
Dos semanas, diez destinos y una de las rutas escénicas más extraordinarias de Sudamérica. Un recorrido por Argentina y Chile que atraviesa bosques, lagos, glaciares, montañas y algunos de los paisajes más impactantes de la Patagonia.
Stella Maris Haus, The Post FMGN Press, Turismo
La Patagonia tiene una particularidad: cuanto más al sur se viaja, más parece cambiar el mundo. Los grandes lagos cordilleranos dan paso a bosques milenarios, los bosques a estepas infinitas y, finalmente, las montañas y los glaciares anuncian que el continente está llegando a su extremo.
Una buena manera de descubrir esa diversidad es hacerlo por carretera. Un road trip patagónico de aproximadamente dos semanas puede unir diez paradas fundamentales entre Argentina y Chile, desde San Martín de los Andes hasta Ushuaia.

El recorrido comienza en San Martín de los Andes, una de las grandes puertas de entrada a la Patagonia. A orillas del lago Lácar y rodeada de montañas, la ciudad combina naturaleza, gastronomía y el encanto de una localidad cordillerana.

Desde allí, la ruta conduce hacia Bariloche, uno de los destinos patagónicos más conocidos internacionalmente. El lago Nahuel Huapi, las montañas y los bosques conforman el escenario de una ciudad que permite combinar excursiones, navegación, trekking y gastronomía.
La tercera parada es El Bolsón, con un perfil diferente y más relajado. Sus ferias, artesanías, productos regionales y senderos entre bosques y montañas la convierten en una escala ideal antes de continuar hacia el sur.

El viaje sigue hacia Esquel y el Parque Nacional Los Alerces, uno de los grandes tesoros naturales de la Patagonia argentina. Lagos cristalinos, bosques de alerces y montañas convierten esta zona en una de las mejores opciones para quienes buscan naturaleza.
Después llega El Chaltén, conocido como la capital nacional del trekking. Allí aparecen algunos de los paisajes más emblemáticos de la cordillera patagónica, con el Fitz Roy como protagonista.

La siguiente escala es El Calafate, punto de acceso al Parque Nacional Los Glaciares y, especialmente, al glaciar Perito Moreno. Frente a sus enormes paredes de hielo, la dimensión de la naturaleza patagónica adquiere otra escala.
A partir de allí, el recorrido cruza hacia Chile para llegar a Puerto Natales, una pequeña ciudad ubicada frente al fiordo Última Esperanza y considerada una de las principales puertas de entrada a la Patagonia chilena.
Muy cerca aparece uno de los grandes momentos del viaje: Torres del Paine. El parque nacional chileno concentra algunos de los paisajes más reconocibles de la Patagonia: las enormes torres de granito, lagos, glaciares, valles y montañas.
El camino continúa hacia Punta Arenas, la ciudad más importante del extremo austral chileno. Su historia está estrechamente vinculada con el estrecho de Magallanes y con las rutas que conducen hacia Tierra del Fuego.
Y finalmente llega Ushuaia, el destino que convierte al recorrido en algo más que un simple viaje por carretera. Conocida como la ciudad del fin del mundo, se encuentra a orillas del canal Beagle y rodeada por las montañas de Tierra del Fuego.

Una ruta, dos países y un continente entero
El atractivo de este recorrido no está solamente en las ciudades que conecta, sino en la transformación permanente del paisaje. En diez paradas se pasa de los grandes lagos de la Patagonia norte a los glaciares del sur, de los bosques cordilleranos a la estepa y de las montañas al océano austral.
Además, el itinerario permite experimentar las dos grandes caras de la Patagonia: la argentina y la chilena. Las fronteras forman parte de la propia aventura y requieren planificación, especialmente si se realiza el recorrido con vehículo, pero también agregan una dimensión especial al viaje.
San Martín de los Andes → Bariloche → El Bolsón → Esquel/Los Alerces → El Chaltén → El Calafate → Puerto Natales → Torres del Paine → Punta Arenas → Ushuaia.
Diez paradas. Dos países. Miles de kilómetros de ruta.
Y una conclusión inevitable: en la Patagonia, muchas veces el viaje no consiste simplemente en llegar a un destino. El verdadero destino es la ruta.
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