
Patricia Arencibia, The Post, US Correspondent
Washington DC, Ene 16, 2026.- El apagón que dejó a oscuras a Caracas a comienzos de este mes no fue un accidente ni una falla técnica más del sistema eléctrico venezolano. Según fuentes oficiales de Estados Unidos con conocimiento directo de la operación, se trató de un ciberataque ejecutado por el Pentágono que buscó algo más que cortar la luz: demostrar que Washington puede apagar —y volver a encender— un país entero cuando lo considera necesario.
La maniobra, llevada a cabo el 3 de enero, fue una de las demostraciones más visibles del poder ofensivo cibernético estadounidense en los últimos años. Funcionarios al tanto del operativo explicaron que Venezuela, con defensas digitales rudimentarias, fue un blanco particularmente vulnerable para este tipo de acción de alta precisión.
El corte de energía en Caracas no fue un fin en sí mismo. Formó parte de una operación mayor que incluyó interferencias sobre sistemas de radar militar, lo que permitió el ingreso de helicópteros estadounidenses sin ser detectados. El objetivo: capturar a Nicolás Maduro, quien fue trasladado posteriormente a Estados Unidos para enfrentar cargos por narcotráfico.
Aunque el radar más potente del país ya se encontraba fuera de funcionamiento, el bloqueo digital facilitó el movimiento de las fuerzas especiales. Durante la incursión, gran parte de la capital quedó a oscuras por varios minutos, y algunas zonas cercanas a la base militar donde se concretó la captura permanecieron sin electricidad durante más de un día.
Horas después del operativo, el presidente Donald Trump hizo una referencia indirecta al ataque. “Estaba oscuro, las luces de Caracas se apagaron por una capacidad técnica que tenemos. Estaba oscuro y fue letal”, dijo, sin dar mayores detalles.
Días más tarde, una vocera del Comando Cibernético de Estados Unidos confirmó que la fuerza había participado de la llamada “Operación Resolución Absoluta”, y remarcó que el organismo está preparado para ejecutar órdenes presidenciales en cualquier momento.
El tema volvió a aparecer esta semana en el Senado, durante la audiencia de confirmación del general Joshua M. Rudd, candidato de Trump para encabezar el Comando Cibernético y la Agencia de Seguridad Nacional. Rudd, con larga trayectoria en fuerzas especiales y actual número dos del Comando Indo-Pacífico, evitó dar detalles sobre la operación en Venezuela y se limitó a decir que ese tipo de decisiones corresponden al poder político.
Su postulación llega en un contexto interno turbulento: varios altos mandos del área fueron desplazados recientemente tras críticas públicas de Laura Loomer, figura de la ultraderecha estadounidense cercana a Trump. Entre los removidos estuvo el general Tim Haugh, quien había sido designado durante la administración anterior.
Pese a la magnitud del ataque, el impacto civil fue limitado. Especialistas en seguridad energética venían advirtiendo desde hace años que un ciberataque a la red eléctrica podía tener consecuencias graves, sobre todo en hospitales o centros de trauma. Pero en Caracas eso no ocurrió: el servicio se restableció con rapidez y la mayoría de los hospitales contaban con generadores propios.
Personal médico consultado aseguró que no hubo muertes vinculadas al corte eléctrico. Además, el ataque se produjo de madrugada, cuando la actividad era mínima y la población dormía.
No era la primera vez que Venezuela enfrentaba una situación similar. En 2019, el gobierno de Maduro denunció un sabotaje digital contra la represa hidroeléctrica que dejó al país a oscuras durante una semana. En aquel momento, el chavismo acusó directamente a Estados Unidos de librar una “guerra eléctrica”.
“El imperialismo norteamericano lanzó una guerra contra nuestro pueblo y la vamos a derrotar”, escribió entonces Maduro en redes sociales.
Washington lo negó. El entonces secretario de Estado, Mike Pompeo, rechazó cualquier implicación y atribuyó el colapso del sistema a fallas técnicas y mala gestión. Especialistas independientes señalaron que el apagón podía explicarse por falta de mantenimiento e inversión, e incluso un sindicato eléctrico habló de un incendio bajo una línea de alta tensión como detonante.
Sin embargo, con el correr de los años, el gobierno venezolano insistió cada vez más en la existencia de sabotajes extranjeros detrás de incidentes industriales. En las semanas previas a la captura de Maduro, esas versiones volvieron a circular con fuerza, alimentadas por un clima de tensión creciente y rumores de operaciones encubiertas.
Esta vez, sin embargo, la historia fue distinta: el apagón sí tuvo autor, objetivo y coordinación militar. Y dejó en claro que, en la nueva lógica de conflictos, la guerra también se libra desde una consola.
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