
Gustavo Ferrari Wolfenson, especial para The Post (*)
Consummatum est es una expresión latina que significa literalmente “se acabó todo”, “todo está cumplido”. Según la interpretación del Evangelio según San Juan (19,30) fueron las últimas palabras de Cristo en la Cruz.
Terminó el año 2025 con el escenario político definido: “Habemus Papi”. Un proceso que se fue amasando, llevando, estirando, aplacando, contando voto por voto para llegar a un escenario en donde en otro país con un mecanismo de democracia representativa moderna, perfectamente se podríahaber resuelto a través del “ballotage” o segunda vuelta electoral.
No fue el caso, y luego de semanas y semanas de conteo, frenos y más conteos, la decisión final en todos los ambientes y posiciones, a pesar de los pataleos, reclamos e impugnaciones, ya está dada. Una decisión que definió previo a las fiestas decembrinas donde el ambiente navideño y festivo aminoró cualquier reacción más allá de los 15 minutos de fama y de cámaras que tanto proclamaba Andy Warhol.
Las agitaciones no se produjeron, Pareciera que todostenían, con el cansancio acumulado, las maletas listas para disfrutar u olvidar tantos meses de campaña, tantos recorridos hechos o imaginados por toda la geografíacatracha, y así con la muerte del 2025, se enterraron las esperanzas de muchos y entraron a la realidad las de otros.
La prensa tampoco asumió protagonismo más allá del informativo. ¿Qué es el periodismo hoy sería la pregunta para hacerle al Chat GPT?. Tampoco los analistas y columnistas aun han tenido tiempo para hablar de lo que pasó. Seguramente con el paso de los días, estarán de a poco digiriendo los sucesos, las especulaciones y si un solo X de pocos caracteres enviado desde Washington, pudo realmente cambiar un resultado electoral que a la vista no era el esperado.
¿Ganó Papi o perdió Salvador? ¿Fue una sorpresa la liberación de Juan Orlando? o era parte de una negociación estratégica planificada? Esos temas seguirán siendo el relato de las tertulias de los próximos meses cuando todo esté ya acomodado. Lo que si es cierto es que ambos candidatos se acostaron y flotaron en una colchoneta del históricobipartidismo de un país que aun no entiende que la política4.0 es la suma de estrategias, votos de una maquinaria electoral aceitada que como un cronómetro preciso y perfecto no puede fallar.
Y como bien lo resalta siempre la destacada consultora latinoamericana Gisela Rubach, ¿cuánto está dispuesto un candidato a invertir para ser Presidente de un país?. Y ojo que esa inversión no es sólo económica, sino de equipo , de estudios, de técnicos, especialistas, de un plan casi de guerra para conquistar el territorio y que su proyecto penetre y permee en las conciencias del electorado.
Tito contrató a Dick Morris y sus operadores en Latinoamérica, Salvador se sometió a las figuritas del Baldor que le acercaron a su esposa y a una persona dedicada al comercio de importación/exportación radicado en Miami sin ningún tipo de antecedentes conocidos en el mundo de la consultoría política. En resumen, si en la final de la liga de campeones uno llama a Pep Guardiola y el otro al ayudante de campo del entrenador del Platense, creo que se notará la diferencia.
Llevo 25 años trabajando permanentemente en Honduras. Conocí, capacité, formé a un gran porcentaje de la dirigenciapolítica del país de esos años. Y con especial frustraciónpuedo decir que nada ha cambiado. Las mismas caras, las mismas visiones mezquinas de una dirigencia que le interesamás el cargo partidario que la vocación de servicio para que el país pueda experimentar todo el potencial que tiene y añora.
¿Ganó Papi o perdió Salvador?. ¿Ganó Trump, la derecha o se aplastó a la izquierda?. Mas allá de las respuestas que surjan, habrá que curar heridas y muchas son profundas. Habrá que ser humilde, incluyente, envolvente. Creo que si no asumimos con una responsabilidad democrática y republicanala necesidad de fortalecer las instituciones hondureñas, sanear su economía, construir un proyecto del país basado en los principios de las realidades y no en las nostalgias estaremos muy lejos de entender el destino como Nación.
Esperemos que este nuevo periodo presidencial que ha nacido muy confundido, por otros bastardeado y debilitado por un resultado tan parejo, asuma con un poco de cordura los desafíos de la gobernabilidad. De lo contrario será una carnicería política destructora.
Consummatum est dijo el CNE y selló su mandato electoral. Ahora Nasry, Tito, Papi tendrá que entender que “su vida no es privilegio exclusivo suyo, es el destino que aguarda a todos los que poseen su Espíritu, los que, como él y con él, dedican su vida al bien de la humanidad” (Jn 11,25s; 1 Cor 15,20-22).
(*) Gustavo Ferrari Wolfenson es Consultor Internacional en Fortalecimiento democrático. Fellow del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Harvard y Miembro fundador de la Asociación Latinoamericana de Consultores Políticos.
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