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Libertad para volar

Un especialista en derecho sostiene que la promesa de libertad de la Declaración de Independencia comienza con el derecho a tomar las propias decisiones, no con recibir beneficios del gobierno

Por Greg Burton — Arizona Republic / USA TODAY Network
Traducción al español para The Post, Carlos Mira

Cuando hablamos de libertad en 2026, la palabra puede significar desde los derechos reproductivos hasta la tenencia de armas o la condonación de préstamos estudiantiles. En el Goldwater Institute de Phoenix, sin embargo, tiene un significado muy específico: el derecho del individuo a tomar las decisiones fundamentales de su propia vida sin interferencia del Estado.

Timothy Sandefur, vicepresidente de Asuntos Legales del instituto y uno de los defensores contemporáneos más claros de esta concepción, analiza cómo esa idea de libertad se relaciona con la Declaración de Independencia y dónde cree que el país se ha alejado de lo que Jefferson y sus contemporáneos tenían en mente.

Sandefur sostiene que la libertad no consiste en el “acceso” a bienes o beneficios proporcionados por el gobierno, sino en la posibilidad de actuar, en lo que denomina la capacidad de tomar las “decisiones operativas” de nuestra propia vida sin tener que pedir permiso.

Según explica, esa distinción se ha desdibujado en la política moderna, donde con frecuencia se presentan como derechos las demandas de acceso a vivienda, atención médica o educación, colocándolas al mismo nivel que derechos como la libertad de expresión o la propiedad.

Sandefur atribuye ese cambio a los progresistas de comienzos del siglo XX, como Oliver Wendell Holmes, Felix Frankfurter y John Dewey, quienes rechazaron la teoría de los derechos naturales y concibieron el derecho como un conjunto flexible de construcciones sociales que podía modificarse para responder a las necesidades de la mayoría.

Frente a esa corriente, Sandefur insiste en que el lenguaje de los fundadores sobre los derechos naturales y las “leyes de la naturaleza y del Dios de la naturaleza” conserva fuerza jurídica.

Señala que la Declaración de Independencia está impresa en la primera página de los Statutes at Large de Estados Unidos y en el primer volumen del United States Code. También recuerda que fue adoptada formalmente por el Congreso Continental y que, desde la Guerra Civil, ha sido incorporada por referencia en las constituciones de todos los estados, incluida Arizona.

A su juicio, la lista de agravios contra Jorge III —la eliminación del derecho a un juicio por jurado, la imposición de monopolios y las restricciones a la iniciativa económica— continúa funcionando como una suerte de plano negativo de aquello que el gobierno estadounidense no debería hacer.

Para llevar la historia hacia adelante, Sandefur recurre al abolicionista Frederick Douglass, cuyo famoso discurso “¿Qué significa para el esclavo el Cuatro de Julio?” comenzó como una condena a una Constitución que consideraba favorable a la esclavitud, pero que posteriormente evolucionó hacia una defensa de la fundación estadounidense como un proyecto antiesclavista basado en los principios de la Declaración.

A partir de Douglass y Abraham Lincoln, Sandefur presenta a la Declaración como el “perno de unión” de la historia estadounidense y plantea un desafío para los próximos 250 años: que cada generación tenga la obligación de preservar y ampliar la tradición de libertad individual.

De pie frente al Capitolio de Arizona, junto a una réplica de la Campana de la Libertad ubicada entre las cámaras de Representantes y del Senado, propone una prueba sencilla para el próximo cuarto de milenio: ¿dejaremos una Estados Unidos al menos tan libre como lo encontramos y, si es posible, un poco más libre para quienes vengan después?

La entrevista fue editada por extensión y claridad.

“La libertad significa poder tomar las decisiones fundamentales de nuestra propia vida”

Pregunta: Nuestro invitado es Timothy Sandefur, vicepresidente de Asuntos Legales del Goldwater Institute. Es autor de nueve libros —¿o ya son diez?

Respuesta: El décimo está por salir. El más reciente publicado se titula You Don’t Own Me: Individualism and the Culture of Liberty (“No eres mi dueño: individualismo y la cultura de la libertad”).

Estamos en Arizona y quería hablar con usted en el Goldwater Institute porque la libertad realmente está en el corazón de los ideales que dieron origen al instituto. ¿Cómo interpreta el Goldwater Institute la libertad y en qué se diferencia de la forma en que normalmente hablamos de ella a partir de la Declaración de Independencia?

Respuesta: La libertad es el derecho del individuo a tomar las decisiones fundamentales de su vida sin interferencia de otras personas o del Estado. Por lo tanto, libertad significa tener la posibilidad de tomar las decisiones necesarias para desarrollar la propia vida, buscar la felicidad y estar libre de quienes podrían considerar que les interesa que uno haga otra cosa.

Pregunta: ¿Eso significa que la forma en que pensamos hoy la libertad es la misma que se pretendía cuando fue redactada la Declaración?

Respuesta: Mucha gente utiliza hoy el término libertad para referirse al “acceso”, es decir, a la capacidad de obtener las cosas que uno quiere, lo cual no es lo mismo que libertad.

Libertad significa que uno es libre de actuar y que nadie puede quitarle esa libertad. No significa que uno tenga derecho a determinadas cosas: que tenga derecho a una vivienda, a atención médica gratuita o a cualquier otra cosa.

Muchas de las ideas de la Declaración surgieron de la Ilustración: que “todos los hombres son creados iguales”, conceptos como la vida, la libertad y la propiedad, que Jefferson transformó en “la búsqueda de la felicidad”, en parte debido a las cuestiones políticas relacionadas con la propiedad y la esclavitud.

Los estudiosos de la política y del derecho todavía debaten esas ideas relacionadas con el derecho natural. ¿Cómo ven hoy los especialistas en derecho los derechos naturales y la ley natural?

Lamentablemente, las ideas de los derechos naturales y de la ley natural que los fundadores estadounidenses daban por sentadas son hoy ampliamente ridiculizadas y rechazadas por la mayoría de la profesión jurídica. Abogados, jueces y profesores de Derecho consideran que esas ideas son supersticiones anticuadas.

Yo, desde luego, no lo creo, y tampoco lo creemos muchos otros. Pero la mayoría de los intelectuales del Derecho considera actualmente que esas ideas son nociones superadas.

Pregunta: ¿Qué cambió?

Respuesta: A comienzos del siglo XX, durante la Era Progresista, pensadores progresistas como Oliver Wendell Holmes, Felix Frankfurter y John Dewey rechazaron las ideas de la ley natural.

Sostenían que la ciencia moderna había demostrado que realmente no existe algo como una ley natural, y que todo lo relacionado con la justicia, los derechos, la política y el Derecho son construcciones sociales. Probablemente haya escuchado esa expresión muchas veces.

Los progresistas consideran que todos los aspectos de la sociedad humana son esencialmente construcciones humanas que pueden modificarse y cambiarse para adaptarse a las necesidades de cada época.

Pero, lamentablemente, si sus derechos pueden modificarse para satisfacer las necesidades de la mayoría, entonces en realidad no son derechos.

Hay varios destacados intelectuales del Derecho —Antonin Scalia y Amy Coney Barrett, entre ellos— que sostienen que la Declaración no es derecho en absoluto, sino simplemente retórica política. Que, aunque pueda sonar bien y podamos estar de acuerdo con ella en abstracto, en realidad no tiene ninguna incidencia sobre la forma en que funcionan los gobiernos estatal o federal.

Eso es completamente equivocado. En realidad, la Declaración de Independencia es derecho. Forma parte de nuestra Constitución. Aparece en el volumen uno, página uno, de los Statutes at Large de Estados Unidos y en el primer volumen del United States Code.

Fue adoptada por el Congreso Continental, que era el órgano legislativo de aquella época. Tuvo consecuencias jurídicas: separó a Estados Unidos de Gran Bretaña.

De hecho, ha sido incorporada por referencia a todas las constituciones estatales desde la Guerra Civil. Ese requisito se mantiene hasta hoy, incluso en Arizona. Por referencia, la Constitución de Arizona necesariamente incorpora la Declaración de Independencia.

Los agravios contra el poder

Pregunta: En ese documento de enorme fuerza expresiva que Jefferson redactó también aparece una lista de agravios. Su nuevo libro, Proclaiming Liberty, analiza algunos de ellos. ¿Cómo se aplican esos agravios a nosotros hoy? ¿Está incorporado ese sentido en nuestro actual sistema jurídico y cuáles son esos agravios?

Respuesta: La Declaración enumera todas las ofensas que el Imperio británico había cometido contra las colonias y que justificaban la separación de Estados Unidos de Gran Bretaña.

Cuando uno lee esos agravios y comprende su contexto, queda absolutamente claro cuál era el propósito para el que se diseñó nuestro sistema de gobierno: proteger derechos como el derecho a un juicio por jurado.

Una de las cosas de las que se quejaban los colonos era que el Imperio británico había aprobado varias leyes que eliminaban el derecho a un juicio por jurado.

Esto ocurrió particularmente bajo las Leyes de Navegación, la Ley del Azúcar y, por supuesto, la Ley del Timbre, pero también bajo una ley poco conocida llamada White Pines Act, que hacía ilegal cortar un pino blanco sin permiso del gobierno.

Si alguien cortaba un pino blanco, podía ser llevado ante un juez y no ante un jurado, y la pena era la confiscación de sus bienes. Es decir, podía perder prácticamente todo su medio de vida por cortar un árbol.

Los pinos blancos son los árboles más comunes del noreste de Estados Unidos. Por lo tanto, un agricultor que intentara despejar un terreno para su granja podía terminar arruinado simplemente por cortar un árbol.

Pregunta: ¿Qué otros conceptos jurídicos que hoy damos por sentados defendieron los colonos durante la Revolución?

Respuesta: Muchos de los que consideramos derechos fundamentales de la ciudadanía estadounidense están incorporados en la Declaración y, por supuesto, expresamente en la Carta de Derechos federal. Pero muchos otros no están mencionados de manera explícita.

Usted mencionó, por ejemplo, la búsqueda de la felicidad. Thomas Jefferson escribió “vida, libertad y búsqueda de la felicidad” en lugar de “vida, libertad y propiedad”, que era la fórmula tradicional.

La razón era que Jefferson se refería a la libertad de oportunidades y, especialmente, a la libertad económica: el derecho a ganarse la vida sin una interferencia gubernamental irrazonable.

En aquella época, la interferencia adoptaba la forma de monopolios. El rey concedía con frecuencia un monopolio sobre determinado comercio a una persona o grupo, y era ilegal competir con ellos.

Por ejemplo, hubo un caso particularmente conocido de un monopolio para fabricar y vender naipes. Era ilegal para cualquier persona en Londres, salvo un individuo, fabricar y vender cartas.

¿Qué tan indignante era eso? Quitaba a la gente la posibilidad de ganarse la vida para sí misma y para su familia sin ninguna razón legítima de interés público. La razón por la que el rey hacía esto era que la gente le pagaba a cambio de uno de esos monopolios.

La esclavitud y la Declaración

Pregunta: Cuando la Declaración de Independencia…

Jefferson había ideado un plan inteligente: si podía incorporar en la Declaración una condena a la esclavitud, sería más fácil para las futuras generaciones de estadounidenses considerar la esclavitud como algo impuesto por los británicos y no como algo verdaderamente estadounidense.

También hizo esto en otras ocasiones. Le gustaba decir que la idea de una religión establecida, de una iglesia estatal, era algo británico: estábamos atrapados con ella porque venía de Gran Bretaña y podíamos eliminarla porque eso no era verdaderamente estadounidense.

Lo mismo ocurrió con los castigos crueles e inusuales. Jefferson detestaba los castigos crueles e inusuales e intentó reformar el código penal de Virginia para eliminarlos.

Parte de la retórica era: “Bueno, todo esto proviene del antiguo common law británico. En Estados Unidos no hacemos las cosas de esa manera”.

Quería hacer lo mismo con la esclavitud y decir que la esclavitud había sido básicamente impuesta por el Imperio británico y que ahora, como éramos un país libre, íbamos a eliminarla.

Eso era básicamente lo que quería hacer. Lamentablemente, fue demasiado inteligente para su propio bien. No se logró.

Lo realmente interesante de ese párrafo sobre la esclavitud es que es el párrafo más largo de su borrador de la Declaración y, por lejos, el más enfático.

En algunos lugares utiliza letras mayúsculas, subraya palabras y realmente vuelca toda su indignación contra la esclavitud.

Casi cien años después, Frederick Douglass —sobre quien usted escribió el libro Frederick Douglass: Self-Made Man— pronunció su famoso discurso “¿Qué significa el Cuatro de Julio para el esclavo?”

¿Qué quiso decir?

Es un discurso fascinante y realmente constituye un punto de inflexión en su vida. Cuando lo pronunció por primera vez, era una denuncia de la Constitución estadounidense como un documento favorable a la esclavitud.

Pero con el tiempo lo modificó.

En la versión definitiva del discurso sostiene que la Constitución de Estados Unidos es un documento contrario a la esclavitud porque fue escrita para dar vida a los principios de la Declaración de Independencia.

Dice que la Declaración de Independencia es el “perno de unión en la cadena” de las tradiciones y de la historia de la nación. Es el documento esencial de Estados Unidos, una idea que, por supuesto, compartían muchos abolicionistas.

Abraham Lincoln, por ejemplo, dijo que la relación entre la Declaración y la Constitución era —tomando una frase de la Biblia— como “manzanas de oro en marcos de plata”: el propósito de la Constitución era poner de relieve y llevar a su realización el principio de igualdad de libertad establecido en la Declaración.

Gobierno: ¿padre o hijo?

Pregunta: Entonces, cuando se habla de la Declaración de Independencia y de 250 años de historia, hay una…

Todas las palabras fueron objeto de profundos debates y algunas incluso fueron modificadas en el último momento. Sabemos que Jefferson escribió, por ejemplo, un pasaje completo sobre la prohibición del comercio de esclavos que finalmente fue eliminado.

Pregunta: Háblenos de eso.

Respuesta: Jefferson tenía ese ingenioso plan. Si podía incorporar una condena a la esclavitud en la Declaración de Independencia, sería más fácil para las futuras generaciones de estadounidenses considerar la esclavitud como algo británico que no representaba realmente a Estados Unidos.

También lo hizo en otras ocasiones. Le gustaba decir que la idea de una religión establecida, una iglesia estatal, era algo británico. Estábamos atrapados con ella porque venía de Gran Bretaña y podíamos eliminarla porque no era verdaderamente estadounidense.

Ocurrió algo similar con los castigos crueles e inusuales. Jefferson los detestaba y trató de reformar el código penal de Virginia para eliminarlos.

Quería hacer lo mismo con la esclavitud: decir que había sido impuesta por el Imperio británico y que, ahora que éramos un país libre, íbamos a deshacernos de ella.

Eso era básicamente lo que quería hacer. Lamentablemente, fue demasiado inteligente para su propio bien y no funcionó.

Lo verdaderamente interesante de ese párrafo sobre la esclavitud es que es el más largo de su borrador de la Declaración y, por lejos, el más enfático. Utiliza letras mayúsculas, subraya palabras y descarga allí toda su indignación contra la esclavitud.

De la Carta Magna a la Declaración

Pregunta: ¿Qué debería saber hoy la gente sobre aquella época? ¿Y dónde deberían ubicar esos documentos y esos momentos históricos en nuestra vida actual? ¿Cómo deberían guiarnos? ¿Qué deberíamos pensar? ¿Qué deberíamos enseñarles a nuestros hijos?

Respuesta: Deberíamos estar muy agradecidos de ser herederos de una gloriosa tradición de expansión de la libertad individual hacia horizontes que habían sido ignorados durante gran parte de la historia humana hasta 1776.

Ese proceso demandó una enorme cantidad de tiempo y trabajo. Usted mencionó a Frederick Douglass. Pasó toda su vida tratando de reivindicar no solamente los derechos de los negros, sino también los derechos de las mujeres.

Douglass fue un firme defensor de los derechos de las mujeres y literalmente murió cuando se dirigía a una convención por el sufragio femenino.

Hasta el día de su muerte fue un defensor de la libertad.

Ese tipo de dedicación no es necesaria para todos. De hecho, ocurre exactamente lo contrario. Una de las grandes cosas de la libertad es que uno no tiene que pasar toda su vida preocupado por la política.

Pero la libertad debería formar parte de la vida de todos.

Existe un viejo dicho —una famosa frase atribuida a un rabino— que dice: “No es tu obligación hacer todo, pero no eres libre de no hacer nada”.

Como estadounidenses, somos herederos de esta gran tradición de libertad individual. Nuestra obligación frente a ella es tratar de conservar esa libertad y ampliarla un poco más para las generaciones que vendrán.

Por Greg Burton, Arizona Republic / USA TODAY Network.
Traducción al español: Carlos Mira

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