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El espectáculo de propaganda alrededor de la condenada

Carlos Mira, The Post FMGN Press, Editorial

Hay algo todavía más preocupante que la propia presentación de los abogados de Cristina Fernández de Kirchner ante un comité de la ONU: el espectáculo periodístico que el peronismo montó alrededor de esa presentación utilizando los medios militantes para convertir una cuestión esencialmente política y partidaria en una supuesta noticia de trascendencia nacional. Una vez más, los argentinos fueron transformados en espectadores involuntarios de una operación destinada a mantener a Cristina en el centro de la escena y, fundamentalmente, a preservar su poder dentro del peronismo.

Durante todo el día, los medios K fueron utilizados como una gigantesca caja de resonancia para promocionar la presentación de los abogados de Cristina ante ese comité internacional, instalando el episodio como si se tratara de un acontecimiento histórico y como si estuviera en juego el futuro de la democracia argentina. El mecanismo es tan conocido como eficaz: una noticia de escasa relevancia institucional se transforma, mediante la repetición permanente y la utilización de los recursos de comunicación del Estado, en un acontecimiento político de primera magnitud. El objetivo no es informar: es instalar un relato. Y el relato es que Cristina sigue siendo una protagonista indispensable de la vida política argentina, una dirigente a la que supuestamente hay que devolverle el lugar que la Justicia le quitó.

Pero detrás de semejante despliegue hay algo mucho más pequeño y mucho más concreto: la interna del peronismo. Porque nadie seriamente puede pensar que esta presentación ante la ONU vaya a transformar mágicamente a Cristina Fernández de Kirchner en candidata. Lo que sí puede hacer es mantenerla políticamente viva, conservar su liderazgo sobre una parte del peronismo y, sobre todo, impedir que otros dirigentes de ese espacio construyan una alternativa autónoma. Mientras Cristina ocupe permanentemente el centro de la escena, los demás deberán moverse alrededor de ella. Ese parece ser el verdadero objetivo de una operación que necesita convertir cada presentación, cada declaración y cada aparición pública en una nueva batalla por el poder.

Y para eso están los medios. Los medios periodísticos vuelven a ser utilizados como instrumentos de propaganda partidaria. En lugar de cumplir con una función informativa plural, se convierten en amplificadores de una determinada visión política. Los ciudadanos terminan recibiendo desde ellos una cobertura diseñada para beneficiar a una dirigente y a una estructura política determinada.

Lo más llamativo es que el espectáculo se monta sobre una sociedad que tiene problemas infinitamente más urgentes. Millones de argentinos están preocupados por su trabajo, sus ingresos, la seguridad, la educación, la inflación, el costo de vida y el futuro de sus familias. Sin embargo, desde los medios kirchneristas se pretende instalar como una cuestión central del país el intento de una dirigente condenada por la Justicia de recuperar su capacidad de ejercer cargos públicos. El problema de la delincuente se vuelve a presentar como si fuera el problema de todos.

Y allí aparece la responsabilidad de quienes se prestan al juego. Porque una cosa es defender políticamente a Kirchner, algo absolutamente legítimo dentro de una democracia, y otra muy distinta es fabricar alrededor de ella un espectáculo periodístico destinado a imponer una determinada interpretación de los hechos y a tomar, una vez más de rehén a toda la sociedad. La propaganda no se convierte en información porque aparezca en televisión, radio o portales estatales. Sigue siendo propaganda.

El peronismo vuelve así a hacer lo que mejor sabe hacer: convertir una disputa por el poder en una causa colectiva y utilizar a una parte de la sociedad como fuerza de apoyo para resolver una interna que, en realidad, le pertenece exclusivamente a su propia organización. La condenada necesita seguir siendo central para conservar su poder; el peronismo necesita que Kirchner siga siendo central para evitar que otros crezcan demasiado; y para conseguirlo, una vez más, se pone en movimiento toda una maquinaria política y mediática.

Lo verdaderamente triste es que haya argentinos dispuestos a dejarse arrastrar nuevamente a ese escenario. Porque mientras los dirigentes disputan posiciones, los ciudadanos terminan discutiendo, peleándose y tomando partido por intereses que muchas veces no son los propios. Se convierten, una vez más, en rehenes de una interna política.

La Argentina no necesita otro espectáculo alrededor de Cristina Fernández de Kirchner. Necesita que los medios dejen de ser utilizados como herramientas de propaganda y vuelvan a ser medios de información. Y necesita, sobre todo, una sociedad capaz de reconocer cuándo quienes dicen hablar en su nombre están, en realidad, hablando para conservar su propio poder.

Porque detrás de toda esta escenografía internacional, de los titulares grandilocuentes y de la propaganda mediática, hay una realidad mucho más sencilla: no están defendiendo el futuro de los argentinos. Están defendiendo el lugar de una delincuente que robó el dinero de todos para que ella pueda seguir jugando sus cartas dentro del peronismo.

Por Carlos Mira
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