
Ignacio Urkia, The Post – Deportes
New Delhi, Dic. 15, 2025.- El GOAT Tour 2025 tuvo en Nueva Delhi su punto final y, con él, una postal que quedará grabada en la memoria del fútbol indio. Lionel Messi cerró su paso por el país asiático ante un estadio Arun Jaitley colmado, envuelto en una ovación permanente y con una promesa que encendió la ilusión local: volver algún día para disputar un partido. Fue una despedida emotiva, cercana y multitudinaria, muy distinta al clima enrarecido que había marcado etapas previas de la gira.
El contraste fue evidente si se tiene en cuenta lo ocurrido días antes en Calcuta. Allí, un acto masivo en el estadio Salt Lake terminó de manera abrupta tras incidentes en las tribunas, con quejas por problemas de seguridad, visibilidad deficiente y precios elevados. La situación derivó en la detención del promotor del evento y en el anuncio de una investigación oficial por parte de las autoridades regionales. Nueva Delhi, en cambio, ofreció una organización ordenada, un recibimiento festivo y un desarrollo sin sobresaltos, con música, una ceremonia protocolar y un partido de celebridades como antesala del encuentro con el público.
En el centro de la escena estuvo Messi, que asumió un rol activo durante toda la jornada. El capitán argentino compartió tiempo con 25 jóvenes futbolistas de la Academia Minerva, dialogó con referentes del deporte local y recibió homenajes simbólicos. Jay Shah, presidente de la Junta de Críquet de la India, le entregó una camiseta del seleccionado de ese país con el número diez, mientras que Luis Suárez y Rodrigo De Paul recibieron las casacas nueve y siete. También participaron figuras como Baichung Bhutia, histórico capitán de la selección india, además de autoridades y atletas de distintas disciplinas.
La dimensión del fenómeno Messi también se reflejó en cifras que sorprendieron incluso en un mercado acostumbrado a los grandes eventos. Según informó el organizador, una experiencia premium que incluía saludo personal, foto individual, ubicación preferencial y una camiseta de la selección argentina firmada alcanzó valores superiores a los 11.000 dólares. En ámbitos corporativos, algunos encuentros privados llegaron a cotizar hasta un crore de rupias, cerca de 120.000 dólares. Para el público general, las entradas arrancaban en torno a las 3.500 rupias, unos 42 dólares.
La agenda del rosarino en la capital india incluyó reuniones privadas con altos funcionarios, como el presidente del Tribunal Supremo y el jefe del Estado Mayor del Ejército, en la residencia de Praful Patel, ex titular de la Federación India de Fútbol. La única ausencia notoria fue la del primer ministro Narendra Modi, quien había iniciado una gira internacional poco antes de la llegada del astro y no pudo concretar el encuentro previsto.
Además del evento central, Messi participó de una activación organizada por Adidas en el complejo histórico de Purana Qila, junto a destacadas figuras del deporte indio como Rohit Sharma, Nikhat Zareen y Sumit Antil. La gira se completó con pasos por Mumbai —donde hubo encuentros con personalidades del deporte y del cine— y por Hyderabad, una de las sedes mejor valoradas en términos organizativos.
El momento más esperado llegó cuando Messi tomó el micrófono y se dirigió a los hinchas en español. Agradeció el cariño recibido, destacó la intensidad de la experiencia y dejó una frase que desató la euforia: la posibilidad de regresar, ojalá para jugar. El estadio respondió con minutos de aplausos y cánticos, en una escena que confirmó la magnitud de su figura en un país donde el fútbol crece al calor de su nombre.
Hubo también postales que rápidamente se viralizaron. Una de ellas mostró a Rodrigo De Paul actuando como improvisado custodio para facilitar que un niño se acercara a Messi para una foto. Junto a Suárez, el capitán argentino recorrió el campo, firmó camisetas y se mostró accesible, mientras desde las tribunas se escuchaba, entre risas y nostalgia mundialista, el ya célebre “¿qué mirás, bobo?”.
Catorce años después de su última visita, Messi se despidió de la India dejando algo más que recuerdos. Dejó una promesa abierta y la sensación de que, incluso en tierras donde el críquet manda, el fútbol también puede encontrar en él a su mayor embajador.

