Podcast, dedicado a las 13 supersticiones más comunes en Estados Unidos y sus orígenes, permite recorrer esta peculiar historia de temores, amuletos y rituales cotidianos. No todas las explicaciones históricas están plenamente documentadas: algunas son hipótesis sobre el nacimiento de las creencias, mientras que otras mezclan tradiciones antiguas con interpretaciones posteriores.

Estas son las 13 supersticiones y las historias que contribuyeron a mantenerlas vivas.

1. Encontrar una moneda trae buena suerte

En Estados Unidos existe una conocida rima popular: encontrar un centavo y recogerlo garantiza buena suerte durante el resto del día. La creencia es especialmente favorable cuando la moneda aparece con la cara hacia arriba.

Una posible explicación del origen de esta costumbre remite a una época en la que los alfileres eran objetos valiosos y encontrar uno podía representar un pequeño golpe de fortuna. Con el tiempo, la idea de descubrir un objeto útil o valioso en el suelo habría evolucionado hacia la creencia de que recogerlo atrae la buena suerte.

La tradición estadounidense quedó asociada al penny, la moneda de un centavo. Aunque su valor económico sea mínimo, para muchas personas sigue siendo un pequeño talismán cotidiano.

2. El número 13 trae mala suerte

Pocos números tienen una reputación tan negativa en Occidente como el 13. En algunos hoteles y edificios, incluso, se evita identificar un piso con esa cifra, aunque físicamente exista.

Entre las explicaciones más conocidas aparece la Última Cena cristiana: Judas Iscariote, el discípulo que traicionó a Jesús, suele asociarse con la figura del decimotercer comensal. Otra referencia procede de la mitología nórdica, en la que Loki aparece como un invitado inesperado en una reunión de doce dioses. Su intervención termina en tragedia.

Estas historias contribuyeron a consolidar la asociación entre el número y la desgracia, aunque no existe una única explicación histórica aceptada para su mala fama.

El temor extremo al número 13 se conoce como triscaidecafobia. La superstición también explica por qué algunos edificios estadounidenses omiten la denominación del piso 13 y pasan directamente al 14, una decisión comercial que busca evitar las objeciones de potenciales huéspedes o residentes.

3. Pisar una grieta puede perjudicar a la madre

La rima infantil estadounidense Step on a crack, break your mother’s back advierte que pisar una grieta de la vereda puede provocar que la madre sufra una lesión en la espalda.

No existe una explicación histórica concluyente sobre el nacimiento de esta creencia. Su persistencia parece estar relacionada, en buena medida, con los juegos infantiles, las rimas fáciles de recordar y la capacidad de los niños para convertir reglas arbitrarias en desafíos.

Una vez incorporada durante la infancia, la costumbre puede sobrevivir hasta la edad adulta. Quien comienza a evitar las grietas por diversión puede terminar haciéndolo de manera automática, incluso sin creer literalmente en sus consecuencias.

4. Tocar madera para evitar la mala suerte

Anunciar que algo va bien y tocar madera inmediatamente después es una de las supersticiones más extendidas en el mundo occidental. La intención es impedir que una afirmación optimista termine convirtiéndose en una invitación a la desgracia.

Una teoría vincula la costumbre con los antiguos pueblos celtas, que atribuían a los árboles una conexión con dioses y espíritus protectores. Tocar la madera habría funcionado como una forma de invocar su protección o expresar reconocimiento hacia esas fuerzas.

Otra hipótesis remite a las iglesias medievales, cuyos bancos y elementos de madera podían tocarse durante prácticas de devoción religiosa.

No hay consenso definitivo sobre su origen. Lo que sí perdura es su función simbólica: proteger una buena noticia de la posibilidad de que se transforme en una mala.

5. Contener la respiración al pasar por un cementerio

En algunas familias existe la costumbre de contener la respiración al pasar frente a un cementerio. Según las versiones populares, el objetivo sería evitar inhalar el espíritu de una persona fallecida o impedir que los muertos se sientan provocados y persigan al transeúnte.

Esta creencia se relaciona con antiguas concepciones sobre la presencia de los espíritus y la posibilidad de que el mundo de los vivos entre en contacto con el de los muertos.

No hay pruebas que permitan establecer un origen único para esta práctica. En la actualidad, suele sobrevivir como un juego infantil o una costumbre compartida entre amigos, aunque sus raíces imaginarias remitan a temores mucho más antiguos sobre la muerte y lo desconocido.

6. La suerte del principiante

La expresión beginner’s luck describe la supuesta ventaja de quien obtiene un resultado extraordinario la primera vez que intenta algo: ganar una partida sin experiencia, acertar un pronóstico o tener éxito en una actividad que desconoce.

A diferencia de otras supersticiones, esta no depende de un objeto ni de un ritual específico. Se apoya en la interpretación de una coincidencia favorable como si existiera una fuerza especial que beneficia a los principiantes.

Hay explicaciones psicológicas plausibles para esa percepción. Quien comienza una actividad puede actuar con menos presión, sin expectativas rígidas o con una disposición más espontánea. También es posible que recordemos especialmente los éxitos inesperados y olvidemos los fracasos iniciales.

La suerte del principiante es, en definitiva, una manera popular de explicar por qué alguien sin experiencia puede obtener un resultado sorprendente.

7. Un gato negro que cruza el camino anuncia desgracias

El gato negro ocupa un lugar destacado entre los símbolos occidentales de la mala suerte. Su asociación con las desgracias y la brujería se fortaleció durante determinados períodos de la Europa medieval, cuando los animales fueron vinculados con creencias religiosas y acusaciones de prácticas mágicas.

El papa Gregorio IX, en el siglo XIII, es mencionado con frecuencia en las historias sobre la demonización de los gatos. La asociación entre estos animales, el demonio y las brujas contribuyó a alimentar el temor que rodeó a los gatos negros en parte de la cultura europea.

Sin embargo, las interpretaciones no son universales. En distintas culturas, los gatos negros también han sido considerados símbolos de protección, prosperidad o buena fortuna.

Que un gato cruce el camino de una persona no tiene ninguna relación demostrada con los acontecimientos posteriores. La mala reputación del animal es una construcción cultural, no una propiedad del propio gato.

8. Encontrar un trébol de cuatro hojas trae fortuna

Los tréboles comunes suelen tener tres hojas. Encontrar uno de cuatro es relativamente inusual, y esa rareza contribuyó a convertirlo en un símbolo de buena suerte.

Una de las explicaciones históricas más difundidas vincula el trébol con antiguas tradiciones celtas y druidas, que atribuían a ciertas plantas propiedades protectoras. Algunas leyendas sostenían que los tréboles de cuatro hojas permitían reconocer presencias sobrenaturales o protegerse de ellas.

Con el tiempo, el trébol pasó a representar la buena fortuna, especialmente en la tradición irlandesa y en las celebraciones asociadas con San Patricio.

Conviene distinguir, sin embargo, el trébol de cuatro hojas del trébol de tres hojas utilizado como símbolo irlandés. Son representaciones relacionadas, pero no idénticas.

La rareza del primero explica buena parte de su atractivo: encontrar algo poco frecuente se siente como un acontecimiento especial, incluso para quienes no creen en poderes mágicos.

9. Pasar por debajo de una escalera trae mala suerte

Evitar caminar debajo de una escalera puede parecer una precaución razonable: alguien podría estar trabajando en altura y dejar caer una herramienta. Pero la superstición va más allá del peligro físico.

Una de las teorías sostiene que una escalera apoyada contra una pared forma un triángulo, figura que ha tenido significados sagrados en diferentes tradiciones religiosas. En el cristianismo, por ejemplo, el triángulo se ha utilizado como representación de la Santísima Trinidad.

Atravesar ese espacio se habría interpretado simbólicamente como una ruptura de una forma sagrada o una perturbación del orden espiritual. Otras explicaciones populares relacionan la costumbre con la antigua asociación entre las escaleras, los lugares de ejecución y la muerte, aunque no existe una única genealogía demostrada para la creencia.

En cualquier caso, la superstición se mantiene por una combinación de tradición y prudencia práctica. Después de todo, evitar una escalera en uso es sensato, aunque no tenga nada que ver con la suerte.

10. Abrir un paraguas dentro de una casa

Abrir un paraguas bajo techo es considerado de mala suerte en distintas tradiciones occidentales. Su origen no está completamente establecido y existen varias explicaciones posibles.

Una teoría remite al antiguo Egipto, donde los paraguas o sombrillas protegían del sol y podían tener un significado religioso. Según esta interpretación, abrirlos en un espacio inadecuado podía considerarse una ofensa a las divinidades solares.

Otra explicación resulta más práctica y se vincula con la aparición de los paraguas modernos, cuyos mecanismos de apertura podían ser bruscos y peligrosos. Abrir uno dentro de una habitación estrecha podía golpear a otra persona, romper objetos o provocar accidentes.

Es posible que el riesgo real haya contribuido a reforzar la superstición, aunque no demuestra por sí solo que haya sido su origen.

Lo llamativo es que la costumbre puede persistir incluso en personas que aseguran no creer en ella: la asociación aprendida durante la infancia termina condicionando el comportamiento.

11. Arrojar sal por encima del hombro izquierdo

Derramar sal suele asociarse con la mala suerte en varias tradiciones europeas. Para contrarrestarla, la superstición indica tomar una pizca y arrojarla por encima del hombro izquierdo.

La sal fue durante siglos un producto valioso para conservar alimentos y desempeñó un papel importante en la vida cotidiana. Perderla podía representar un desperdicio significativo, lo que ayuda a entender por qué derramarla llegó a considerarse un mal presagio.

Una interpretación posterior relacionó la creencia con la Última Cena, en representaciones artísticas en las que aparece un recipiente de sal derramado cerca de Judas. La asociación con la traición contribuyó a darle un significado negativo al accidente.

La explicación del hombro izquierdo pertenece a otra capa de la tradición: algunas creencias cristianas populares situaban al demonio sobre ese lado del cuerpo. Arrojar sal allí se interpretaba como una forma de ahuyentarlo o neutralizar su influencia.

No se trata de una explicación histórica indiscutible, sino de una combinación de símbolos religiosos y folclore.

12. No hay que anunciar algo para no arruinarlo: el Jinx

En inglés estadounidense, jinx es una expresión utilizada cuando alguien cree que sus palabras han provocado mala suerte. Si una persona anuncia anticipadamente que su equipo ganará un partido y finalmente pierde, puede ser acusada de haberlo gafado.

El término tiene una historia propia. Una de las hipótesis sobre su difusión lo relaciona con la comedia musical de fines del siglo XIX y un personaje llamado Jinx Hoodoo, asociado con la mala fortuna.

En Estados Unidos, la palabra también forma parte de un juego infantil: cuando dos personas dicen lo mismo al mismo tiempo, una puede exclamar jinx. Según las reglas del juego, la otra debe permanecer en silencio hasta que alguien la libere pronunciando su nombre.

Detrás de esta costumbre aparece una tendencia humana conocida: atribuir significado causal a acontecimientos que coinciden en el tiempo. Decir algo antes de que ocurra un resultado no lo provoca, pero la coincidencia posterior puede alimentar la impresión de que las palabras influyeron en él.

13. Romper un espejo trae siete años de mala suerte

La última superstición de la lista es también una de las más conocidas: romper un espejo condenaría a quien lo hizo a siete años de desgracias.

En algunas culturas antiguas, los espejos no se consideraban simples objetos decorativos. Se les atribuía la capacidad de reflejar algo más que la apariencia física, como el alma o la esencia de una persona.

Desde esa perspectiva simbólica, romper un espejo podía interpretarse como un daño a la propia identidad espiritual. La duración de siete años se ha vinculado con antiguas concepciones sobre los ciclos de la vida y la renovación, aunque la explicación precisa de esa cifra no es completamente segura.

También hay un factor material: los espejos fueron objetos costosos durante largos períodos de la historia. Romper uno podía representar una pérdida económica importante, y esa consecuencia concreta pudo contribuir a reforzar la creencia en un castigo posterior.

Hoy, la superstición sobrevive en advertencias familiares, películas y conversaciones cotidianas. El espejo roto sigue provocando inquietud, aunque no existe evidencia de que pueda anticipar siete años de infortunio.

Por qué seguimos creyendo en estas historias

Las supersticiones sobreviven porque ofrecen explicaciones sencillas ante situaciones inciertas. Frente a acontecimientos que no podemos controlar, un pequeño ritual puede producir una sensación de seguridad: tocar madera, recoger una moneda o evitar un número determinado permite sentir que estamos haciendo algo para influir en el resultado.

También interviene la memoria selectiva. Si una persona toca madera y luego recibe una buena noticia, puede recordar el gesto como una protección eficaz. Si lo hace y algo sale mal, probablemente encuentre otra explicación para el desenlace.

Ese mecanismo ayuda a entender por qué estas creencias persisten incluso en sociedades avanzadas desde el punto de vista científico y tecnológico.

Las supersticiones no son todas iguales ni tienen un origen común. Algunas surgieron de advertencias prácticas; otras, de relatos religiosos, juegos infantiles o interpretaciones simbólicas de la naturaleza. Con los siglos, sus significados se transformaron y viajaron de una cultura a otra.

Tal vez la paradoja sea que muchas personas no necesitan creer realmente en la mala suerte para respetar sus rituales. Basta con la duda, la costumbre o la idea de que, si evitar un gesto no cuesta nada, tampoco vale la pena correr el riesgo.

Después de todo, como resume con humor una frase popular de la serie The Office, quizá no seamos supersticiosos: apenas un poco supersticiosos.

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