¿No sabe inglés o tiene mala fé?

El presidente Fernández tuiteó el sábado que, según un artículo publicado por The Washington Post, el MIT había asegurado que el informe de la OEA sobre las fraudulentas elecciones en Bolivia estaba equivocado y que Evo Morales las había ganado limpiamente.

Resulta increíble que el jefe de Estado se ponga solo en el borde de estos papelones. O nadie lo cuida, o el no quiere cuidarse o manifiestamente y de mala fe pretende tergiversar los hechos en la mente de la gente descuidada.

Frente a ese trabajo del Washington Post, la OEA emitió un comunicado oficial haciendo referencia al mismo y tachándolo de increíble, de falso, parcial e inexacto.

La nota de la Organización de Estados Americanos aparece firmada por el jefe de gabinete del Secretario General, Gonzalo Koncke.

El documento dice que el artículo del diario de la capital norteamericana, citado por el presidente en su tuit, ignora los principales hallazgos de la investigación de la OEA y que esos hallazgos prueban, más allá de toda duda, que hubo una “manipulación intencionada” de las elecciones en dos áreas.

En primer lugar la auditoría detectó cambios en las planillas y falsificaciones de firmas de los funcionarios participantes de las elecciones.

En segundo lugar, la investigación encontró que, en el procesamiento de los datos, la información fue redirigida a dos servidores ocultos y no autorizados y completamente ajenos al control del Supremo Tribunal Electoral, lo que, obviamente, puede haber derivado en la manipulación de las planillas y de los datos cargados en ellas.

Estos hallazgos, dice la nota de la OEA a la que tuvo acceso The Post, son el centro y el frente del reporte de auditoría y han sido ampliamente difundidos como información básica del análisis de las elecciones en Bolivia. También agrega que la Unión Europea, que desplegó un equipo de expertos para monitorear la elección, respaldó los hallazgos de la OEA y coincidió con ellos, además de presentar otras irregularidades.

El Jefe de Gabinete del Secretario General se muestra “asombrado” por el hecho que dos científicos del MIT y los editores del Washington Post hayan ignorado esos hechos cuando analizaron los resultados del informe de auditoría de la OEA.

Koncke agrega que vale la pena notar que el informe de la OEA divide sus hallazgos en cuatro categorías en orden a su relevancia:

1.- La evidencias mencionadas que demuestran la intención de manipular los resultados de la elección,

2.- Irregularidades severas, tales como la ausencia de protección del los votos y la pérdida de material sensible,

3.- Un número significativo de errores y,

4.- La evidencia de juego sucio

El informe de la OEA claramente establece que el análisis estadístico de los resultados es una de las evidencias del fraude. Koncke dice que se desafía el raciocinio tomando una de esas evidencias, supuestamente desafiarla e ignorar todas las otras evidencias y terminar por declarar poco menos que con orgullo que “no hay razones para sospechar fraude”.

“Desafía la lógica”, continúa, “que individuos que se hacen llamar “científicos” y “especialistas en la integridad de las elecciones” se involucren en un análisis tan errado. Servidores ocultos, inexistencia de cadenas de custodia, planillas falsificadas o inconsistencias inexplicables, solo para mencionar algunos de los hallazgos, no deberían ser ignorados por tales ‘especialistas en la integridad de las elecciones’”.

El infome finaliza insistiendo en la exactitud de la auditoria de la Organización tanto en su análisis cuantitativo como en el resto del informe de 96 páginas que los autores de tal artículo han ignorado por completo.

“La OEA”, dice el documento, “está abierta a un debate honesto, abierto y comprensivo respecto del trabajo o sobre las metodologías aplicadas. El organismo especialista en elecciones de la Organización de Estados Americanos monitorea aproximadamente 11 procesos electorales cada año. La experiencia y capacidad de la OEA en esta materia son reconocidas globalmente. Los informes y la metodología utilizada son publicados t todos ellos están sujetos al escrutinio público, empezando por la observancia de las 34 naciones para las que la Organización trabaja”.

“El trabajo publicado por el Washington Post”, continúa, “no es ni honesto ni esta basado en hechos reales y omnicomprensivos”. Y por sobre todas las cosas no tiene nada de “científico”, dice Koncke. Y continúa: “estoy francamente decepcionado que un trabajo que no está basado en los estándares periodísticos de honestidad intelectual haya sido publicado… La OEA mantiene la palabra emitida en su informe de auditoría y continuará llamando la atención sobre intentos como este para manipular la opinión pública”.

Resulta evidente que el presidente Fernández, quizás por no saber inglés, no haya reparado en este demoledor documento antes de enviar su tweet al ciberespacio, exponiéndose a quedar incluido en lo que el jefe de gabinete de la OEA llama un intento de manipular la opinión pública.

Esperemos que haya sido un arrebato o una ignorancia lingüística. Y no un eslabón más en la ya larga cadena de influir subliminalmente, bajo la especulación de la ignorancia, en la opinión argentina sobre un hecho que debería avergonzar a todo el continente.  


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