
Carlos Mira, The Post FMGN Press (*)
España es uno de esos países que parecen haber sido diseñados para ser fotografiados.Castillos medievales, ciudades históricas, montañas, costas, bosques, pueblos, cielos estrellados y fiestas llenas de color ofrecen al viajero una enorme variedad de escenarios para convertir un viaje en un álbum de recuerdos.
No hace falta ser fotógrafo profesional. Una cámara, un teléfono móvil y algo de paciencia pueden ser suficientes para descubrir otra manera de recorrer el país: buscando la luz adecuada, el mejor ángulo y ese instante que transforma una imagen en un recuerdo permanente.
Bajo un cielo lleno de estrellas

Para quienes disfrutan de la fotografía nocturna, España ofrece algunos escenarios extraordinarios. Lejos de las grandes ciudades, la contaminación lumínica disminuye y el cielo adquiere un protagonismo especial.
Una de las combinaciones más atractivas es la de patrimonio histórico y astrofotografía: imaginar un castillo medieval recortado contra un cielo cubierto de estrellas. Algunas de las localizaciones más interesantes son los castillos de Belmonte, en Cuenca; Loarre, en Huesca; Peñafiel, en Valladolid, y la fortaleza califal de Gormaz, en Soria.
La Comunidad de Madrid también cuenta con propuestas para observar y fotografiar el firmamento. En el entorno del embalse de El Atazar existen varios miradores estelares preparados para contemplar el cielo nocturno. Otra alternativa es el Mirador de las Estrellas de Albarracín, en Teruel.
Para quienes quieran ir todavía más lejos, los observatorios del Teide, en Tenerife; Roque de los Muchachos, en La Palma, y Calar Alto, en Almería, ofrecen condiciones excepcionales para la observación astronómica. Los desiertos de Tabernas, en Almería, y Los Monegros, en Aragón, también permiten conseguir imágenes nocturnas de enorme impacto.
España cuenta además con numerosos destinos reconocidos por la calidad de sus cielos dentro del movimiento Starlight, que combina la observación de las estrellas con propuestas turísticas vinculadas a la astronomía.
Naturaleza: paisajes que piden una fotografía

La diversidad natural española permite pasar en pocas horas de una montaña nevada a un bosque, de un paisaje volcánico a un humedal o de un río entre cañones a una costa de acantilados.
Los Parques Nacionales y otros espacios naturales protegidos ofrecen innumerables posibilidades para la fotografía de paisaje y de fauna. Ordesa y Monte Perdido, Picos de Europa, Timanfaya, Las Médulas, las Bardenas Reales o los Arribes del Duero son apenas algunos ejemplos de escenarios capaces de llenar una tarjeta de memoria.
Para los aficionados a las aves, España es también un destino privilegiado. Humedales, lagunas, ríos y áreas protegidas permiten observar y fotografiar numerosas especies en su ambiente natural.
Y está, por supuesto, el mar. Desde el Mediterráneo hasta el Cantábrico y el Atlántico, las playas, calas, dunas y acantilados ofrecen infinitas posibilidades. Muchas veces, además, el mejor momento no es el mediodía sino las primeras horas de la mañana o las últimas de la tarde, cuando la luz transforma completamente el paisaje.
Las ciudades, vistas desde arriba

Otra forma de descubrir España es buscar sus mejores panorámicas.
Madrid es un excelente ejemplo. Sus azoteas y miradores permiten obtener diferentes perspectivas del skyline urbano. Entre los lugares más conocidos se encuentran las terrazas del Círculo de Bellas Artes y del Palacio de Cibeles, además del Faro de Moncloa, el Templo de Debod y distintos parques de la capital.
Pero las grandes panorámicas no son patrimonio exclusivo de Madrid.
Toledo puede contemplarse desde el Mirador del Valle; San Sebastián, desde Monte Igueldo; Soria, desde distintos puntos panorámicos próximos a la ermita de San Saturio, y Badajoz, desde su Alcazaba, con el Guadiana como protagonista.
En Cuenca, el Puente de San Pablo ofrece una perspectiva espectacular sobre el paisaje y el río Huécar, mientras que en Palencia el Cristo del Otero permite contemplar la ciudad y su entorno desde una posición privilegiada.
La recomendación para el viajero es sencilla: antes de visitar una ciudad, buscar sus miradores. Muchas veces la fotografía más memorable no se obtiene caminando por sus calles, sino alejándose unos metros y contemplándola en conjunto.
Cuando la luz hace la diferencia

Los fotógrafos conocen bien dos momentos especialmente atractivos del día: la hora dorada y la hora azul.
Son esos breves períodos que rodean al amanecer y al atardecer, cuando la luz adquiere tonalidades cálidas o azuladas y puede transformar por completo un paisaje.
España ofrece escenarios excepcionales para aprovecharlos.
En la costa, el atardecer puede convertirse en el gran protagonista en lugares como el Arrecife de las Sirenas, en Cabo de Gata; la Playa de las Catedrales, en Galicia; el Delta del Ebro, en Tarragona, o el Cabo Fisterra, en A Coruña.
En el interior también sobran alternativas. El Puente Nuevo de Ronda, en Málaga, ofrece una perspectiva espectacular al caer la tarde. En Cuenca, la Ciudad Encantada adquiere otra dimensión con las primeras luces del día, mientras que las aves que sobrevuelan los humedales de las Tablas de Daimiel pueden convertirse en protagonistas de magníficas fotografías.
Fiestas: España en movimiento y a todo color

Hay fotografías que no necesitan explicación. Una calle llena de gente, un traje tradicional, miles de flores, fuegos artificiales o una celebración popular pueden resumir en una imagen toda la identidad de un lugar.
España tiene un calendario especialmente generoso en este sentido.
Los Sanfermines, la Tomatina de Buñol, la Feria de Abril de Sevilla, las Fallas de Valencia y los carnavales de Tenerife, Gran Canaria y Cádiz son algunos de los acontecimientos más conocidos internacionalmente.
Pero para el fotógrafo viajero, muchas veces las fiestas menos famosas son las que ofrecen las imágenes más originales.
La Batalla de las Flores de Laredo, la celebración del Cerezo en Flor del Valle del Jerte, la Fiesta de los Patios de Córdoba, la Romería Vikinga de Catoira o la recreación de la Batalla de Atapuerca son ejemplos de celebraciones en las que tradición, identidad local y color se combinan en escenarios ideales para la fotografía.
Y también hay que fotografiar la mesa
Un recorrido fotográfico por España no estaría completo sin detenerse frente a una mesa.
Tapas, pinchos, mercados, paellas, quesos, pescados, carnes, postres y todo tipo de productos regionales forman parte de la experiencia del viaje. La gastronomía española no solo se disfruta con el paladar: también tiene una enorme capacidad visual.
Una buena fotografía gastronómica puede convertirse en otra manera de contar el viaje y recordar después dónde estuvimos, qué descubrimos y, sobre todo, qué sabores encontramos en el camino.
Una cámara como compañera de viaje
España puede recorrerse muchas veces y ofrecer cada vez una imagen diferente. La estación del año, la hora del día, el clima y hasta la posición desde la que se observa un monumento pueden transformar completamente una escena.
Por eso, más que buscar solamente los lugares más famosos, vale la pena viajar con los ojos abiertos y detenerse cuando aparece esa imagen que no estaba en el itinerario.
Porque algunas de las mejores fotografías de un viaje no son necesariamente las más perfectas. Son aquellas que, años después, consiguen devolvernos exactamente al lugar y al momento en que fueron tomadas.
Con fuente en el Portal de Turismo de España en América del Sur

