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El hombre, a veces, hace toda la diferencia

El 26 de mayo último el vuelo Delta 694 despegó de Detriot de manera completamente normal. Su destino era el aeropuerto internacional de Los Angeles, en California. El avión era un Airbus A320, con 181 pasajeros y seis miembros de la tripulación.

En realidad eran 182 pasajeros. Uno de ellos era un perro.

Todo transcurría normalmente hasta que el perrito empezó a mostrar signos de sentirse mal.

Una vez que se supo que la vida del animal estaba en peligro real, el Capitán tomó una decisión dramática: desvió el vuelo al aeropuerto internacional de Minneapolis-St Paul (MSP) en donde el perro recibió atención veterinaria, pudo ser estabilizado y salvó su vida.

Solucionado el episodio, el vuelo DL 694 reanudó su viaje hacia LAX adonde aterrizó con un retarso de dos horas y media.

Ningun pasajero protestó. Al contrario hubo aplausos y hasta lágrimas de gratitud. Delta asumió los costos de la maniobra y todos supieron que algo diferente había sucedido ese día: probablemente la que sea la vida más inocente de todas -la de un animal, porque ellos dependen 100% de nosotros- se había salvado gracias a la decisión de una persona y de la aquiescencia de otras cientos que no solo estuvieron de acuerdo con lo decidido sino que lo valoraron y hasta se emocionaron.

En una época en donde el apuro, los negocios y hasta la eficiencia son tomados muy frecuentemente como los valores que hacen preferible a una empresa o a una compañía aérea por sobre otra, este gesto de humanidad con un ser vivo que, insisto, lleva en sí mismo una inocencia que el ser humano, aunque se esfuerce, nunca podrá igualar, nos permite tener esperanzas en que no todo está perdido a propósito de la malicia humana. Esa misma malicia -que jamás está presente en un animal (porque lo de ellos es puro instinto con total ausencia de premeditación o dolo)- se esfumó en esa bendita cabina de Delta aquel día: allí todo fue bondad y desprendimeinto para que un perro tuviera una oportunidad.

Sé que muchos creerán que el perro no se enteró de nada. Quienes pinsen asi no conocen a estos animales: él fue el primero que supo todo lo que pasó.

La regla del imperativo categorico de Kant dice «comportate como si tu conducta pudiera ser elevada a ley universal». No se sí el Capitan del vuelo DL 694 habrá leido alguna vez a Kant. pero estoy seguro que practica lo que su imperativo catrgorico sugiere.

Por Carlos Mira
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