
Natalia Schneider, The Post, Economía
El arranque de 2026 encuentra a la economía argentina atravesada por una brecha evidente entre la mirada oficial y las proyecciones privadas. El Presupuesto aprobado recientemente refleja una opinión confiada sobre inflación, actividad y tipo de cambio, pero los números que maneja el mercado cuentan otra historia, bastante menos ambiciosa.
Uno de los puntos donde la distancia es más clara es el dólar. Según las estimaciones oficiales, el tipo de cambio promedio del año rondaría los $1423. Sin embargo, tanto el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central como las consultoras privadas ubican ese valor sensiblemente más alto, en torno a los $1700. El consenso mensual de LatinFocus, que reúne proyecciones de más de 50 bancos y consultoras locales e internacionales, calcula que el dólar mayorista cerrará 2026 cerca de los $1746, lo que implicaría una suba anual superior al 20%. Firmas como Empiria y Ecolatina incluso estiran ese rango hasta la zona de $1800.
En paralelo, el Gobierno inició el año con un ajuste relevante en el esquema cambiario: desde el 2 de enero, los límites de las bandas dentro de las que flota el dólar oficial comenzaron a actualizarse automáticamente según la inflación pasada. La medida apunta a ganar flexibilidad y facilitar un proceso más sostenido de acumulación de reservas.
La inflación es otro de los ejes donde el contraste resulta notorio. El Ministerio de Economía proyectó una suba de precios del 10,1% para todo 2026, una cifra que el mercado considera poco realista. El REM del BCRA elevó la estimación promedio al 19,1%, mientras que distintas consultoras plantean escenarios que van desde un piso del 16% hasta un techo cercano al 26%.
Desde EcoGo señalaron que un resultado más benigno dependería de un ingreso de capitales mayor al esperado, especialmente del sector privado. En esa misma línea, María Castiglioni, directora de C&T Asesores Económicos, estimó una inflación anual del 16%, apoyada en un contexto de mayor estabilidad cambiaria, superávit comercial y menor necesidad de financiamiento monetario del Tesoro.
El crecimiento económico también muestra lecturas divergentes. El Presupuesto nacional plantea una expansión del PBI del 5%, pero las proyecciones privadas se mueven en un rango más acotado. El REM arrojó una expectativa del 3,3%, mientras que varias consultoras ubican el crecimiento entre 2,5% y 4%.
Desde IOL Inversiones, en su informe “Perspectivas 2026”, destacaron el repunte del Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) de septiembre como un dato alentador y sostuvieron un escenario base de crecimiento cercano al 4%, siempre que se consoliden la estabilidad macro, la confianza y la recuperación del crédito.
El diagnóstico más crítico llegó desde la consultora Outlier, que cuestionó la consistencia general del Presupuesto. Según su análisis, el proyecto no logra respaldar con números el discurso oficial y presenta problemas de credibilidad. Además, advirtieron que varias de las proyecciones macroeconómicas resultan excesivamente optimistas, no solo para 2026, sino incluso para 2025, año que sirve como base para los cálculos presentados.
Así, mientras el Gobierno apuesta a un sendero de rápida desinflación, crecimiento robusto y dólar contenido, el mercado prefiere caminar con cautela. La diferencia entre ambos enfoques marca, una vez más, que el principal desafío no pasa solo por definir un rumbo, sino por convencer de que los números cierran.
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