
Patricia Arencibia, The Post, Internacionales, Corresponsal en EEUU
Ft Lauderdale, Fl, Dic. 15, 2025.- Desde el Despacho Oval, Donald Trump volvió a ensayar uno de los ejes centrales de su segundo mandato: la reivindicación de una economía que, según él, no tiene precedentes. Sin embargo, esta vez el mensaje llegó acompañado de una admisión poco habitual en su discurso: aun con indicadores que considera favorables, el Partido Republicano podría no retener el control del Congreso en las elecciones legislativas de medio término de 2026.
En una entrevista concedida a The Wall Street Journal, el presidente estadounidense reconoció que el impacto político de lo que define como un boom económico no necesariamente se traduce en respaldo electoral inmediato. “Hice mi trabajo: atraer inversiones, construir plantas, impulsar sectores como la inteligencia artificial. Lo demás dependerá de cómo lo perciba el votante”, sostuvo, dejando entrever una distancia entre su narrativa económica y el humor social.
Trump regresó a la Casa Blanca en enero y desde entonces insiste en que Estados Unidos atraviesa “la mayor economía de su historia”. Buena parte de ese relato se apoya en el ingreso de capitales y en nuevos proyectos industriales que, asegura, ya están en marcha. Aun así, el mandatario deslizó que “estadísticamente es muy difícil” que el oficialismo salga indemne de una elección de medio mandato, incluso cuando —según su visión— los precios “están en buena forma”.
La referencia no es casual. El control de la inflación fue una de las promesas centrales de su campaña y Trump afirma haberla cumplido, en contraste con el repunte inflacionario que marcó el final de la presidencia de Joe Biden. Los datos oficiales muestran que, tras una desaceleración inicial a comienzos de año, los precios volvieron a presionar al alza desde abril. El último registro disponible, correspondiente a septiembre, arrojó una inflación interanual del 2,8%. Las cifras de octubre no fueron publicadas debido al cierre administrativo provocado por el desacuerdo presupuestario en el Congreso, y el dato de noviembre se conocerá en los próximos días.
Más allá de los números, el clima político parece menos favorable. Una encuesta de la Universidad de Chicago para Associated Press reveló que solo el 31% de los estadounidenses aprueba la gestión económica de Trump, un retroceso respecto del 40% registrado en marzo. El presidente no oculta su malestar frente a esos sondeos y lo expresó esta semana en redes sociales, donde se preguntó cuándo llegará el reconocimiento público por haber construido, según sus palabras, una economía “sin inflación y quizá la más grande de la historia”.
En ese contraste entre autoconfianza y cautela electoral se mueve hoy la Casa Blanca. Trump insiste en que el país dejó atrás un escenario crítico y responsabiliza a su antecesor por los desequilibrios recientes. Pero, a un año de haber retomado el poder, también admite que el respaldo ciudadano no siempre acompaña los tiempos de la macroeconomía. Con 2026 en el horizonte, la pregunta ya no es solo cómo evolucionarán los indicadores, sino si los votantes estarán dispuestos a premiarlos en las urnas

