Aruba

Australia, el país donde el mundo parece empezar de nuevo

Carlos Mira, The Post-FMGN

Melbourne, Australia, Ene 18, 2026.- Llegar an Australia es tener la sensación de haber viajado más allá del mapa. No solo por la distancia, sino porque se trata del único país que ocupa un continente entero, una rareza geográfica que se traduce en paisajes inmensos, silencios profundos y una naturaleza que no se parece a ninguna otra. Aquí, el tiempo parece moverse a otro ritmo, marcado por la inmensidad del territorio y por una historia natural que se remonta a millones de años.

El aislamiento fue, paradójicamente, su mayor creador. Gracias a él, Australia desarrolló una fauna única: más del ochenta por ciento de sus especies no existen en ningún otro lugar del planeta. Canguros que cruzan rutas desiertas, koalas aferrados a los eucaliptos y criaturas imposibles como el ornitorrinco forman parte de la vida cotidiana. A esa singularidad se suma uno de los mayores tesoros naturales del mundo: la Gran Barrera de Coral, visible incluso desde el espacio, un ecosistema que convierte al país en una referencia mundial en biodiversidad.

Con una superficie cercana a los 7,7 millones de kilómetros cuadrados y una población de apenas 26 millones de habitantes, Australia es también un territorio de contrastes. Gran parte del país está ocupada por el Outback, una extensión árida y casi deshabitada donde el horizonte parece no terminar nunca. Allí, el silencio pesa tanto como el calor, y la tierra rojiza recuerda que se está caminando sobre uno de los suelos más antiguos del planeta.

Sin embargo, esa inmensidad convive con ciudades modernas, ordenadas y vibrantes. Sídney, con su icónica Ópera frente al mar, es la puerta de entrada más conocida y el reflejo de una economía dinámica y multicultural. Melbourne, más europea en espíritu, respira arte, deporte y gastronomía, y suele figurar entre las ciudades con mejor calidad de vida del mundo. Canberra, la capital, aparece como una ciudad pensada para gobernar, rodeada de naturaleza y lejos del vértigo urbano.

Cada región del país parece contar una historia distinta. En el oeste, los paisajes se vuelven salvajes y casi indómitos, con desiertos interminables y una costa que mira al océano Índico. En el norte, el Territorio del Norte exhibe su identidad más ancestral: allí se alza Uluru, la roca sagrada para los pueblos originarios, símbolo de una cultura milenaria que aún late con fuerza. Más al sur, Australia Meridional sorprende con viñedos, festivales y un ritmo de vida apacible, mientras que Queensland ofrece playas tropicales, sol casi permanente y algunos de los paisajes marinos más espectaculares del planeta.

Tasmania, separada del continente por el estrecho de Bass, parece otro mundo. Montañas, bosques vírgenes, aire puro y una sensación de aislamiento que enamora a quienes buscan naturaleza en estado puro. Es uno de los rincones menos intervenidos del país, donde el silencio todavía tiene protagonismo.

A todo esto se suma una estabilidad económica notable, una sociedad multicultural y una de las esperanzas de vida más altas del mundo. Australia combina bienestar, desarrollo y respeto por el entorno como pocos países logran hacerlo.

Y esta semana, además, el país vuelve a convertirse en el centro de atención del mundo deportivo. En Melbourne se disputa una nueva edición del Australian Open, el primer Grand Slam de la temporada, que cada enero inaugura el calendario grande del tenis internacional. Bajo el intenso sol del verano australiano, las mejores raquetas del planeta se enfrentan en canchas duras que exigen resistencia física y mental, en un torneo que combina alto nivel deportivo con el espíritu relajado y festivo de la ciudad.

El Australian Open no es solo un evento deportivo: es una postal más de la identidad australiana. Multicultural, abierta, vibrante y profundamente conectada con su entorno. Mientras las pelotas vuelan sobre el cemento azul y miles de fanáticos colman Melbourne Park, el país vuelve a mostrarse al mundo como lo que es: un territorio inmenso, diverso y fascinante, donde la naturaleza, la cultura y el deporte conviven en perfecto equilibrio. 

Viajar por Australia no es simplemente cambiar de destino: es atravesar climas, paisajes y culturas en un mismo país. Es entender cómo la naturaleza y la modernidad pueden convivir sin anularse. Y es, sobre todo, descubrir que en este extremo del planeta todavía existen lugares donde el mundo parece empezar de nuevo. 

Si querés apoyar a The Post Argentina, podés hacerlo desde aquí.

>Aruba

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *