
Carlos Mira, The Post FMGN Press
Disney parece estar entrando en una nueva era. Con la llegada de su nuevo CEO, Josh D’Amaro, la compañía estaría dejando atrás algunas de las decisiones culturales que marcaron los últimos años y recuperando una filosofía mucho más cercana a la tradición que convirtió a Disney en una de las marcas más reconocidas del mundo.
Una de las señales más llamativas es el regreso de una expresión que durante años fue prácticamente inseparable de la experiencia Disney: “Ladies and gentlemen”.
El cambio puede parecer menor. No lo es.
Durante la etapa anterior, Disney había avanzado hacia la utilización de un lenguaje considerado más inclusivo y neutral desde el punto de vista de género. Expresiones tradicionales como “ladies and gentlemen” o “boys and girls” fueron progresivamente reemplazadas en distintas comunicaciones por fórmulas más neutras.
Ahora, con D’Amaro al frente, el viejo lenguaje vuelve a aparecer.
Y para muchos observadores, el mensaje es evidente: Disney estaría recuperando una parte de su identidad tradicional después de años en los que la compañía quedó fuertemente involucrada en las discusiones culturales que atraviesan Estados Unidos.
Pero hay otro dato que hizo todavía más ruido.
La nueva administración anunció una importante reestructuración que implica la eliminación de aproximadamente 1.000 puestos de trabajo.
La explicación oficial está vinculada con una reorganización de la compañía y con la necesidad de hacerla más eficiente. Pero, en el clima político y cultural actual de Estados Unidos, la decisión fue rápidamente interpretada como parte de una limpieza mucho más profunda de la cultura corporativa.
La idea que comenzó a circular es que D’Amaro pretende “restaurar el sentido común”dentro de Disney.
Y esa interpretación es precisamente la que convirtió estas medidas en un fenómeno viral.
El regreso de la Disney tradicional
Durante décadas, Disney construyó su identidad sobre conceptos relativamente simples: familias, entretenimiento, imaginación, aventura y una experiencia compartida por personas de distintas generaciones.
En los últimos años, sin embargo, la empresa comenzó a ocupar un lugar mucho más visible en las llamadas culture wars estadounidenses.
Las discusiones sobre diversidad, identidad de género, representación y lenguaje inclusivo terminaron involucrando a la compañía incluso en conflictos políticos de alto nivel, particularmente en Florida.
Ahora, el cambio de conducción abre una pregunta inevitable:
¿Está Disney intentando volver a ser simplemente Disney?
La recuperación de expresiones tradicionales, la reorganización de estructuras internas y la búsqueda de una compañía más eficiente pueden ser interpretadas como señales de un cambio de filosofía.
No necesariamente significa que Disney vaya a abandonar sus políticas de inclusión.
Significa algo quizás más importante desde el punto de vista empresarial: que la nueva conducción parece menos interesada en convertir a Disney en un actor de las batallas culturales y más interesada en convertirla nuevamente en una máquina de entretenimiento.
En una compañía que vive de vender fantasía, esa diferencia puede ser enorme.
Porque quizás el cambio no esté solamente en las palabras que se escuchan por los parlantes de un parque.
Quizás esté en la pregunta que ahora parece hacerse la propia empresa:
¿Qué quiere ser Disney en los próximos años?
Y para una marca cuya principal fortaleza siempre fue hacer soñar a sus clientes, la respuesta podría ser bastante sencilla: menos guerra cultural, más magia.

