
Por Der Kommentator, para The Post
En esta oportunidad dejaremos momentáneamente los comentarios de índole local para adentrarnos en la geoestrategia global y analizar por qué ciertas cosas ocurren, a veces sin que se entiendan del todo, y cómo influyen en la política y los sucesos internos.
A lo largo de la historia de la humanidad, han existido momentos decisivos en los que determinados hechos marcan un quiebre y proyectan a sus ejecutores, responsables o ideólogos como próceres, héroes o personajes de fama —buena o mala. Winston Churchill, Eisenhower, De Gaulle y otros referentes nunca hubiesen sido considerados héroes sin la Segunda Guerra Mundial y el ascenso del nazismo. Alemania no sería lo que es hoy sin el Plan Marshall, la reconstrucción titánica de su pueblo y la destrucción previa provocada por la guerra. La energía nuclear habría crecido exponencialmente si no hubiese existido Chernóbil. El Muro de Berlín no habría caído sin el colapso económico y social de la Unión Soviética, ni sin un líder como Gorbachov que comprendió lo insostenible de ese aislamiento.
Hechos como estos —y muchos más— definieron un antes y un después. Hoy son vistos como acontecimientos que moldearon el contexto global: la OTAN, Europa y Estados Unidos como sistema de defensa conjunta, el dólar como moneda ancla del comercio internacional, la creación de la Unión Europea y, más tarde, del euro como moneda única en competencia directa con el dólar. Cada uno, bisagra en el concepto global.
Todos estos hechos produjeron una situación conocida como momentum.
Por definición, el “momentum” ocurre cuando diversas variables se alinean en un determinado periodo y redefinen el futuro de una sociedad, un país, una tecnología, un modo de vida o un status quo. Es un instante de quiebre. No siempre es positivo: los hubo también negativos. Habitualmente, el momentum surge de situaciones adversas que aceleran la convergencia de variables dispersas.
Tampoco es necesariamente un fenómeno global. Puede darse a nivel personal o familiar. Una simple mala nota escolar, sumada a otros factores convergentes, puede despertar en un adolescente un deseo de superación. Los momentum ocurren cuando alguien interpreta que es el momento exacto para un cambio significativo, y cuando otros —sociedad o individuos— lo perciben de la misma manera. Las variables se alinean.
Pongamos un ejemplo sencillo: una persona enferma durante años, que finalmente encuentra una cura. De pronto siente que llegó su momentum para rehacer su vida. Toma decisiones que antes no podía o no quería tomar. Si reemplazamos “persona” por “país”, estamos frente a una situación comparable con la Argentina.
Luego de esta introducción, vamos al punto: Argentina, Milei y los argentinos.
Conscientes o no, todos están ingresando en un momentum histórico. ¿Por qué? ¿Qué hizo la Argentina, los argentinos o Milei para lograrlo? Nada extraordinario. Solo estar en el lugar preciso, en el momento justo, y tomar —o aceptar— dos o tres decisiones correctas.
Veamos las variables que se alinean:
Variable 1:La invasión de Rusia a Ucrania activa a la OTAN y a Europa, que apoya a Kiev con logística y armamento. Estados Unidos duda, intenta mediar sin éxito aparente y juega a dos puntas.
Variable2: La guerra entre Israel y Hamas estalla porque alguien erróneamente supuso que, con EEUU ocupado en Ucrania, era “buen momento” para un atentado. Se desencadena un conflicto de raíz religiosa: Islam versus el resto.
Variable3: Donald Trump es elegido presidente de Estados Unidos: nacionalista, proteccionista, convencido de ser el Mesías global.
Variable 4: La deuda interna de EEUU es impagable bajo cualquier forma.
Variable 5: Europa sostiene políticas socialistas ya económicamente insostenibles.
Variable 6: La inmigración musulmana en Europa (Reino Unido, Francia y Bélgica) tensiona el sistema: Londres como centro financiero, Francia como potencia nuclear y Bruselas como sede política de la UE. Surgen denuncias de corrupción (España) y temores culturales.
Variable 7: La variable 5 migra a América Latina. El agotamiento de modelos socialistas en Latinoamérica—Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia—y cuestionamientos a gobiernos de izquierda como México y Chile. Algunos atraviesan crisis migratorias y de corrupción.
Variable 8: El narcoterrorismo y su conexión con la izquierda.
Estas variables, en apenas dos o tres años, generan múltiples consecuencias simultáneas:
-Crisis energética,
-Estrategia arancelaria de EEUU,
-Derivación de fondos a conflictos bélicos,
-Realineamiento de países,
-China como enemigo comercial,
-Islamismo como enemigo visible,
-Mutación de alianzas con Rusia,
-Preocupación social por migraciones sin control,
-Delincuencia, seguridad y corrupción como ejes de agenda,
-El socialismo se expone por su propia ineficiencia y corrupción.
Todo esto cuestiona un modelo socialista vigente que se desmorona, mientras emergen derechas y ultraderechas globales. El momentum produce un corrimiento rápido hacia gobiernos de derecha, con discursos centrados en la defensa del interés nacional. El socialismo de los “derechos humanos” se derrumba, y los temas dominantes pasan a ser seguridad, migración, delincuencia y corrupción. La pregunta social aparece: ¿por qué debo pagar con mis impuestos la vida de un inmigrante que no quiere trabajar y quiere cambiar mis costumbres?
De pronto, en Latinoamérica, Argentina se convierte en el primer gobierno libertario. El resto de la región es mayormente de izquierda: Brasil, Chile, Colombia, Venezuela, México, Uruguay. Y aparece el brutal corrimiento global hacia seguridad, migración y corrupción. EEUU proyecta hacia la región estas mismas tensiones.
En Europa ocurre lo propio: migración, religión, costumbres. Las derechas crecen a gran velocidad. El momentum se ha creado.
¿Y qué significa esto?
Que, después de más de 40 años de democracia, Argentina se encuentra, por primera vez, del lado correcto del mundo. No por haber generado nada extraordinario, sino por la sola presencia de un ideario: libertad, orden, compromiso, seguridad, austeridad, castigo a la corrupción, apertura al mundo. Eso vale más que mil declaraciones incumplidas. Argentina coincide con las demandas globales.
Esto no significa que antes —durante el gobierno de Macri— no existieran estos ideales; los había. Pero el momentum local y global no estaba.
Argentina empieza a convertirse en un socio confiable. ¿Por qué? Porque el resto no lo es.
El momentum argentino de Milei se ha generado. Se ha ganado un espacio global. ¿Está todo resuelto? No. Pero nunca desde 1983, Argentina tuvo un momentum tan claro. Las variables están alineadas. Ahora depende del gobierno y de la ciudadanía generarlas propias para transformar este momentum en éxito y prosperidad.
Tal vez no haya otra oportunidad similar. Las cartas están sobre la mesa. O los políticos lo comprenden, o la sociedad —que ya lo hizo y lo respalda, aquí y en el mundo— no lo dejará pasar.
Hay que recordar algo más: no todo es positivo ni llega llave en mano. A lo largo de la historia, hubo sociedades incapaces de capitalizar avances por falta de paciencia y grandeza para sostener los cambios. El momentum también exige reflexión: los desaguisados de 20 o 30 años no se resuelven en cuatro.
Las sociedades crecen o caen por sus decisiones. La historia siempre enseña cuáles fueron las correctas.

