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La Argentina frente a una ola de intangibles

La Argentina está atravesando uno de esos momentos en donde no hay un hecho que concite la atención prácticamente unánime de la sociedad sino una suma de pequeños eventos que individualmente considerados no tienen el peso para mover el amperímetros de nadie pero que, sumados, generan un tufillo raro que, sin que uno pueda explicar muy bien por qué, han enturbiado el ambiente de optimismo que había nacido en diciembre de 2023 y que se profundizó notoriamente a partir del invierno de 2024 y hasta enero de 2025.

Luego de un cenit de entusiasmo en diciembre de 2024, sin sobresaltos en las calles, con la inflación en baja y el dólar planchado, una serie de errores no forzados del gobierno (ninguno de los cuales, repito, tenía que ver con los pilares del rumbo propuesto por el presidente) generaron una zozobra medio inexplicable que, unida a otras incertidumbres, produjeron el presente estado mental de la sociedad.

Todo empezó en Davos, cuando Milei se embarcó en una furibunda crítica a la agenda global “woke”. ¿Hay que desmantelar ese conjunto de disparates? Respuesta: sí, hay que hacerlo. ¿Era Davos el escenario y la oportunidad para hacerlo? Respuesta: no, no lo era.

Nadie duda que la profundidad que ha alcanzado la penetración de esos disparates constituyen, en última instancia, la verdadera razón de por qué luego no te dan los números.

Yo sé que muchos pueden creer que la agenda de género, por ejemplo, está completamente desconectada de las concepciones que aseguran la salubridad de las cuentas fiscales. Pero lo cierto es que no: la concepción con la que uno encare esos temas terminan repercutiendo en los bolsillos públicos porque los miles de curros a los que dan lugar esos dislates con nombres simpáticos pero que no son otra cosa que el camuflaje de un conjunto de vivos, terminan desfondando el Tesoro Público con las consecuencias conocidas por todos.

No obstante, lo de Davos -por las formas y la oportunidad- fue un error que inauguró una cadena de tropiezos que no se sabe aún si han terminado.

Luego llego la recomendación presidencial para entrar en el negocio de la criptomoneda LIbra. Este es uno de esos típicos casos que reúnen todos los condimentos de un enorme y pernicioso barullo (aprovechable, naturalmente, por una oposición perdida y sin argumentos pero que tiene la malicia de reconocer lo que se puede lograr con un cóctel que combine una larga colección de embustes por un lado y una ladina especulación con la ignorancia técnica de la mayoría de la gente, por el otro) pero que si se lo analiza fríamente es una enorme bola de humo.

En primer lugar, el caso Libra no involucró un solo centavo público. En segundo lugar, creo que no hay, entre los que pudieron perder plata, un solo argentino, y si lo hay es alguien que se mueve en un mundo híper pequeño completamente alejado de las operaciones normales del hombre común y que conoce perfectamente los riesgos que conllevan esos mercados.

La reacción de la oposición peronista intentando equiparar lo que escribió el presidente en un posteo de X con el enorme trasiego de fondos públicos que el peronismo ha hecho sistemáticamente desde hace 80 años, solo sirve para probar la conciencia que esa gente tiene de lo que ha robado y la necesidad de encontrar un elemento que les permita decir que los demás son iguales a ellos.

Ya lo habían hecho con Macri y lo están repitiendo ahora. Pero, reitero, eso no es otra cosa más que una admisión tácita de que necesitan trasmitir la idea de que si bien ellos son unos ladrones, los demás también lo son.

Pero sería necio negar que el episodio generó un desasosiego al que se le intentó aplicar remedios que fueron perores que la enfermedad, como el frustrado “reportaje” de Jony Viale al presidente en la Casa Rosada, que confirmó la influencia no siempre lúcida de Santiago Caputo.

A estos intangibles se suma la incertidumbre que genera en el mercado el acuerdo con el FMI y las posibles derivaciones cambiarias que ese convenio pueda tener. Si bien la llegada de fondos que limpien definitivamente el balance del BCRA (arruinado y puesto en posición de virtual quiebra por el gobierno kirchnerista) puede contribuir a la salida del cepo -una anormalidad siempre pero mucho más en un gobierno liberal- el costado que un sector del mercado sospecha es que eso pueda venir acompañado de un salto que ajuste el tipo de cambio.

La Argentina debe vivir de una vez por todas como un país normal. No es posible que las transacciones sobre una mercadería estén intervenidas por las acciones del gobierno y que los particulares no puedan establecer los precios de esas transacciones. Ese esquema forzado no puede perdurar. Es más, es milagroso que haya durado casi 6 años ya.

Lo que se haya en la base de la explicación que sostiene la perdurabilidad del cepo es la escasez de dólares. Y la escasez de dólares se explica por la falta de confianza.

Los dólares aparecen cuando la confianza pública es mayor que el riesgo de guardar los dólares a tasa cero. La tasa cero se impone cuando no ganar nada por los dólares guardados es más negocio que apostarlos en un clima de generalizada desconfianza. Es más, hay quienes dicen que, en ese caso, la tasa de retorno no es en realidad, cero sino que es positiva porque hay que compararla contra lo que se habría perdido si la confirmación de los eventos que provocaban la desconfianza hubiera hecho que los dólares se esfumaran.

Los argentinos tienen dólares. La que no tiene dólares es la Argentina. Mi impresión es que si las condiciones de un acuerdo con el FMI permiten dar solidez a una economía cada vez mas “normal”, el tipo de cambio real (y ahora completamente libre) tendería a bajar y no a subir porque la afluencia de dólares al sistema apoyada en la confianza que genera un horizonte de políticas civilizadas aumentaría la oferta de divisas en el mercado y eso equilibraría o incluso bajaría su precio. Pero, bueno, estas son especulaciones basadas en intangibles. 

Si uno mira bien todo el escenario advierte que estamos en un momento en donde cuestiones completamente inasibles (el “caer mal” del discurso de Davos, la explotación ignorante de la pifia con Libra, la “brillantísima” idea de Caputo de interrumpir un reportaje y la desconfianza de la sociedad en lo que pueda resultar del acuerdo con el Fondo) son las que marcaran el destino del gobierno y del país en este año electoral.

La gran paradoja de todo esto es que siempre es así: los giros y contagios de un país raramente son causados por un estrépito puntual sino que, más bien, son provocados por una suma de hechos imperceptibles, de poca monta cuando se los contempla de a uno, pero que adquieren la fuerza de un torrente cuando, mágicamente, los pliegues insondables del cerebro humano decide hacer algo con todo eso junto.

Por Carlos Mira

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3 thoughts on “La Argentina frente a una ola de intangibles

  1. A

    “Pero sería necio negar que el episodio generó un desasosiego al que se le intentó aplicar remedios que fueron perores que la enfermedad…” NADIE entiende qué fue lo que sucedió, se dice “O bien es un garca, o bien es un boludo”. No había ninguna necesidad de cometer semejante error, es todo muy extraño. Es obvio que hay algo que él (Milei) no está diciendo. Sin mencionar que ya había sucedido algo “parecido” años atrás.

  2. Carlos

    Para mi dde q se abandono una cierta
    Moneda Reserva de Valor como era el
    Peso convertible fue un error gravisimo
    Por parte de Duhalde se multiplico la
    Pobreza comedores populares y delincuencia en Amba en gran medida
    Creo q fue Lenin q dijo “si quieres destruir un Pais 1ro destruye su Moneda

  3. Juan

    Q puede hacer un jubilado hoy sin
    Delinquir multiplicar yogur natural tener
    Albahaca en macetas tambien romero
    Puede pescar si vive en zona cercana de
    Pesca puede sembrar una huerta si tiene
    Un espacio de tierra puede cocinar en
    Lugar de ir a Restaurants caros q va a
    Dilapidar su escualida jubilacion

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