
Alicia Kronshell, The Post FMGN Press, Turismo
El incendio que afectó al resort Viva Wyndham Dominicus Beach, en Bayahíbe, volvió a colocar a República Dominicana bajo la atención internacional. Aunque las autoridades destacaron la rápida evacuación de aproximadamente 1.690 personas entre huéspedes y empleados, el episodio reabre interrogantes sobre la capacidad de la isla para garantizar estándares consistentes de seguridad, infraestructura y servicios en uno de los destinos turísticos más importantes del Caribe.
La respuesta oficial puso el foco en la eficacia de los protocolos de emergencia y en la coordinación entre organismos públicos y privados. Sin embargo, la magnitud del incidente y los daños sufridos por el complejo hotelero volvieron a exponer una realidad que suele quedar fuera de las campañas promocionales del destino.
República Dominicana recibe millones de visitantes cada año y ha construido una de las industrias turísticas más exitosas de América Latina. Sus playas, resorts todo incluido y una agresiva estrategia de marketing internacional la han convertido en uno de los destinos preferidos del continente. Sin embargo, junto con ese crecimiento también han aparecido cuestionamientos relacionados con infraestructura, saneamiento, protección ambiental y calidad de los servicios.
Durante los últimos años se han conocido diversos reportes sobre contaminación de aguas costeras, problemas de tratamiento de efluentes, episodios vinculados a la calidad del agua y denuncias de turistas afectados por enfermedades gastrointestinales luego de sus estadías en distintas zonas del país. Si bien estos casos no representan necesariamente la totalidad de la experiencia turística dominicana, sí han generado preocupación entre especialistas y viajeros.
El crecimiento acelerado de algunos polos turísticos también ha planteado desafíos en materia de infraestructura. Diversos informes han señalado que el desarrollo hotelero avanzó en determinadas áreas a un ritmo superior al de las inversiones necesarias en saneamiento, gestión ambiental y servicios públicos.
El incendio de Bayahíbe incorpora ahora una nueva dimensión al debate. Más allá de la respuesta de emergencia, el episodio plantea preguntas sobre las condiciones constructivas de algunos complejos turísticos, la prevención de riesgos y la capacidad de las instalaciones para enfrentar situaciones críticas sin poner en peligro a miles de personas.
Las autoridades dominicanas insisten en que todos los demás destinos turísticos continúan operando con normalidad y que el país mantiene sus estándares habituales de seguridad. Sin embargo, para muchos observadores, la discusión ya no pasa solamente por la reacción ante una emergencia sino por la capacidad de prevenirla.
La imagen internacional de República Dominicana continúa siendo la de un paraíso caribeño de playas cristalinas y servicios de primer nivel. No obstante, incidentes como el ocurrido en Bayahíbe recuerdan que detrás de esa imagen persisten desafíos vinculados a la infraestructura, el saneamiento, la seguridad y la sustentabilidad del modelo turístico.
Para un país cuya economía depende fuertemente de la confianza de los viajeros internacionales, la verdadera cuestión no es únicamente cómo se responde cuando ocurre una crisis, sino qué tan preparado está el sistema para evitar que esas crisis ocurran.
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