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Estados Unidos ante las urnas: una elección que puede cambiar el equilibrio del poder

Carlos Mira, The Post FMGN Press

Mañana, los estadounidenses vuelven a las urnas para renovar el Congreso y elegir gobernadores en 36 estados. Una elección que pondrá a prueba al gobierno de Donald Trump y puede modificar el equilibrio político de Washington. Pero también dejará señales sobre el rumbo cultural e institucional de la sociedad norteamericana.

Este martes Estados Unidos celebra sus elecciones de medio término (Midterm Elections), una instancia que, aunque no elige presidente, puede alterar sustancialmente las condiciones en las que Donald Trump deberá gobernar durante los dos años restantes de su mandato.

Se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 35 de las 100 bancas del Senado y 36 gobernaciones. La magnitud de la elección explica por qué su resultado excede largamente la disputa entre republicanos y demócratas.

Actualmente, los republicanos tienen 53 senadores frente a 47 integrantes del bloque demócrata e independientes aliados. En la Cámara de Representantes, la diferencia es todavía más estrecha: 218 republicanos, 214 demócratas, un independiente alineado con los republicanos y dos vacantes.

Las encuestas nacionales muestran una ventaja demócrata en la intención de voto para representantes, con una diferencia cercana a ocho puntos. La Cámara baja aparece así como el principal objetivo de la oposición. En el Senado, los demócratas necesitan una ganancia neta de cuatro bancas para alcanzar la mayoría propia.

Entre las contiendas más observadas están Michigan, Ohio, Iowa, Maine, Texas y Kansas. En Texas, James Talarico aparece competitivo frente al republicano Ken Paxton; en Maine, Troy Jackson enfrenta a Susan Collins; y en Ohio, Sherrod Brown disputa la banca frente a Jon Husted. El resultado de estas carreras determinará si Trump conserva un Congreso favorable o debe afrontar una segunda mitad de mandato con una oposición capaz de bloquear iniciativas, impulsar investigaciones y condicionar su agenda legislativa.

También se eligen gobernadores en 36 estados. Texas, Florida, Arizona, Michigan, Iowa, Georgia y Nevada concentran algunas de las contiendas más observadas. Los resultados pueden modificar el mapa político de cara a 2028. Los gobernadores tienen competencias decisivas en educación, seguridad, administración electoral, política fiscal y aplicación de las leyes estatales.

Hay, sin embargo, un fenómeno que merece una atención particular. La creciente presencia de candidatos de origen musulmán en estas elecciones, y especialmente la posibilidad de que Abdul El-Sayed llegue al Senado por Michigan, podría representar un verdadero turning pointen la evolución cultural e institucional de Estados Unidos.

Las encuestas más recientes ubican a El-Sayed por delante del republicano Mike Rogers. El sondeo de New York Times/Siena del 1 de noviembre le asigna 53% contra 42%. Si gana, podría convertirse en el primer senador musulmán de la historia estadounidense.

No se trata de cuestionar la libertad religiosa ni el derecho de cualquier ciudadano a participar en la vida política. Se trata de advertir que la consolidación de una corriente de representación política vinculada a una tradición religiosa y cultural diferente de la que dio forma a las instituciones estadounidenses puede abrir un proceso de transformación de sus principios fundacionales.

La Constitución norteamericana se apoya en la supremacía de la ley civil, la separación entre religión y Estado, las libertades individuales y la igualdad ante la ley. Si el crecimiento de esta representación política terminara traduciendo concepciones religiosas en demandas de transformación del orden jurídico y cultural, podríamos estar ante un punto de inflexión histórico para esos principios.

Mi preocupación es precisamente esa: que, en nombre del pluralismo y la diversidad, Estados Unidos termine relativizando los fundamentos de la cultura liberal que hizo posible su extraordinario desarrollo institucional. La cuestión no es quién profesa una religión, sino si los principios constitucionales que organizan la república seguirán siendo inalterables frente a cualquier corriente política o cultural.

Las elecciones dejan planteados tres escenarios principales. Si los republicanos conservan ambas cámaras, Trump mantendrá mayor margen para impulsar su programa. Si los demócratas recuperan la Cámara de Representantes, el presidente deberá convivir con una oposición parlamentaria capaz de bloquear proyectos y abrir investigaciones. Y si recuperan también el Senado, se producirá un cambio sustancial en el equilibrio institucional, con mayores dificultades para la administración republicana.

No hay que confundir las encuestas con resultados. La participación efectiva, los indecisos y las diferencias entre estados pueden alterar las previsiones.

Las elecciones del martes no serán solamente un plebiscito sobre la gestión presidencial. También constituirán una fotografía de las tensiones culturales, sociales e ideológicas que atraviesan a Estados Unidos.

Está en juego el control del Congreso, el futuro de numerosos gobiernos estatales y el rumbo que tomará el país hacia 2028. Pero hay algo todavía más importante: la continuidad de los principios constitucionales que hicieron de Estados Unidos una república singular. Preservar ese legado no es una cuestión partidaria. Es una cuestión de identidad nacional y de civilización política.

Por Carlos Mira
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