
Confieso que no me gusta haber sido testigo contemporáneo de los ‘70. Lo digo porque si hubiera nacido después sería más joven. Pero tengo la edad que tengo y con ella viene adjunta la memoria que viví y los hechos de los que fui testigo.
Yo estaba en el colegio en aquellos años y el mayor recuerdo que tengo es el del miedo.
Tener miedo a los 12 o 13 años es horrible. Me refiero al miedo de salir a la calle. Todos los días la television mostraba bombazos, autos ametrallados, noticias de secuestros, de asesinatos, de “partes de guerra” que a mi me sonaban exóticos.
Había organizaciones que habían iniciado esa guerra con acciones cotidianas. Moría gente de todos los colores: policías, verduleros, mozos de bar, militares, floristas, empresarios, viejitos que caían con cama y todo al derrumbarse el departamento en que vivían a causa de un bombazo.
Gobernaba el peronismo y quienes decían estar en guerra para imponer un gobierno obrero también eran peronistas. Perón había apoyado con cartas públicas toda esa insurgencia, incluida la de grupos que no eran peronistas sino que actuaban con la intención de instaurar una dictadura del proletariado de cuño cubano, país que financiaba sus operaciones y sus entrenamientos.
Recuerdo la impresión que me daban las fotos de los diarios: cuerpos baleados desparramados por la calle, algunos mutilados cuando la causa de su muerte era haber estado en el momento incorrecto en el lugar incorrecto en que había estallado una bomba.
Casi no había día en que no se difundiera un noticia de este tipo. Una de las cuestiones que más me llamaban la atención eran, justamente, los “partes de guerra” (ellos mismos los llamaban así) de las organizaciones que cometían los crímenes. Y me llamaba la atención porque esos grupos en esos “partes” reivindicaban la autoría de los hechos. Unos años después -ya con mas capacidad para pensar por mi mismo- entendí que aquellos comunicados difundían el “orgullo” por lo que se había hecho.
No tenían vergüenza por el crimen y por las matanzas. Al contrario, los asumían como victorias en las batallas de su guerra.
Recuerdo que uno de los lemas de los asesinos era “Luche y Vuelve”, refiriéndose al regreso de Perón. Por eso creí que cuando Perón volviera quizás se podría empezar a vivir tranquilo.
Pero la tarde en que el viejo General regresó en 1973 fue un aquelarre. El peronismo estaba en el gobierno y el presidente era Hector J. Cámpora. Nunca se supo lo que verdaderamente ocurrió allí, a unos kilómetros del aeropuerto de Ezeiza.
Las imágenes en blanco y negro de la televisión eran truculentas. En el escenario que se había montado en el camino al aeropuerto gente armada exhibía sus fusiles y levantaba de los pelos a los compañeros a los que querían salvar de otras hordas que buscaban matarlos.
Perón nunca pisó Ezeiza. Su avión fue desviado al aeropuerto militar de Moron. Allí viajaba el presidente Cámpora, que había ido a Madrid a buscar al líder.
En el enfrentamiento entre el socialismo peronista y el nazismo peronista murieron cientos, quizás miles. Nunca hubo una cifra oficial ni una investigación sobre lo que había ocurrido. Hubo testimonios de gente que dijo haber visto personas colgadas de los árboles, ahorcadas hasta morir.
Recuerdo que Perón habló aquel día con tono sombrío acerca de lo que había ocurrido. Nunca dijo que quien lo había provocado había sido él mismo, estimulando e incentivando aquellos mismos grupos que, con la excusa de recibirlo, se trenzaron en un enfrentamiento de un odio sin fin.
Estaba claro que con Perón en la Argentina, Cámpora no duraría mucho en la presidencia. Solo estuvo al frente del país 53 días. En esos 2 meses se vaciaron las cárceles de muchos delincuentes que habían matado a diestra y siniestra y que habían sido juzgados por jueces civiles a los que luego persiguieron hasta matarlos en señal de venganza.
Recuerdo a la esposa del Juez Quiroga, hablando aterrorizada por television, temiendo por lo que pudiera ocurrirle a su esposo que era el presidente de la Cámara Federal en Penal que había enviado a la cárcel a muchos de aquellos asesinos. Quiroga voló por los aires tan solo unas semanas después.
Cámpora convocó a elecciones que Perón ganó por una acorralada de votos, en compañía de su mujer, “Isabelita”, como vicepresidente.
Pero la “lucha” del “Luche y Vuelve” no terminó cuando Perón volvió. Al contrario, todo se recrudeció. Inseparables compañeros de Perón -como el secretario general de la CGT, José Rucci, que había ido a buscarlo a Madrid en un primer regreso fugaz en 1972 y que pasó a la historia sosteniendo un paraguas para cubrir al viejo jefe bajo la intensa lluvia que caía en la pista del aeropuerto aquella tarde- comenzaron a morir en las calles bajo una lluvia de balas.
Desde los balcones de la Casa Rosada en junio de 1974 Perón prometio hacer tronar el escarmiento. A los pocos días murió y la presidencia pasó a manos de “Isabelita”.
Recuerdo que al poco tiempo se conoció el decreto que le imponía a las Fuerzas Armadas el deber de “aniquilar” a los grupos subversivos que ya estaban actuando en Tucumán con la pretension de declarar a esa provincia un territorio revolucionario autónomo y reclamar el reconocimiento de la Naciones Unidas.
La cantidad de gente que murió a partir de allí -de un lado y otro- fue tremenda. La CONADEP registró poco más de 8000 casos de muertes o desapariciones entre las filas terroristas. El CELTYV constató más de 17000 hechos criminales, con casi 2000 muertos a manos de las organizaciones subversivas.
En marzo de 1976 el presidente de la UCR, Ricardo Balbín dijo no tener soluciones para el caos que era el país. Junto con Fernando De La Rua habían visitado pocos días antes a Lorenzo Miguel -el dirigente sindical peronista- para pedirle que apoyara un traspaso del poder a Italo Luder, que era presidente del Senado, hasta llamar a elecciones y salvar la continuidad democrática.
Miguel fue tajante: “No, doctor, si los milicos nos quieren echar que nos echen, pero no vamos a apoyar la idea que tienen ustedes”.
Finalmente, el 24 de marzo, una junta militar derrocó a Isabelita y tomó el poder. El kirchnerismo, de la mano de Néstor Kirchner, reescribió toda esta historia de la que fui testigo desde mi temprana adolescencia hasta mi primera adultez.
Vendió el bulo de que, no solo la “verdadera” democracia había empezado con él,(tendiendo un puente directo entre el ultimo presidente militar Reynaldo Bignone y él mismo), sino que lo que había ocurrido en la Argentina era un plan sistemático de eliminación y desaparición de jovenes disidentes que tenían ideas progresistas insoportables para un conjunto de militares fascistas.
La base de ese cuento se transformó en una historia oficial que fue pulida por cientos de pedagogos e ideólogos pagos que inventaron una narrativa de romantización de los ‘70 y la convirtieron en un descarado adoctrinamiento escolar. Miles de chicos fueron seteados bajo una mentira desopilante. Fueron convertidos en burros históricos. Se les borró a propósito de la mente la posibilidad de saber lo que había ocurrido en realidad.
No encuentro una materialización del odio mayor que esa: elaborar un tremendo cuento al que se le agregaron detalles y envoltorios que facilitaran su digestion y procesamiento, probablemente sea el acto de mayor crueldad que una organización estatal pueda cometer. Si realmente existiera tal cosa como un delito de lesa humanidad, sería precisamente ese: el haber inventado un relato falso e imponerlo con forceps para dar nacimiento a dos o tres generaciones de resentidos.
Si a eso se le suma el componente económico (nunca ausente en la existencia de los Kirchner) que robó millones de dólares de los sufridos bolsillos de los argentinos para entregárselos a los homicidas de los’70 en calidad de “indemnización” mientras que los familiares de quienes volaron por el aire víctimas de las bombas de aquellos viven vidas miserables, las nauseas que uno siente alcanzan niveles próximos al vómito.
El gobierno del presidente Milei hizo un esfuerzo para poner sobre la mesa un video que intenta relatar parte de lo que ocurrió de verdad. De aquellos hechos que, en mi temprana adolescencia, me tenían muerto de miedo y rodeado de recomendaciones para andar por la calle.
Mientras la narrativa de lo que verdaderamente pasó no llegue a las mentes de los argentinos que aun tienen la suerte de ir al colegio, no habrá 24 de marzos justos en la Argentina. Mientras los profesionales que pulieron la mentira en bruto que Kirchner ensayó como primer eslabón de su construcción política, no sean señalados como verdaderos criminales por haber aniquilado el acceso a la verdad de millones de chicos que crecieron bajo la influencia de un embuste, la Argentina podrá recuperarse económicamente, sus números macro podrán ser un ejemplo mundial, pero la pudrición de la materia pensante no se habrá arreglado.
Actuar en ese terreno difícil -rodeado de demagogias y de interesados cobradores de dineros públicos- debería ser la primera prioridad de un gobierno que no solo quiera ordenar la economía temporalmente sino salvar al país del resentimiento que lo llevó a encallar en el más sucio de los barros.
Brillante tu comentario Carlos, absolutamente preciso. Tengo unos años más que vos e hice el servicio militar desde el 01/04/75 hasta 02/04/76, por lo que lamentablemente, mis temores fueron moyores que los tuyos. Desapego total del rigor histórico del kirschnerismo y sus acólitos, como no podía ser de otra forma; gente floja de valores. Muchas gracias
Bienvenido de vuelta, señor Mira, se lo extrañó demasiado. Sucedieron muchas cosas que hubieran requerido sus siempre acertados enfoques. Leer los diarios tradicionales también provoca náuseas en muchos casos. Y también muchos medios digitales. Es una lástima que no publique sus necesarios editoriales de lunes a viernes. Y extrañamos su programa de radio.
Gracias por esta nota, Charly, que refleja con exactitud lo que vivimos y la verdad completa. Siempre llena el alma leerte, casi no hay periodistas que transmitan la verdad como vos!
Da gusto leer al Dr. Mira
Brillante, como siempre. Esta en la radio? me gustaria escucharlo
Muy claro como siempre
Muy claro como siempre !
Hola Charly; lo del miedo era tremendo. Estábamos amenazados que nos secuestraran. Pero además cuando entré a la facultad me cuidaba de no tener amigos que no conociera de antes, porque hubo varios casos en los cuales estos terroristas habían puesto bombas a través de lis amigos de los hijos. Eso afectó sin duda mi vida