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Delta One Check-In amplía su presencia en los principales hubs

Carlos Mira, The Post FMGN

Apenas se cruza la puerta del aeropuerto, algo cambia. El ruido se atenúa, el ritmo baja un punto y la sensación es más cercana a la de llegar a un hotel boutique que a la de iniciar un viaje aéreo. Esa es, justamente, la intención detrás de Delta One Check-In, la propuesta con la que Delta está redefiniendo el comienzo del viaje premium en Estados Unidos.

La aerolínea acaba de completar la expansión de estos espacios exclusivos en todos sus hubs donde opera Delta One, y la experiencia está pensada como un preludio natural de lo que ocurre luego a bordo. No se trata solo de un mostrador diferenciado: es un entorno diseñado para que el pasajero se sienta acompañado, contenido y, sobre todo, libre de fricciones desde el primer minuto.

“Delta One Check-In marca el inicio de la experiencia premium desde el momento en que el cliente llega al aeropuerto”, explica Greg Forbes, director general de Experiencia Aeroportuaria de la compañía. Y esa idea se percibe de inmediato. El diseño es sobrio y elegante, el clima es calmo, el personal acompaña cada paso con una atención casi personalizada. Todo fluye.

El concepto ya está disponible en los principales hubs de Delta: Atlanta, Boston, Detroit, Los Ángeles, Minneapolis–St. Paul, Nueva York–JFK, Salt Lake City y Seattle. En aeropuertos como JFK y LAX, la experiencia se eleva aún más con controles de seguridad privados que conducen directamente a los Delta One Lounge, reforzando esa sensación de recorrido sin interrupciones. Boston y Seattle ya cuentan también con sus propias salas exclusivas, y la compañía prevé extender este modelo al resto de los hubs en los próximos años.

Aunque cada espacio se adapta a la arquitectura del aeropuerto donde se encuentra, todos comparten un mismo espíritu: atención personalizada por embajadores de servicio premium, procesos de check-in y despacho de equipaje ágiles, áreas de descanso cómodas y silenciosas, y una selección de bebidas y snacks pensada para acompañar la espera sin apuros. No hay filas innecesarias ni sensación de trámite: todo está diseñado para que el viaje empiece con la menor fricción posible.

Esta apuesta forma parte de una estrategia más amplia de Delta por redefinir la experiencia de viaje de punta a punta. Desde las soluciones digitales que simplifican cada etapa hasta la presencia constante del equipo humano, el foco está puesto en algo tan simple como valioso: devolverle tiempo y tranquilidad al pasajero. En un contexto donde volar suele ser sinónimo de estrés, la propuesta resulta casi disruptiva.

Para quienes quieran encontrar estos espacios, el acceso está claramente señalizado en cada aeropuerto: en Atlanta, dentro de la Terminal Internacional; en Boston, en el nivel de salidas de la Terminal E; en Detroit, en la Terminal McNamara; en JFK, a pasos del ingreso principal de la Terminal 4; en Los Ángeles, en la Terminal 3; en Minneapolis, frente a la entrada principal; en Seattle, en la planta baja del terminal principal; y en Salt Lake City, junto al control de seguridad del nivel de llegadas.

Delta parece haber entendido que el lujo contemporáneo no pasa solo por el asiento o el servicio a bordo, sino por la experiencia completa. Y en ese recorrido, el viaje empieza mucho antes del despegue.

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