
Patricia Arencibia, The Post, US Correspondent
Washington DC, Dic 18, 2025.- En la antesala de la Navidad, Donald Trump decidió hablarle al país en cadena nacional, pero el mensaje estuvo lejos del clima festivo. Desde la Casa Blanca, el presidente ofreció un discurso atravesado por la confrontación política, en el que volvió a responsabilizar a los demócratas por las dificultades económicas y buscó reforzar su propio relato de recuperación, aun cuando los indicadores siguen generando inquietud en buena parte de la sociedad.
El anuncio más concreto llegó envuelto en simbolismo: un bono extraordinario de 1.776 dólares para cada miembro de las fuerzas armadas, presentado como un “dividendo del combatiente” y asociado al próximo 250° aniversario de la independencia de Estados Unidos. Según el mandatario, los pagos —que implican un desembolso cercano a los 2.600 millones de dólares— ya están en marcha y alcanzarán a cerca de 1,45 millones de efectivos.
El contexto elegido no fue neutro. Flanqueado por árboles navideños y con un retrato de George Washington a sus espaldas, Trump insistió en que recibió una economía “devastada” y que está a punto de encaminarla hacia un crecimiento sin precedentes. Atribuyó las preocupaciones actuales al legado de su antecesor y prometió que el país se encuentra al borde de un auge histórico.
Sin embargo, la realidad económica que viven muchos hogares no termina de acompañar ese optimismo. La inflación, que había retrocedido, volvió a acelerarse tras la imposición de nuevos aranceles a las importaciones, una política que la Casa Blanca defiende como instrumento de presión comercial y, al mismo tiempo, como fuente de financiamiento para iniciativas internas. El índice de precios al consumidor avanza hoy a un ritmo anual cercano al 3%, por encima de los niveles de comienzos de año.
El mercado laboral tampoco ofrece señales contundentes de fortaleza. Desde el anuncio de los gravámenes comerciales, las contrataciones se desaceleraron con fuerza y el desempleo trepó del 4% al 4,6%. Trump sostuvo que los compromisos de inversión para nuevas plantas industriales revertirán esa tendencia y que el consumo repuntará cuando los contribuyentes reciban mayores devoluciones impositivas en 2026.
Aun así, las encuestas muestran un desgaste persistente en la imagen presidencial, especialmente en lo referido al manejo económico. Con las elecciones legislativas de mitad de mandato en el horizonte, el discurso funcionó también como un ensayo de campaña: tono acelerado, promesas ambiciosas y gráficos destinados a demostrar que la economía ya cambió de rumbo.
El presidente también abordó otros frentes sensibles. Defendió las deportaciones masivas como una herramienta para contener los cruces fronterizos, aunque la medida genera resistencias incluso entre votantes moderados. En materia de salud, culpó a la oposición por un eventual aumento de las primas cuando expiren los subsidios vigentes y sugirió, sin mayores precisiones, un esquema de ayuda directa a las familias.
Tras apagar las cámaras, Trump buscó la aprobación de su círculo íntimo. Sus asesores celebraron el mensaje y la jefa de gabinete destacó que había cumplido con el tiempo previsto. Afuera, en cambio, el desafío sigue intacto: convencer a un electorado cansado de que las promesas de prosperidad se traducirán, esta vez, en alivio concreto para el bolsillo.

