
Desde aquel primer enfrentamiento oficial de 1913 hasta la histórica final de la Copa Libertadores en Madrid, el Superclásico argentino construyó una leyenda que supera las fronteras del deporte. Grandes jugadores, goles inolvidables, victorias épicas, polémicas y tragedias forman parte de una rivalidad que paraliza a la Argentina y convoca la atención del mundo.
Nacho Urkía, The Post FMGN Press, Deportes
Hay partidos de fútbol que se juegan durante 90 minutos y hay otros que comienzan mucho antes del pitazo inicial y continúan durante décadas en la memoria colectiva. River Plate-Boca Juniors pertenece, sin discusión, a la segunda categoría. Es el Superclásico argentino, una de las rivalidades más intensas y reconocidas del fútbol mundial, un enfrentamiento que combina identidad, historia, pertenencia barrial y una pasión difícil de explicar a quien nunca vivió el fútbol argentino.
La historia tiene un origen común: ambos clubes nacieron en el barrio porteño de La Boca, a comienzos del siglo XX, en una zona profundamente vinculada con la inmigración y la cultura popular. River Plate fue fundado en 1901 y Boca Juniors en 1905. Con el tiempo, sus caminos deportivos y sociales tomaron direcciones diferentes, pero aquella cercanía geográfica fue el punto de partida de una rivalidad que terminaría convirtiéndose en un fenómeno internacional.

El primer enfrentamiento oficial se disputó el 24 de agosto de 1913, en la cancha de Racing Club, donde Boca actuó como local. River ganó 2-1, con goles de Cándido García y Antonio Ameal Pereyra. Aunque existen registros de encuentros amistosos anteriores, aquella jornada quedó establecida como el nacimiento formal del Superclásico.
La rivalidad se convierte en leyenda

Con la llegada del profesionalismo en 1931, el enfrentamiento adquirió otra dimensión. Los dos clubes comenzaron a consolidarse como protagonistas del fútbol argentino y sus partidos se transformaron progresivamente en acontecimientos deportivos y sociales.
En las décadas siguientes, River construyó equipos memorables. La célebre Máquina de los años cuarenta, con figuras como Adolfo Pedernera, José Manuel Moreno, Ángel Labruna, Juan Carlos Muñoz y Félix Loustau, representó una de las expresiones futbolísticas más admiradas de la época. Boca, por su parte, consolidó una identidad competitiva, con una hinchada que convirtió a la Bombonera en uno de los escenarios más reconocibles del fútbol internacional.
Uno de los nombres fundamentales de esta historia es Ángel Labruna, máximo ídolo riverplatense y protagonista de innumerables enfrentamientos. Su figura quedó asociada para siempre con la rivalidad y con la historia del club de Núñez.
En 1941, River consiguió una de sus victorias más recordadas: un contundente 5-1 sobre Boca en el Monumental, con una actuación colectiva que quedó como referencia de aquel equipo extraordinario.
Pero el Superclásico también comenzó a construir su leyenda a través de partidos cargados de tensión, expulsiones, discusiones y episodios que alimentaron una rivalidad cada vez más profunda.
1968: la tragedia de la Puerta 12

La historia del Superclásico tiene también una de sus páginas más dolorosas. El 23 de junio de 1968, después de un empate sin goles en el Monumental, una multitud intentó abandonar el estadio por la Puerta 12. En una circunstancia que nunca terminó de esclarecerse completamente, se produjo una avalancha que provocó la muerte de 71 personas y dejó numerosos heridos.
La tragedia, una de las mayores catástrofes de la historia del fútbol argentino, permanece como un recuerdo imborrable y una advertencia sobre la importancia de la seguridad en los espectáculos deportivos. Aquella jornada no pertenece a los festejos ni a las estadísticas: es una herida compartida por el fútbol argentino.
1986: la pelota naranja y una tarde inolvidable
Si existe una imagen que los hinchas de River conservan como una de las más emblemáticas de la rivalidad, es la del Superclásico disputado el 6 de abril de 1986 en la Bombonera.
River llegaba como campeón y dio la vuelta olímpica antes del encuentro. Después, Norberto Alonso, uno de los máximos ídolos de la institución, marcó dos goles en la victoria por 2-0. El segundo quedó inmortalizado por una particularidad: se convirtió con una pelota naranja, utilizada debido a las condiciones del campo de juego.

La imagen de Alonso levantando los brazos y la pelota de color naranja se transformó en una postal histórica del fútbol argentino.
Ese mismo año, River conquistaría por primera vez la Copa Libertadores y posteriormente la Copa Intercontinental, completando una de las temporadas más importantes de su historia.
Los noventa: goles, remontadas y emociones extremas
La década de 1990 ofreció algunos de los capítulos más espectaculares del Superclásico.
En 1994, River goleó 3-0 a Boca en la Bombonera, con tantos de Enzo Francescoli, Ariel Ortega y Marcelo Gallardo. Fue una victoria especialmente significativa porque reunió a tres generaciones de grandes futbolistas riverplatenses y dejó una marca profunda en la memoria de sus hinchas.
Pero uno de los encuentros más emocionantes llegó en 1997. En el Monumental, River perdía 0-3 frente a Boca y parecía condenado a una derrota contundente. Sin embargo, protagonizó una remontada extraordinaria y terminó empatando 3-3. El cabezazo de Celso Ayala, que selló la igualdad, quedó entre las imágenes más recordadas de aquella década.
Del otro lado, Boca también tuvo momentos de enorme trascendencia. Bajo la conducción de Carlos Bianchi, el equipo comenzó a construir a fines de los noventa y principios de los 2000 uno de los ciclos más exitosos de su historia, con figuras como Juan Román Riquelme, Martín Palermo, Guillermo Barros Schelotto y Carlos Tevez.
Boca y sus noches de gloria: la era Bianchi
Entre 2000 y 2004, Boca protagonizó uno de los períodos más brillantes de su trayectoria. Con Carlos Bianchi como entrenador, el equipo conquistó varias Copas Libertadores y dos Copas Intercontinentales, y también protagonizó enfrentamientos memorables contra River.
En la Libertadores de 2000, Boca eliminó a River en los cuartos de final. Después de perder 2-1 el partido de ida, se impuso 3-0 en la Bombonera, en una noche inolvidable. Martín Palermo, que regresaba de una larga lesión, ingresó en el segundo tiempo y convirtió uno de los goles. Juan Román Riquelme, por su parte, fue una de las grandes figuras de aquella eliminatoria.
En 2004 volvieron a encontrarse en las semifinales de la Copa Libertadores. Boca ganó 1-0 en la Bombonera y River se impuso por el mismo resultado en el Monumental. La clasificación se definió por penales y terminó favoreciendo al equipo xeneize, en una serie que quedó marcada por la expulsión de Ariel Garcé, la reacción de Marcelo Gallardo y los festejos de los jugadores de Boca.
Aquella eliminatoria confirmó que el Superclásico podía alcanzar su máxima intensidad incluso cuando estaba en juego una final continental.
2015: el escándalo de la Bombonera

Otro episodio que dio la vuelta al mundo ocurrió en mayo de 2015, durante los octavos de final de la Copa Libertadores.
River había ganado 1-0 el partido de ida en el Monumental. En la revancha, disputada en la Bombonera, el encuentro fue suspendido durante el entretiempo después de que jugadores riverplatenses fueran agredidos con una sustancia irritante arrojada desde una manga cuando regresaban al campo de juego.
El episodio tuvo repercusión internacional. La Conmebol resolvió descalificar a Boca y River avanzó a los cuartos de final. Fue uno de los momentos más controvertidos y lamentables de la historia reciente de la rivalidad.
2018: la final que cambió la historia

Si existe un acontecimiento que llevó al Superclásico a una dimensión sin precedentes, fue la final de la Copa Libertadores de 2018.
Por primera vez, River y Boca se enfrentaron para definir directamente el título más importante del fútbol sudamericano. La expectativa fue extraordinaria y la repercusión internacional, enorme.
El partido de ida se disputó el 11 de noviembre en la Bombonera y terminó 2-2. Boca se puso dos veces en ventaja, pero River logró igualar en ambas ocasiones, con goles de Lucas Pratto y Carlos Izquierdoz en contra.
La revancha debía jugarse en el Monumental, pero los incidentes ocurridos en las inmediaciones del estadio, durante el traslado del micro de Boca, obligaron a suspender el encuentro. Finalmente, la Conmebol decidió trasladar la definición a Madrid.
El 9 de diciembre de 2018, en el estadio Santiago Bernabéu, se disputó un partido que quedó para siempre en los libros del fútbol mundial.
Boca se adelantó con un gol de Darío Benedetto, pero Lucas Pratto consiguió el empate para River. El encuentro llegó al alargue y allí apareció Juan Fernando Quintero, con un extraordinario remate desde afuera del área que puso el 2-1. En los últimos instantes, Gonzalo Martínez marcó el tercero, con el arco rival desprotegido.
River ganó 3-1 y conquistó la Copa Libertadores frente a su eterno adversario. Para el club de Núñez fue una consagración histórica. Para Boca, una derrota especialmente dolorosa. Para el fútbol mundial, un acontecimiento difícil de repetir.
Una rivalidad que no conoce fronteras
A lo largo de más de un siglo, River y Boca construyeron una historia que excede largamente los resultados. Sus estadios, el Monumental y la Bombonera, son escenarios reconocidos internacionalmente. Sus camisetas, sus ídolos y sus canciones forman parte de la cultura popular argentina.
La rivalidad también se alimenta de nombres propios: Labruna, Alonso, Francescoli, Ortega, Gallardo y Enzo; del lado de Boca, Rattín, Riquelme, Palermo, Guillermo Barros Schelotto, Tevez y tantos otros. Cada generación tiene sus héroes y sus recuerdos.
No existe un único Superclásico que resuma toda esta historia. Para un hincha de River, puede ser la pelota naranja de Alonso, la remontada del 3-3 o la noche de Madrid. Para uno de Boca, la eliminación de River en 2000, las conquistas de la era Bianchi o tantas victorias en la Bombonera.
Lo cierto es que cada nuevo enfrentamiento agrega un capítulo a una historia que comenzó en las calles de La Boca y terminó convirtiéndose en una de las grandes marcas de identidad del deporte argentino.
River-Boca no es solamente un partido. Es historia, cultura, pasión y una rivalidad que, más de cien años después de su primer encuentro oficial, sigue despertando una emoción que difícilmente pueda compararse con otra en el mundo.
Si querés apoyar a The Post Argentina, podés hacerlo desde aquí.

