
Antonio María Delgado para El Nuevo Herald
Reaccionando a noticias de una mayor presencia militar de Estados Unidos en el Caribe, el gobernante venezolano Nicolás Maduro anunció que su gobierno activará un plan especial para movilizar a más de 4.5 millones de milicianos en todo el país con el fin de “defender la soberanía nacional”.
El anuncio se produce tras los reportes de que tres destructores de la Marina estadounidense —el USS Gravely, USS Jason Dunham y USS Sampson— se dirigen al sur del Caribe con miles de marines a bordo como parte de una gran operación antinarcóticos.
La medida coincide con la reciente decisión de Washington de elevar la recompensa por la captura de Maduro a la cifra sin precedentes de $50 millones. Maduro y varios de sus principales aliados han sido acusados por fiscales estadounidenses de convertir a Venezuela en un narcoestado a través del llamado “Cartel de los Soles”. El mandatario ha desestimado las acusaciones calificándolas de ser un “refrito podrido” destinado a justificar una intervención extranjera. “Esta semana lanzo un plan especial para garantizar la cobertura de más de 4.5 millones de milicianos preparados, activados y armados en todo el territorio nacional”, declaró Maduro el lunes durante un acto televisado, flanqueado por altos mandos militares. Señaló que la medida es necesaria para contrarrestar lo que describió como “amenazas extravagantes, bizarras y descabelladas” provenientes de Estados Unidos.
También instó a su base política a acelerar la creación de milicias rurales e industriales. “¡Fusiles y misiles para las fuerzas rurales! Para defender el territorio, la soberanía y la paz de Venezuela”, exclamó Maduro, agregando que armas similares serían distribuidas entre los trabajadores de fábricas.
La Milicia Nacional Bolivariana —creada por Hugo Chávez en 2007 y luego reconocida como el quinto componente de las fuerzas armadas de Venezuela— está compuesta por voluntarios y reservistas, a quienes el gobierno suele referirse como “el pueblo en armas”. Aunque Maduro no mencionó directamente la recompensa durante su discurso, expresó agradecimiento por el respaldo público de la Fuerza Armada. “Los primeros en dar un paso al frente en apoyo a este presidente obrero fueron los militares de esta patria, con sus fusiles, misiles, tanques y aviones”, afirmó.
Sus palabras coincidieron con la confirmación por parte de funcionarios estadounidenses del despliegue de los tres destructores frente a las costas venezolanas. Según la agencia Reuters, se espera que los buques de guerra lleguen en un plazo de 36 horas.
La operación forma parte de la estrategia de Trump para intensificar los esfuerzos de interdicción de drogas en la región, enfocándose en grupos criminales que Washington ha calificado como organizaciones terroristas internacionales. La misión incluye cerca de 4,000 marines estadounidenses y cuenta con apoyo directo de la Casa Blanca. Además de los destructores, el despliegue incorpora aviones de patrulla P-8 Poseidon, un submarino nuclear de ataque y otras naves de guerra para reforzar la presencia de Estados Unidos en la región.
Un alto funcionario, que habló bajo condición de anonimato, le dijo a Reuters que los principales objetivos de la operación son la recopilación de inteligencia y la vigilancia, pero advirtió que las unidades también podrían servir como plataforma para “ataques selectivos” si el entonces presidente Trump lo autorizaba. En Caracas, el Ministerio de Comunicación declinó hacer comentarios sobre el despliegue estadounidense. Maduro, sin embargo, lanzó una advertencia: “Venezuela defenderá sus mares, sus cielos y su tierra frente a la extraña e inédita amenaza de un imperio decadente”.
El anuncio de la nueva recompensa por Maduro se suma al amplio abanico de sanciones económicas impuestas por Estados Unidos en los últimos años, que incluyen un embargo petrolero y restricciones financieras contra altos funcionarios del régimen. Aunque no es la primera operación estadounidense en el Caribe, esta es una de las mayores desde la invasión de Panamá en 1989 que culminó con la captura del líder Manuel Noriega.
En esta ocasión, el Comando Sur de Estados Unidos, con sede en Doral, también confirmó la participación del Grupo Anfibio de Preparación Iwo Jima, que incluye el buque de asalto anfibio USS Iwo Jima, el buque de transporte USS San Antonio y el buque de desembarco USS Fort Lauderdale. A bordo se encuentra la 22ª Unidad Expedicionaria de Marines, con aproximadamente 4,000 efectivos capaces de llevar a cabo operaciones aéreas, marítimas y terrestres.
La fuerza incluye helicópteros, aviones de despegue corto, vehículos blindados y equipos especializados de despliegue rápido. “El despliegue es una parte integral de avanzar los intereses de nuestra nación en el extranjero y una representación dinámica de los 250 años de letalidad y excelencia en combate de nuestra Marina”, dijo el capitán Chris Farricker, comandante del Escuadrón Anfibio 8, antes de partir desde Norfolk, Virginia.
El presidente Donald Trump había convertido la lucha antinarcóticos en un pilar de su política exterior y de seguridad nacional. Según la Casa Blanca, el despliegue en el Caribe busca frenar el flujo de drogas ilegales hacia Estados Unidos y al mismo tiempo reforzar el control fronterizo. En febrero, el gobierno estadounidense designó al Cartel de Sinaloa, al Tren de Aragua de Venezuela y a otras organizaciones criminales como “entidades terroristas internacionales”.
Al mismo tiempo, Washington endureció las medidas migratorias contra presuntos miembros de carteles e incrementó la vigilancia aérea en la frontera sur.

