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La Unión Europea declara terrorista a la Guardia Revolucionaria iraní y endurece su postura frente a Teherán

Luis Pedro López Bosch, The Post, Corresponsal en Europa

Madrid, Feb 1, 2026.- La decisión de la Unión Europea de incluir a la Guardia Revolucionaria de Irán en la lista de organizaciones terroristas marca un punto de inflexión en la postura del bloque frente al régimen de Teherán. No se trata solo de una declaración simbólica: es una señal política clara sobre cómo el mundo democrático empieza a cerrar filas frente a quienes promueven la violencia como herramienta de poder.

En esa misma línea, semanas atrás el Gobierno argentino había dado un paso similar al declarar a esa fuerza como organización terrorista e incorporarla al Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento (REPET). La reacción iraní no tardó en llegar. Desde Teherán calificaron la decisión como “inaceptable” y volvieron a amenazar a la Argentina, repitiendo el patrón que ya se había visto cuando la Justicia argentina avanzó con el juicio en ausencia contra los funcionarios iraníes acusados por el atentado a la AMIA.

El comportamiento es coherente con una lógica que se repite desde hace décadas: intimidación, presión diplomática y violencia como respuesta frente a cualquier intento de rendición de cuentas. Es el mismo método que utiliza el régimen puertas adentro, reprimiendo a su propia población cada vez que se organiza para reclamar libertades o derechos básicos.

En ese contexto, el avance de Argentina y de la Unión Europea no es menor. Implica reconocer formalmente que Irán no solo actúa dentro de sus fronteras, sino que exporta terrorismo y desestabilización a distintas regiones del mundo, incluida América Latina. Para Teherán, el margen de maniobra en el continente se reduce, y eso explica el tono amenazante de sus comunicados.

La señal que se envía es clara: el mundo democrático empieza a tomar nota de quiénes están de un lado y quiénes del otro. Y también deja en evidencia el contraste con regímenes como los de Cuba y Nicaragua, que continúan sosteniendo sistemas de control y represión sobre sus pueblos, alineados con la misma lógica autoritaria.

La decisión de Buenos Aires y Bruselas abre un camino que podría ser replicado por otros países de la región. De hacerlo, no solo fortalecerían la lucha contra el terrorismo internacional, sino que marcarían una posición ética frente a quienes promueven la violencia como política de Estado.

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