
Luis Pedro López Bosch, The Post, Corresponsal en Europa
Madrid, Dic 20, 2025.- La relación comercial entre la Unión Europea y China volvió a tensarse esta semana tras la decisión de Beijing de aplicar nuevos aranceles a productos lácteos europeos. Las tasas, que van del 21,9% al 42,7%, comenzaron a regir este martes y alcanzan a una amplia gama de bienes, entre ellos quesos frescos y procesados, cuajada, queso azul, así como determinados tipos de leche y nata.
Desde Bruselas reaccionaron con dureza. La Comisión Europea calificó la medida como carente de sustento técnico y cuestionó los fundamentos de la investigación china. “Nuestra evaluación es que el proceso se apoya en acusaciones débiles y pruebas insuficientes, por lo que las medidas resultan injustificadas”, sostuvo un portavoz del área de Comercio, quien añadió que el bloque ya está analizando la determinación preliminar para presentar observaciones formales ante las autoridades chinas.
La ofensiva arancelaria se apoya en una investigación antisubvenciones iniciada por China en agosto de 2024, a partir de una denuncia de la Asociación Láctea China. Según el Ministerio de Comercio de Beijing, las conclusiones preliminares detectaron un vínculo directo entre las ayudas europeas al sector y un “perjuicio sustancial” para la industria láctea local. El expediente seguirá abierto hasta febrero.
En Europa, la reacción no se limitó a las instituciones. La Federación Nacional de la Industria Láctea de Francia (FNIL), que agrupa a gigantes como Danone y Lactalis, expresó su rechazo frontal. Su director, François-Xavier Huard, describió la decisión como “un shock” y advirtió sobre el impacto negativo que tendrá en empresas como Savencia, uno de los mayores exportadores de queso francés a China, pese a haber colaborado estrechamente con la investigación.
Este nuevo capítulo llega apenas una semana después de que Beijing activara aranceles a las importaciones de carne de cerdo europea, con vigencia por cinco años, en respuesta al supuesto dumping en el mercado chino. Esas tasas —de entre 4,9% y 19,8%— comenzaron a aplicarse el 17 de diciembre y representan una rebaja frente a los gravámenes temporales mucho más elevados que regían desde septiembre.
La disputa actual tiene raíces más profundas. El conflicto escaló en 2024, cuando la UE decidió avanzar con fuertes aranceles sobre los vehículos eléctricos chinos, al considerar que los subsidios estatales distorsionaban la competencia. China rechazó esa acusación y respondió con medidas contra productos europeos clave como el cerdo, el brandy y los lácteos. Más adelante, obligó a los productores europeos de brandy a aumentar precios o afrontar derechos antidumping de hasta el 34,9%.
El trasfondo económico agrava el enfrentamiento. En 2024, la Unión Europea registró un déficit comercial con China superior a los 350.000 millones de dólares, una cifra que alimenta el malestar político en varias capitales europeas. El presidente francés, Emmanuel Macron, advirtió este mes que Europa evalúa adoptar medidas más duras —incluidos nuevos aranceles— si no se corrige el desequilibrio.
Las fricciones no se limitan al comercio. Bruselas y Beijing también mantienen diferencias profundas en el plano geopolítico, especialmente a raíz de la invasión rusa a Ucrania en 2022. La UE ha instado reiteradamente a China a utilizar su influencia para presionar a Moscú y poner fin al conflicto, sin que hasta ahora haya señales de un cambio de postura por parte del gobierno chino.
En paralelo, la jornada también estuvo marcada por noticias de seguridad internacional: Rusia confirmó la muerte del teniente general Fanil Sarvárov, jefe de operaciones militares, en un atentado con coche bomba en Moscú, mientras fuerzas ucranianas lanzaban nuevos ataques contra infraestructura y equipamiento militar dentro del territorio ruso.
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