
Carlos Mira, The Post FMGN Press
El Travel & Tourism Development Index 2026 ubica a Japón en el primer puesto, seguido por Estados Unidos y España. El informe destaca la importancia de la infraestructura, la conectividad aérea, los recursos culturales y la sostenibilidad, pero advierte que atraer más visitantes ya no es suficiente.
El turismo internacional atraviesa una etapa de expansión, pero el desafío para los destinos ya no consiste únicamente en atraer viajeros. La capacidad de recibirlos, ofrecer servicios de calidad, preservar los recursos y distribuir los beneficios económicos se ha convertido en un factor decisivo para competir en el mercado global.
Esa es una de las principales conclusiones del Travel & Tourism Development Index (TTDI) 2026, elaborado por el Foro Económico Mundial en colaboración con Zurich Insurance Group. La décima edición del índice ubica a Japón en el primer puesto mundial, desplazando a Estados Unidos, que ahora ocupa el segundo lugar. España completa el podio.
Los diez destinos mejor posicionados

La clasificación de 2026 está encabezada por Japón, Estados Unidos y España. Australia ocupa el cuarto lugar, seguida por Francia, Alemania, Reino Unido, China, Suiza e Italia.
El listado mantiene a las principales economías avanzadas en posiciones de liderazgo: nueve de los diez primeros puestos corresponden a ese grupo, mientras que China es la única excepción. Europa conserva una presencia destacada, con seis países entre los diez mejores.
El cambio más significativo es el ascenso de Japón, que avanzó dos posiciones respecto de la edición de 2024. Australia también subió dos lugares, hasta alcanzar el cuarto puesto.

El resultado refleja una combinación de recursos turísticos, infraestructura, servicios y capacidad para conectar los destinos con los mercados internacionales. No se trata simplemente de medir cuántos turistas llegan a un país, sino de evaluar las condiciones que permiten desarrollar una actividad turística competitiva y sostenible.
Un sector que superó la etapa de recuperación
El informe sitúa al turismo internacional en niveles históricos. Durante 2025 se registraron alrededor de 1.500 millones de llegadas internacionales, una cifra récord que confirma la fortaleza de la demanda mundial.
Además, 101 de las 110 economías evaluadas mejoraron su puntuación en el índice entre 2024 y 2026. El promedio avanzó un 2,1%, el ritmo de mejora más rápido desde 2019.
Los progresos más destacados se observaron en los recursos culturales, la infraestructura y los servicios turísticos, así como en la conectividad aérea. Estos factores contribuyen a facilitar el acceso, mejorar la experiencia de los visitantes y ampliar las oportunidades de desarrollo.
Sin embargo, el crecimiento no elimina los problemas estructurales. El encarecimiento de los viajes, las dificultades para financiar nuevas inversiones, la escasez de trabajadores y las presiones sobre las comunidades locales siguen condicionando el futuro de numerosos destinos.
Japón y la capacidad de diversificar la oferta
El liderazgo japonés responde a una combinación de fortalezas. El país cuenta con una extensa red de transporte, servicios turísticos desarrollados, una identidad cultural reconocida internacionalmente y una oferta que permite distribuir las visitas entre distintas regiones.
Japón recibió un récord de 42,7 millones de visitantes internacionales en 2025, según los datos citados por el Foro Económico Mundial. Su estrategia de diversificación busca ampliar los mercados de origen y promover destinos más allá de los grandes centros urbanos y turísticos tradicionales.
La experiencia japonesa ilustra una cuestión importante: una estrategia turística sólida no depende exclusivamente de promocionar los lugares más conocidos, sino también de ampliar las alternativas disponibles y mejorar la gestión de los flujos de visitantes.
La diversificación puede contribuir a reducir la concentración del turismo, generar actividad económica en otras regiones y aprovechar mejor los recursos culturales y naturales.
La cultura gana protagonismo
Los recursos culturales registraron uno de los avances más importantes del índice entre 2024 y 2026. Según el informe, su puntuación aumentó un 9,6%, y más del 95% de las economías evaluadas mejoraron en este componente.
El patrimonio histórico, los museos, las tradiciones, las festividades, las artes y la gastronomía constituyen activos que pueden diferenciar a un destino en un mercado cada vez más competitivo.
También mejoraron los indicadores vinculados con los recursos naturales, con un incremento del 4,1%. Este avance acompaña el interés por experiencias relacionadas con los paisajes, las áreas protegidas y las actividades al aire libre.
Para los destinos emergentes, estos recursos representan una oportunidad. Sin embargo, su existencia no garantiza por sí sola el éxito: necesitan conectividad, infraestructura, servicios, promoción y una gestión capaz de convertirlos en experiencias accesibles y atractivas.
Los destinos emergentes también avanzan

Aunque las economías desarrolladas dominan los primeros puestos, el informe identifica avances importantes en mercados emergentes.
Asia-Pacífico fue la región que más mejoró entre 2024 y 2026, con un crecimiento promedio del 3,6% en la puntuación del índice. Siete de las diez economías que más progresaron pertenecen a países en desarrollo de esa región.
Albania se destacó como la economía que más mejoró en el período, con un avance del 7%. Los progresos en servicios turísticos, infraestructura, transporte aéreo y conexiones terrestres y portuarias contribuyeron a ese resultado.
El informe también señala que las principales economías turísticas emergentes mejoraron sus puntuaciones más del doble de rápido que los veinte países mejor posicionados desde 2019. Entre sus ventajas figuran precios competitivos, recursos naturales y oportunidades para desarrollar modalidades de turismo más sostenibles.
Estos resultados muestran que la competencia internacional no está congelada. Los países que invierten, mejoran su conectividad y desarrollan sus atractivos pueden ganar terreno, incluso frente a destinos con una trayectoria turística más consolidada.
El nuevo desafío: crecer sin perder competitividad
Uno de los mensajes centrales del TTDI 2026 es que el crecimiento de la demanda no se traduce automáticamente en beneficios económicos y sociales más amplios.
En numerosas economías, los precios vinculados con los viajes y el turismo aumentaron más rápido que la inflación. Esto contribuyó a una pérdida de competitividad de precios en tres cuartas partes de los destinos evaluados entre 2024 y 2026.
Al mismo tiempo, la inversión turística no ha acompañado plenamente el crecimiento de la actividad desde 2022. Las dificultades para cubrir puestos de trabajo y las brechas de capacitación también pueden afectar la calidad de los servicios y la incorporación de nuevas tecnologías.
A estos problemas se suma la presión generada por la concentración de visitantes en determinados lugares, además de los riesgos climáticos y geopolíticos que pueden alterar las conexiones aéreas y la operación de los destinos.
En este escenario, la resiliencia adquiere un valor estratégico. La capacidad de adaptarse a las crisis, mantener los servicios esenciales y proteger los activos naturales y culturales puede marcar diferencias importantes entre destinos.
Más allá de los rankings
El Travel & Tourism Development Index no mide directamente el número de turistas, los ingresos turísticos ni el gasto de los visitantes. Evalúa las condiciones que permiten atraer, sostener y desarrollar la actividad turística de manera competitiva, sostenible y resiliente.
Por eso, el ranking debe interpretarse como una herramienta para identificar fortalezas, debilidades y oportunidades de mejora, y no como una clasificación absoluta de los lugares más visitados o preferidos por los viajeros.
La principal conclusión es que el turismo mundial entra en una nueva fase. Después de recuperar y superar los niveles de actividad anteriores a la pandemia, el reto consiste en transformar la demanda en inversiones, empleos, mejores servicios y beneficios duraderos para las economías y las comunidades receptoras.
En un mercado donde los viajeros disponen de más opciones y los costos siguen bajo presión, los destinos que combinen atractivos, infraestructura, conectividad, calidad y buena gestión estarán mejor preparados para competir.

