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EE.UU. e Israel atacan Irán y abren una nueva fase de guerra en Medio Oriente

Luis Pedro López Bosch, The Post, Corresponsal en Europa

Europa amaneció este sábado con la sensación incómoda de estar frente a un punto de inflexión histórico. El ataque coordinado de Estados Unidos e Israel contra Irán no solo representa la mayor escalada militar en Medio Oriente en años, sino también el colapso práctico de la estrategia diplomática occidental para contener el programa nuclear iraní. Lo ocurrido ya no es una crisis regional: es un episodio con consecuencias globales inmediatas.

Durante la madrugada —horario de Medio Oriente— fuerzas israelíes lanzaron una ofensiva aérea que rápidamente fue acompañada por operaciones militares estadounidenses. Explosiones se registraron en Teherán y en al menos una docena de ciudades iraníes, en lo que Israel definió como un “ataque preventivo” destinado a neutralizar amenazas estratégicas contra su seguridad nacional. 

Washington confirmó poco después su participación. El presidente Donald Trump anunció el inicio de “importantes operaciones de combate” con un objetivo explícito: impedir que Irán desarrolle armas nucleares y degradar su capacidad misilística. “Irán nunca tendrá un arma nuclear”, afirmó el mandatario estadounidense al justificar la ofensiva. 

Objetivos militares y golpe político

Según fuentes occidentales y reportes iniciales, los bombardeos apuntaron a instalaciones militares, centros de inteligencia y zonas vinculadas al liderazgo político iraní. Entre los blancos habría estado un complejo asociado al líder supremo Ali Khamenei, aunque este fue trasladado previamente a un lugar seguro. 

La operación —bautizada “Furia Épica”— fue planificada durante meses y responde a la creciente preocupación de Israel y Estados Unidos por el avance simultáneo del programa nuclear y del desarrollo de misiles de largo alcance iraníes. 

Sin embargo, el impacto humano apareció casi de inmediato. Autoridades iraníes informaron al menos 40 muertos tras un ataque que alcanzó una escuela en la provincia de Hormozgán, además de decenas de heridos. 

La represalia iraní y el riesgo de guerra regional

La respuesta de Teherán fue rápida y calculada para mostrar capacidad de disuasión. Irán lanzó misiles y drones contra Israel y contra bases militares estadounidenses en Qatar, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, ampliando el teatro del conflicto a todo el Golfo Pérsico. 

El intercambio convirtió en realidad el escenario que diplomáticos europeos intentaban evitar desde hace años: una guerra abierta indirecta entre Washington y Teherán con múltiples frentes simultáneos.

Informes preliminares indican que cientos de misiles iraníes fueron interceptados por los sistemas de defensa israelíes, aunque hubo víctimas y daños materiales. 

Europa: preocupación, división y miedo estratégico

Desde Bruselas, la reacción fue cautelosa y reveladora. La Unión Europea pidió “pleno respeto al derecho internacional” y llamó a la desescalada inmediata, evitando respaldar explícitamente la operación militar pese a sus críticas históricas al régimen iraní. 

El presidente español Pedro Sánchez calificó la acción como unilateral y advirtió sobre sus consecuencias para la estabilidad internacional, reflejando la incomodidad de varios gobiernos europeos frente a una decisión estratégica tomada sin consenso occidental pleno. 

Europa enfrenta un dilema clásico: comparte la preocupación por el programa nuclear iraní, pero teme que una guerra abierta provoque crisis energéticas, nuevas olas migratorias y ataques terroristas en suelo europeo.

Rusia y el nuevo tablero global

Moscú condenó inmediatamente los ataques, calificándolos como un “acto de agresión armada” y alertando sobre el riesgo de una catástrofe humanitaria y económica regional. 

La reacción rusa confirma que el conflicto podría acelerar la consolidación de bloques geopolíticos enfrentados: Estados Unidos e Israel por un lado; Irán respaldado diplomáticamente por Rusia —y potencialmente por otros actores antioccidentales— por el otro.

¿Operación limitada o guerra prolongada?

El interrogante central en las capitales europeas no es si habrá represalias —ya comenzaron— sino cuánto durará la campaña militar. Funcionarios estadounidenses habían anticipado la posibilidad de operaciones sostenidas durante semanas, lo que sugiere que la ofensiva podría ir más allá de ataques puntuales contra instalaciones nucleares. 

Si ese escenario se confirma, el conflicto dejaría de ser una acción preventiva para transformarse en un intento de rediseño estratégico del equilibrio de poder en Medio Oriente.

Un mundo más inestable

Desde París hasta Berlín, analistas coinciden en que el ataque marca el fracaso definitivo del modelo de contención diplomática iniciado tras el acuerdo nuclear de 2015. El equilibrio precario que mantenía el conflicto en estado latente ha desaparecido.

La pregunta ahora no es si el conflicto escalará, sino hasta dónde.

Porque, como admitía esta mañana un diplomático europeo en Bruselas, bajo condición de anonimato: el problema ya no es Irán, Israel o Estados Unidos por separado. El problema es que el sistema internacional acaba de entrar en una fase donde la disuasión vuelve a depender, otra vez, de la fuerza militar y no de la negociación.

Y Europa, una vez más, observa la guerra demasiado cerca como para sentirse segura, pero demasiado lejos como para poder detenerla.

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