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Ola de calor: cómo reconocer los primeros signos y prevenir cuadros graves en niños

Belén Grazziani, The Post, Salud

Ante la llegada de temperaturas extremas, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) volvió a poner el foco en la prevención de los efectos del calor sobre la salud infantil. En sus recomendaciones para el verano, la entidad advierte que el agotamiento por calor suele ser el paso previo al golpe de calor, una urgencia médica potencialmente grave. Identificar a tiempo los síntomas y actuar con rapidez puede evitar consecuencias mayores.

Agotamiento por calor: señales de alerta temprana

El agotamiento por calor se manifiesta cuando el organismo comienza a tener dificultades para regular su temperatura. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la sudoración excesiva, la piel pálida y fresca, una sensación intensa de calor, sed marcada y sequedad en la boca. También pueden aparecer calambres musculares, cansancio extremo, debilidad, dolores abdominales, falta de apetito, náuseas o vómitos, dolor de cabeza, mareos e incluso desmayos.

Qué hacer:

La SAP recomienda ofrecer hidratación inmediata: en lactantes, pecho o fórmula con mayor frecuencia; en niños más grandes, agua. Es clave trasladarlos a un ambiente fresco y ventilado —idealmente con aire acondicionado—, quitarles la ropa, mojar el cuerpo con agua fresca y favorecer el reposo. En todos los casos, se aconseja consultar con el pediatra o acudir a un centro de salud.

Golpe de calor: una emergencia médica

El golpe de calor representa una situación mucho más grave. Se produce cuando la temperatura corporal se eleva de forma peligrosa, alcanzando o superando los 39–40 °C. Los signos incluyen piel roja, caliente y seca (por cese de la transpiración), respiración y pulso acelerados, dolor de cabeza intenso y alteraciones neurológicas como confusión, desorientación, delirios, pérdida de conciencia o convulsiones.

Cómo actuar:

La recomendación es acudir de inmediato a un servicio de emergencias o al centro de salud más cercano. Mientras se espera asistencia, se debe llevar al niño o adolescente a un lugar fresco, quitarle la ropa, enfriarlo rápidamente con agua fría y ofrecerle agua fresca solo si está consciente.

Grupos de mayor riesgo

Los niños menores de 5 años —especialmente los menores de 1— son los más vulnerables. También corren mayor riesgo quienes padecen enfermedades crónicas (cardíacas, renales o neurológicas), presentan fiebre, vómitos o diarrea, sufren malnutrición (por exceso o déficit) o tienen la piel dañada por quemaduras solares.

Hidratación y agua segura

La SAP subraya la importancia del consumo de agua segura, libre de gérmenes y sustancias tóxicas, para prevenir enfermedades diarreicas y el síndrome urémico hemolítico. Para evitar la deshidratación se recomienda beber más líquido del habitual —al menos ocho vasos diarios—, acompañar las comidas con agua y evitar bebidas azucaradas y alcohol.

En el caso de los bebés menores de seis meses alimentados exclusivamente con leche materna, no es necesario ofrecer agua adicional: aumentar la frecuencia del amamantamiento es suficiente y más seguro.

Prevención: hábitos clave durante el verano

Entre las principales medidas preventivas, la SAP aconseja no exponer al sol a menores de un año y evitar las horas de mayor calor, entre las 10 y las 16. También sugiere realizar actividad física en momentos más frescos del día, usar ropa liviana, suelta y de colores claros, cubrir la cabeza con gorro o pañuelo y llevar siempre una botella de agua para hidratarse de forma regular, sin esperar a tener sed. Durante el ejercicio, el agua debe consumirse antes, durante y después, sin reemplazarla por otras bebidas.

En línea con el cuidado ambiental, la entidad promueve el uso de botellas reutilizables, fabricadas con materiales no tóxicos y aptos para conservar la temperatura de los líquidos.

Además, recomienda prestar atención a los sistemas de alerta por colores —verde, amarillo, naranja y rojo— que difunden distintos organismos y medios, ya que cada nivel implica cuidados específicos frente al calor extremo.

Alimentación segura en épocas de altas temperaturas

El verano también incrementa el riesgo de intoxicaciones alimentarias, diarreas y síndrome urémico hemolítico, especialmente en bebés, niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas. Para reducir estos riesgos, la SAP insiste en mantener la cadena de frío de los alimentos, utilizar agua segura y reforzar el lavado frecuente de manos.

Un peligro silencioso: niños dentro de autos cerrados

Con el aumento del calor, pediatras y autoridades sanitarias alertan sobre un riesgo grave y totalmente prevenible: el golpe de calor en niños que quedan dentro de vehículos estacionados. Un auto cerrado puede funcionar como un efecto invernadero: en apenas 10 minutos, la temperatura interior puede aumentar entre 10 y 15 °C, incluso con las ventanillas entreabiertas.

Los lactantes y menores de dos años son especialmente vulnerables, ya que regulan peor su temperatura corporal y se deshidratan con rapidez. El golpe de calor en estos casos puede provocar daño neurológico, convulsiones, falla multiorgánica e incluso la muerte.

Las cifras internacionales son contundentes: en Estados Unidos se registran entre 35 y 40 muertes pediátricas por año asociadas a autos cerrados. Desde 1998, se documentaron más de mil fallecimientos por esta causa, todos evitables. En Argentina, el Ministerio de Salud y la SAP coinciden en que no existe un tiempo seguro para dejar a un niño solo dentro de un vehículo.

Mensaje clave para las familias:

– Nunca dejar a un niño solo en un auto, ni siquiera por unos minutos.

– Revisar siempre el asiento trasero antes de bajarse.

– Si se detecta a un niño encerrado en un vehículo, pedir ayuda de inmediato y llamar a emergencias.

Prevenir el golpe de calor no es solo una recomendación: es una acción que puede salvar vidas.

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