Aruba

El hotel de la etiqueta del agua

Carlos Mira, The Post, Turismo y Lifestyle

En la geografía argentina abundan postales capaces de seducir a viajeros de todo el mundo. Montañas, reservas naturales y construcciones históricas se combinan en escenarios donde la naturaleza y la memoria dialogan. En Mendoza, ese cruce tiene un nombre propio: el Hotel Villavicencio, una joya arquitectónica enclavada en plena Cordillera de los Andes que, paradójicamente, no admite huéspedes desde hace décadas.

A unos 50 kilómetros de la ciudad de Mendoza, dentro de una reserva natural protegida donde habitan pumas, guanacos y otras especies autóctonas, el antiguo hotel se alza como uno de los grandes símbolos del paisaje andino. El entorno es imponente y el edificio conserva intacta su impronta señorial, lo que lo convirtió en una parada obligada para quienes recorren la zona, aunque solo sea para admirarlo desde el exterior.

El vínculo del lugar con la famosa agua mineral Villavicencio terminó de proyectarlo al mundo. Extraída de los recursos hídricos de la región, el agua se comercializa en Argentina y en distintos países, y su etiqueta reproduce la imagen del hotel recostado sobre la montaña, reforzando su condición de ícono mendocino y argentino.

Hoy, los visitantes que ingresan a la reserva pueden disfrutar de una confitería abierta al público y caminar por los alrededores del edificio, pero no cruzar sus puertas. El hotel permanece cerrado desde 1979, cuando cesó definitivamente su actividad, poco tiempo después del Mundial de Fútbol Argentina 1978. Desde entonces, el Villavicencio quedó suspendido en el tiempo: un emblema internacional, cargado de historia y rodeado de naturaleza salvaje, que sigue despertando curiosidad y admiración sin volver a alojar viajeros.

Por Carlos Mira
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