
Natalia Schneider, The Post, Politica
La política argentina tiene esa capacidad inagotable de convertir cada nombramiento en una síntesis del poder real. La designación de Juan Bautista Mahiques como ministro de Justicia no es la excepción: es, más bien, la confirmación de cómo se entrelazan tribunales, rosca y fútbol en la Argentina contemporánea.
Mahiques no es un recién llegado. Hijo de Carlos Mahiques, actual juez de la Cámara Federal de Casación Penal, supo construir su propio recorrido dentro del Ministerio Público Fiscal y en la estructura judicial de la Ciudad de Buenos Aires. Pero en política —sobre todo en la Argentina— los pergaminos técnicos rara vez alcanzan por sí solos para explicar un ascenso.
La clave está en la arquitectura del poder. Y allí aparece Sergio Massa, el dirigente que ha demostrado una notable habilidad para tejer alianzas transversales, sostener vínculos con sectores empresariales y judiciales, y mantener una interlocución constante con el mundo del deporte. Mahiques es leído dentro del sistema como parte de ese entramado: un funcionario con puentes abiertos hacia el massismo, aunque su trayectoria formal haya transitado carriles institucionales.
No es un dato menor que, en paralelo, el ecosistema de la justicia dialogue con el universo de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), presidida por Claudio Tapia. En la Argentina, el fútbol no es solo espectáculo: es caja, territorio y poder simbólico. La política lo sabe, y la justicia también. Las causas vinculadas a clubes, contratos de televisación, estructuras societarias y financiamiento hacen que el Ministerio de Justicia no sea un actor lateral en ese tablero.
El nombramiento de Mahiques, entonces, puede leerse como un gesto de equilibrio. Por un lado, ofrece garantías técnicas hacia adentro del sistema judicial. Por otro, envía una señal política hacia quienes entienden que el control —o al menos la interlocución— sobre la agenda judicial es un activo estratégico.
Para Massa, si efectivamente este movimiento consolida su influencia indirecta en el área, representa un punto de apoyo en un momento donde la política económica erosiona capital político. Para la AFA y su conducción, significa mantener canales abiertos en un contexto donde el fútbol argentino es, cada vez más, un espacio de disputa empresarial y regulatoria.
El desafío para Mahiques será demostrar autonomía real. Porque si algo erosiona rápidamente a un ministro de Justicia es la sospecha de operar como delegado de intereses cruzados. La Argentina atraviesa un tiempo en el que la sociedad observa con creciente desconfianza los vínculos entre política y tribunales.
El nuevo ministro tiene, en definitiva, una doble tarea: administrar el sistema y desarmar la idea de que su designación responde a una ecuación de poder más amplia. En un país donde la justicia suele ser campo de batalla, su gestión dirá si estamos ante un técnico con respaldo político o ante otro capítulo del eterno pacto entre tribunales y poder.
Si querés apoyar a The Post Argentina, podés hacerlo desde aquí.

