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De la expansión al repliegue: Europa y un año atravesado por la crisis

Luis Pedro López Bosch, The Post, Corresponsal en Europa

Europa en 2025: un continente en guardia

Madrid, Ene, 2, 2026.- El balance político de Europa en 2025 deja una imagen nítida: el continente atravesó el año en modo defensivo. Lejos de debates sobre ampliación, liderazgo global o profundización del proyecto comunitario, la agenda estuvo dominada por la guerra en Ucrania, la presión migratoria, el avance del islamismo radical y una creciente sensación de fatiga social que atraviesa a la mayoría de los países de la Unión Europea.

La guerra en Ucrania siguió siendo el eje central. Sin avances decisivos en el frente militar, 2025 fue el año del desgaste. El respaldo a Kiev se mantuvo, pero con fisuras cada vez más visibles. El costo económico, el cansancio de la opinión pública y las diferencias entre los países más expuestos al conflicto y las grandes potencias de Europa occidental marcaron el tono del debate. Alemania y Francia sostuvieron el apoyo político, aunque con un discurso crecientemente orientado a explorar una salida negociada, mientras sobrevuela un temor que ya no se oculta: que un eventual repliegue de Estados Unidos deje a Europa frente a Moscú sin red de contención.

Puertas adentro, el frente más sensible fue el de la inmigración. En 2025 dejó de discutirse en clave humanitaria para pasar a un terreno más áspero: seguridad, integración y sostenibilidad del Estado de bienestar. Varios gobiernos endurecieron controles fronterizos, revisaron políticas de asilo y asumieron parte del discurso de la derecha radical, aun sin adoptarlo plenamente. El principio de libre circulación, uno de los pilares del proyecto europeo, mostró grietas que ya no se disimulan.

El avance del islamismo radical terminó de tensar ese cuadro. Atentados aislados, redes de radicalización y conflictos en barrios periféricos volvieron a poner sobre la mesa una discusión incómoda: hasta dónde el modelo multicultural europeo resiste sin reformas profundas. Francia, Bélgica y Alemania fueron escenarios centrales de ese debate, con gobiernos presionados entre la necesidad de reforzar la seguridad y el riesgo de legitimar discursos excluyentes.

En paralelo, el mapa político se reordenó. Los partidos tradicionales perdieron capacidad de iniciativa, mientras fuerzas nacionalistas y euroescépticas ganaron peso, no siempre desde el gobierno, pero sí desde el condicionamiento parlamentario. Europa no giró abruptamente a la derecha, pero su centro político se desplazó hacia posiciones más duras en seguridad, migración y soberanía.

2026: decisiones postergadas

De cara a 2026, Europa enfrenta dilemas que ya no admite dilaciones. En Ucrania, deberá definir si está dispuesta a asumir un rol más autónomo en defensa o resignarse a una influencia internacional menguante. En inmigración, la tensión entre valores fundacionales y límites materiales obligará a políticas más selectivas y coordinadas, con el riesgo de profundizar divisiones internas.

El desafío de fondo es político: reconstruir legitimidad en sociedades cansadas, fragmentadas y crecientemente desconfiadas. Si 2025 fue el año de la resistencia, 2026 puede ser el de la redefinición. La incógnita es si Europa logrará hacerlo como proyecto común o si avanzará, paso a paso, hacia una suma de respuestas nacionales cada vez más desconectadas.

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