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Trump habló en Davos sobre Groenlandia

Luis Pedro Lopez Bosch, The Post, Corresponsal en Europa

DAVOS, Suiza, Ene 21, 2026.- Donald Trump aterrizó en el Foro Económico Mundial como suele hacerlo: sin medias tintas y con una bomba política bajo el brazo. En medio de una relación cada vez más tensa entre Estados Unidos y Europa, el presidente volvió a poner sobre la mesa una idea que muchos creían archivada: que Groenlandia pase a manos estadounidenses. No lo dijo en voz baja ni como una provocación lateral. Lo dijo con todas las letras, frente a los líderes económicos y políticos más influyentes del planeta.

“Queremos empezar ya mismo a hablar de esto”, lanzó desde el escenario de Davos, con ese tono entre desafiante y provocador que ya es marca registrada. Para Trump, Groenlandia no es una excentricidad geográfica sino una pieza clave en el nuevo tablero global. Seguridad, control del Ártico, Rusia, China. Todo entra en la ecuación.

El mensaje fue directo: Estados Unidos necesita esa isla. Y la necesita ahora.

“Estoy pidiendo un pedazo de hielo por la seguridad del mundo”, dijo, con ironía. “No es tanto, considerando todo lo que hemos hecho por Europa durante décadas”. La frase flotó pesada en la sala. Después vino la advertencia: si la respuesta es no, “lo vamos a recordar”.

Trump insistió en que no piensa usar la fuerza, pero dejó en claro que su paciencia tiene límites. “Nadie más puede garantizar la seguridad de Groenlandia”, aseguró, y volvió a apuntar contra Dinamarca, a la que considera incapaz de defender el territorio. Para él, la isla es “naturalmente parte de América del Norte”.

Horas antes ya había agitado las redes con una imagen generada por inteligencia artificial donde se lo veía plantando la bandera estadounidense en el hielo ártico. En Davos, simplemente llevó esa provocación al plano político.

Europa, en la mira

El discurso fue mucho más que Groenlandia. Trump aprovechó su regreso al foro —el primero en seis años— para ajustar cuentas con Europa. Cuestionó el rol de la OTAN, criticó la dependencia europea de Estados Unidos y dejó flotando una idea inquietante: que Washington ha dado demasiado y recibido muy poco a cambio.

“Nunca pedimos nada. Y cuando pedimos, tampoco nos dan nada”, disparó. “Eso puede cambiar”.

En el mismo tono, sugirió que podría aplicar aranceles a países europeos si no acompañan su postura. Según deslizó, las tarifas empezarían en febrero y podrían llegar al 25% en pocos meses.

La reacción en los pasillos de Davos fue inmediata. Diplomáticos, asesores y funcionarios europeos se movían con gesto tenso. Nadie quería escalar el conflicto, pero nadie parecía dispuesto a ceder.

Ucrania, Gaza y un mundo sin reglas

Trump también habló de la guerra en Ucrania. Dijo estar en contacto tanto con Vladimir Putin como con Volodimir Zelensky y aseguró que ambos quieren un acuerdo. Incluso deslizó que podría reunirse con el presidente ucraniano durante el foro.

Sobre Medio Oriente, celebró la tregua en Gaza y defendió el bombardeo estadounidense contra instalaciones nucleares iraníes del año pasado. “Si no lo hacíamos, no había chance de paz”, afirmó, sin rodeos.

El tono general del discurso fue el de un mundo que, según Trump, ya no se rige por reglas claras. Una visión que encendió alarmas entre los líderes europeos, que vienen advirtiendo sobre el avance de una lógica de poder sin contrapesos.

Macron, Canadá y un nuevo frente de tensión

El presidente estadounidense tampoco dejó pasar la oportunidad de ironizar sobre Emmanuel Macron. Se burló de su aparición pública del día anterior —incluidos sus anteojos de sol— y luego fue más allá: criticó abiertamente a Francia por no sumarse a su idea de crear un “Consejo de la Paz”, un organismo alternativo que competiría con la ONU.

Cuando se le preguntó por el rechazo francés, respondió con una frase que resonó fuerte en Davos: “No importa, pronto va a dejar el cargo”. Incluso amagó con imponer aranceles del 200% a los vinos y champanes franceses.

Canadá tampoco se salvó. Trump dijo que “existe gracias a Estados Unidos” y apuntó directamente contra su primer ministro, Mark Carney, presente en el foro.

Europa cierra filas

Las respuestas no tardaron en llegar. Emmanuel Macron, sin nombrarlo, advirtió que el mundo se encamina hacia una etapa peligrosa, marcada por la ley del más fuerte y el desprecio por el derecho internacional. Ursula von der Leyen fue aún más clara: si Washington avanza con aranceles, la respuesta europea será “firme, unida y proporcional”.

En privado, varios líderes admiten que el clima es el más tenso en años. Algunos mensajes intercambiados entre mandatarios —filtrados en las últimas horas— muestran hasta qué punto la crisis por Groenlandia se convirtió en un símbolo de algo más profundo: la redefinición del vínculo transatlántico.

Un Davos bajo presión

El paso de Trump por Suiza estuvo marcado desde el inicio por la polémica. Incluso su llegada fue accidentada: el Air Force One tuvo que regresar a tierra poco después del despegue por una falla técnica.

Aun así, el presidente no bajó el tono. Tiene previsto encabezar en las próximas horas una reunión para impulsar su “Consejo de la Paz”, una iniciativa que por ahora cuenta con el apoyo de pocos países y genera desconfianza en Europa.

Mientras tanto, en los pasillos del foro se repite una misma sensación: el mundo entró en una nueva etapa, más áspera, más impredecible. Y Trump, una vez más, decidió ser el que marque el ritmo.

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