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Antes del islam: el mapa de un mundo que alguna vez fue cristiano

De Bagdad a Egipto, de Siria al norte de África: la historia religiosa de Medio Oriente y parte de Asia cuenta una transformación mucho más compleja de lo que suele recordarse

Luis Pedro López Bosch, The Post FMGN Press, Corresponsal en Europa

Hay mapas que cuentan guerras. Otros cuentan imperios. Y algunos, quizá más silenciosamente, cuentan cómo cambió la civilización.

Un video publicado en redes sociales plantea una pregunta que merece algo más que una respuesta rápida: ¿cómo eran religiosamente muchos de los territorios que hoy identificamos con el mundo islámico antes de la expansión del islam?

La respuesta conduce a una historia milenaria de cristianos, zoroastrianos, budistas, hinduistas, judíos y otras tradiciones religiosas.

No se trata de afirmar que esos territorios fueron alguna vez sociedades homogéneamente cristianas. La realidad histórica fue mucho más diversa. Pero sí existe un hecho difícil de discutir: el cristianismo estuvo profundamente arraigado en extensas regiones de Medio Oriente, el norte de África y Anatolia mucho antes de que el islam apareciera en el siglo VII.

Bagdad y las antiguas iglesias de Mesopotamia

Uno de los ejemplos más sorprendentes es Irak.

La tradición cristiana en Mesopotamia es antiquísima. La Iglesia de Oriente tuvo su sede patriarcal primero en Seleucia-Ctesifonte y, en el año 780, la trasladó a Bagdad. Desde allí, el cristianismo mesopotámico desarrolló durante siglos una extraordinaria actividad religiosa y misionera.

No fue una presencia marginal. La Iglesia de Oriente llegó a tener diócesis que se extendían desde Persia hasta India y China.

La historia posterior fue mucho más dura. Las comunidades cristianas iraquíes sufrieron persecuciones, guerras, desplazamientos y un fuerte retroceso demográfico. Pero siguen existiendo.

La imagen de un Irak exclusivamente musulmán, por lo tanto, oculta una parte fundamental de su historia.

Egipto: la tierra de los coptos

El caso egipcio es todavía más evidente.

El cristianismo llegó a Egipto en los primeros siglos de nuestra era y la tradición copta atribuye a San Marcos la evangelización de Alejandría.

Hoy los cristianos constituyen aproximadamente el 10% de la población egipcia según distintas estimaciones, y la gran mayoría pertenece a la Iglesia Ortodoxa Copta.

La cifra exacta es objeto de debate —no existe un censo religioso reciente que permita establecerla con absoluta precisión—, pero nadie discute la antigüedad de la presencia cristiana.

Egipto no fue simplemente un territorio al que el cristianismo llegó desde Europa. Fue uno de los grandes centros intelectuales y espirituales del cristianismo antiguo.

Siria: Damasco, Antioquía y los primeros cristianos

La afirmación sobre Siria también tiene un fundamento histórico extraordinario.

Damasco ocupa un lugar central en la tradición cristiana por la conversión de Saulo —San Pablo— en el camino hacia esa ciudad.

Pero la importancia de Siria va mucho más allá de ese episodio. Antioquía fue uno de los grandes centros del cristianismo primitivo y la región estuvo profundamente vinculada al desarrollo de las primeras comunidades cristianas.

Incluso hoy Siria conserva algunas de las comunidades cristianas más antiguas del mundo, aunque su número se redujo dramáticamente durante las últimas décadas.

Irán: del zoroastrismo al islam

También está el caso de Irán.

Aquí la historia no es principalmente cristiana sino zoroastriana. El zoroastrismo, asociado con Zarathustra, fue durante siglos una de las grandes tradiciones religiosas de Persia.

La conquista árabe y la posterior expansión del islam transformaron profundamente el paisaje religioso persa.

Actualmente, la inmensa mayoría de la población iraní es musulmana. Las comunidades zoroastrianas sobreviven como una pequeña minoría.

Anatolia: la tierra de los primeros cristianos

Quizás una de las transformaciones históricas más impresionantes sea la de Anatolia, la región que hoy constituye la mayor parte de Turquía.

Mucho antes de convertirse en el corazón del Imperio Otomano, Anatolia fue uno de los principales territorios del cristianismo antiguo y bizantino.

Éfeso, Nicea, Antioquía y Constantinopla forman parte de una geografía esencial de la historia cristiana.

La llegada y expansión de los turcos selyúcidas desde el siglo XI inició una transformación progresiva de Anatolia. La batalla de Manzikert, en 1071, abrió una nueva etapa en la penetración turca y musulmana en Asia Menor.

Por eso, decir simplemente que “Turquía era cristiana” resulta demasiado general. Pero decir que la Anatolia que conocemos hoy fue durante siglos uno de los grandes centros de la civilización cristiana es históricamente defendible.

El norte de África de San Agustín

Hay otra parte de la historia que suele sorprender todavía más.

Antes de convertirse en una de las regiones centrales del mundo islámico, el norte de África fue un territorio fundamental para el cristianismo latino.

Tertuliano, Cipriano y, sobre todo, San Agustín de Hipona surgieron de esa tradición norteafricana.

La actual Túnez fue el corazón de la antigua África romana. Allí se desarrolló una extraordinaria cultura cristiana que produjo algunos de los pensadores más importantes de la Antigüedad tardía.

Con las conquistas árabes y la posterior islamización, aquel paisaje religioso cambió radicalmente.

Afganistán y Pakistán: cuando el mapa tampoco era musulmán

El fenómeno tampoco se limitó al Mediterráneo.

En el territorio del actual Afganistán existieron importantes centros budistas. Bamiyán fue uno de ellos y llegó a convertirse en un extraordinario centro de difusión del budismo, famoso por sus gigantescas estatuas de Buda. La islamización de la región fue un proceso gradual y prolongado.

En el actual Pakistán, la antigua región de Gandhara fue otro gran centro del budismo. Taxila fue uno de los principales núcleos culturales de esa tradición antes de la posterior transformación religiosa de la región.

Indonesia: un caso diferente

Indonesia merece una precisión especial.

Hoy es el país con mayor cantidad de musulmanes del mundo.

Pero antes de la expansión del islam, distintas partes del archipiélago estuvieron profundamente influenciadas por el hinduismo y el budismo. Los primeros Estados de Java y Sumatra desarrollaron tradiciones políticas y culturales vinculadas a ambas religiones.

La islamización de Indonesia tampoco fue un acontecimiento instantáneo: fue un proceso histórico prolongado, vinculado, entre otras cosas, a las rutas comerciales del océano Índico.

Un pasado que no cabe en un mapa simple

La gran enseñanza de esta historia no es que un mundo religioso “reemplazó” a otro de manera instantánea.

La historia fue mucho más compleja.

Hubo conquistas, conversiones, migraciones, matrimonios, intercambios culturales, persecuciones, períodos de convivencia y también supervivencia de comunidades minoritarias durante siglos.

Lo que sí resulta evidente es que el mapa religioso actual de Medio Oriente, el norte de África y parte de Asia no es el mismo que existía hace mil, mil quinientos o dos mil años.

Y recordar ese pasado permite comprender mejor el presente.

Porque detrás de los mapas políticos actuales existen otras fronteras, mucho más antiguas: las de las religiones, las lenguas y las culturas que alguna vez dominaron esos mismos territorios.

La historia no desaparece cuando cambia un mapa. Simplemente queda debajo.

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