
Luis Pedro Lopez Bosch, The Post, Corresponsal en Europa
DAVOS, Suiza, Ene 21, 2026.- Javier Milei volvió a hacer de Davos su escenario ideológico. Esta vez lo hizo con un discurso enfocado casi exclusivamente en una idea: el mundo —según él— empieza a girar otra vez hacia el liberalismo económico, y la Argentina pretende subirse a esa ola antes que nadie.
Su presentación, que arrancó con casi una hora y media de demora y ante un auditorio con varias butacas vacías, llegó después del paso arrollador de Donald Trump por el foro. El contraste fue inevitable. Mientras el expresidente norteamericano acaparó la atención global, Milei eligió un tono más doctrinario, menos estridente, pero igual de contundente.
“Maquiavelo ha muerto”, lanzó al comenzar, como declaración de principios. A partir de ahí desplegó un discurso centrado en la defensa del capitalismo, la crítica al Estado y una reivindicación abierta de los valores occidentales clásicos.
A diferencia del tono apocalíptico que había usado en Davos el año pasado, esta vez Milei se mostró optimista. “Traigo buenas noticias”, dijo. “El mundo está despertando. América vuelve a abrazar la libertad”. Para el Presidente, ese giro marca el inicio de una nueva etapa histórica, anclada en lo que definió como “las raíces de Occidente”.
Capitalismo, tradición y batalla cultural
El eje central de su exposición fue la defensa del libre mercado. Milei apeló a la filosofía griega, al derecho romano y a los valores judeocristianos como pilares de una civilización que, según su mirada, debe ser rescatada del intervencionismo estatal.
“El capitalismo de libre empresa es el único sistema justo”, afirmó, y sostuvo que se apoya en dos derechos básicos: la vida y la libertad, junto con la propiedad privada obtenida por mérito.
En ese marco, volvió a cargar con dureza contra el socialismo, al que acusó de destruir economías y degradar sociedades. Venezuela fue el ejemplo elegido. “Las políticas socialistas engañan incluso a personas bien intencionadas. El resultado está a la vista”, dijo, en una de las frases más aplaudidas por el pequeño auditorio.
La experiencia argentina como vitrina
Milei aprovechó el escenario para mostrar a su gobierno como un caso de estudio. Reivindicó el rumbo económico y destacó especialmente el rol de dos de sus funcionarios clave.
Elogió a Federico Sturzenegger por el proceso de desregulación, al que definió como un paquete de “más de 13.500 reformas estructurales” destinadas a destrabar la economía. Con su habitual guiño ideológico, resumió el programa con una frase en inglés: “Make Argentina Great Again”.
También destacó la tarea de Sandra Pettovello al frente del Ministerio de Capital Humano. “No se trata de regalar pescado, sino de enseñar a pescar”, dijo, y volvió a insistir en que el capitalismo no erosiona valores morales, sino que los potencia.
En esa línea, repitió uno de sus lemas más frecuentes: la regulación excesiva frena el crecimiento y atenta contra el derecho de propiedad.
Comercio, elecciones y señales al mundo
Antes de subir al escenario, Milei se había reunido con empresarios y referentes económicos. Llegó acompañado por Luis Caputo, Sturzenegger, el embajador argentino en Suiza y parte de su equipo más cercano. Se mostró fortalecido por el resultado electoral reciente, que interpretó como un aval para profundizar su agenda de reformas.
Entre los temas que adelantó estuvo la reforma laboral, que comenzará a debatirse en el Senado en febrero. También habló del comercio exterior y dejó una frase que no pasó inadvertida: Argentina va a comerciar “con todos”.
La definición fue leída como una señal de autonomía frente a Estados Unidos y, en particular, como un gesto hacia China, en medio de las especulaciones sobre un eventual alineamiento automático con Washington.
Un paso breve, pero simbólico
Antes de su exposición, Milei mantuvo un breve intercambio con el presidente suizo, Guy Parmelin, en los pasillos del foro. Fue un gesto protocolar, sin anuncios, pero que sumó a la idea de una presencia argentina activa en el escenario internacional.
En un Davos marcado por la tensión geopolítica y los discursos duros, el Presidente argentino eligió reafirmar su identidad ideológica sin medias tintas. No buscó seducir a todos, pero sí dejar en claro que su proyecto —al menos para él— forma parte de una cruzada mayor: la de reinstalar al liberalismo como eje del orden global.
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