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Cómo ve Europa el juicio a Nicolás Maduro en Nueva York: reacciones y claves del impacto internacional

Luis Pedro López Bosch, The Post, Corresponsal en Europa

Bruselas, Ene 5, 2026.- La escena que este lunes se desarrolló al mediodía en Nueva York, con Nicolás Maduro escuchando la lectura de los cargos en un tribunal federal, fue seguida en Europa con una mezcla de prudencia diplomática, alivio contenido y no poca incomodidad política. En las principales capitales del continente, el dato jurídico se impuso sobre el impacto simbólico: para la Unión Europea, el proceso abre una etapa inédita, pero también plagada de interrogantes sobre el futuro inmediato de Venezuela y el rol que jugarán Estados Unidos y los propios europeos.

En Bruselas, sede de las instituciones comunitarias, la palabra más repetida no fue “celebración” sino “cautela”. Funcionarios de la Comisión y del Servicio Europeo de Acción Exterior coinciden en que la comparecencia de Maduro ante la Justicia estadounidense confirma lo que Europa viene sosteniendo desde hace años —la deriva autoritaria del régimen y la inexistencia de garantías institucionales—, pero al mismo tiempo temen quedar atrapados en una dinámica diseñada y ejecutada casi exclusivamente por Washington. La idea de que Estados Unidos “marque la cancha” en el posmadurismo genera resquemores en un bloque que siempre intentó presentarse como mediador político antes que como actor punitivo.

En las cancillerías de Francia y Alemania, el foco estuvo puesto en la forma y no sólo en el fondo. Diplomáticos consultados subrayan que la lectura de cargos en Nueva York cristaliza un cambio de paradigma: Maduro ya no es tratado como un jefe de Estado cuestionado, sino como un acusado ante tribunales ordinarios. Ese desplazamiento, celebran en privado, evita ambigüedades que durante años paralizaron a Europa, atrapada entre sanciones, diálogos fallidos y misiones de buenos oficios sin resultados concretos.

España observa el proceso con una atención especial. Por historia, vínculos humanos y presencia empresarial, Madrid sigue siendo una de las capitales más involucradas con Venezuela. Allí, el Gobierno intenta un delicado equilibrio: respaldar la acción judicial sin alimentar el discurso de “intervención extranjera” que todavía resuena en ciertos sectores de la izquierda europea. La lectura de cargos, comentan fuentes españolas, refuerza la posición de quienes dentro de la UE pedían una línea más dura y menos retórica.

En Roma y en Lisboa, en tanto, el acento está puesto en la estabilidad regional. La pregunta que se hacen es qué vendrá después. Europa, que ya carga con la crisis migratoria en el Mediterráneo y la guerra en Ucrania, no quiere sumar un nuevo foco de inestabilidad en América Latina que derive en flujos migratorios descontrolados o en un vacío de poder prolongado. Por eso, más que el destino personal de Maduro, interesa el marco institucional que pueda emerger tras este episodio.

También hay una lectura económica. Empresas europeas con intereses en el sector energético venezolano siguen el caso con expectativa, pero sin euforia. La percepción dominante es que cualquier reapertura seria del país requerirá reglas claras, garantías jurídicas y una transición que no se limite a un recambio de nombres. La comparecencia en Nueva York es vista como una condición necesaria, pero de ningún modo suficiente.

En síntesis, desde Europa el mediodía neoyorquino del 5 de enero se leyó menos como un final y más como un umbral. La caída judicial de Maduro, consumada en la formalidad de un tribunal, despeja una incógnita largamente postergada, pero abre muchas otras. Para el Viejo Continente, acostumbrado a los tiempos largos y a las salidas negociadas, el desafío será no quedar reducido a espectador de un proceso que, por ahora, se escribe en clave estadounidense, pero cuyos efectos —políticos, económicos y humanos— también cruzarán el Atlántico.

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