Aruba

Por qué consumir microbios vivos todos los días puede cambiar tu salud

Belén Grazziani, The Post, Salud

Durante décadas, la convivencia habitual con microorganismos formó parte de la vida humana: en los alimentos, en el entorno y en el contacto con animales y otras personas. Pero el estilo de vida contemporáneo —urbanización, uso temprano y frecuente de antibióticos y antisépticos, más cesáreas, menos lactancia y dietas ultraprocesadas— redujo drásticamente esa exposición y empobreció la diversidad de la microbiota intestinal.

Investigaciones recientes sugieren que incorporar microbios beneficiosos a través de la alimentación podría mejorar la salud. Estudios publicados en revistas como Nutrients y mSystems vinculan el consumo de alimentos fermentados —yogur, kimchi, kefir, kombucha, chucrut— con una microbiota más diversa y con mejores respuestas inmunitarias y metabólicas. Una revisión reciente añade que las leches fermentadas aumentan bacterias productoras de butirato, un ácido graso short-chain asociado con menor inflamación y mejor integridad de la mucosa intestinal.

«Consumimos cada vez menos microbios, y eso repercute en la diversidad de nuestra microbiota intestinal, con consecuencias en el desarrollo inmunitario y metabólico», dice Gabriel Vinderola, investigador del CONICET y docente de la UNL. Para los especialistas consultados, los alimentos fermentados son una vía accesible para «reconectar» con esa biodiversidad perdida.

En Argentina, el yogur aparece como el fermentado más integrado culturalmente y el más recomendado para niños. Provee calcio, proteínas y vitaminas, y añade microorganismos vivos —en muchos casos, cepas probióticas como Lactobacillus casei o Bifidobacterium lactis— que han mostrado efectos positivos sobre la digestión, la regulación inmune y el control del colesterol. «Es absolutamente seguro: se elabora con leche pasteurizada y es estable en su cadena de frío», afirma Omar Tabacco, pediatra gastroenterólogo.

El butirato, producido por ciertas bacterias a partir de la fermentación de fibras, juega un papel central: contribuye a mantener la barrera intestinal, reduce la inflamación y podría tener efectos protectores contra el cáncer de colon. Varios trabajos asocian el consumo regular de yogur con un aumento de estas bacterias productoras de butirato.

A diferencia de otros fermentados como el kefir, que pueden generar trazas de alcohol, el yogur suele ser más adecuado para poblaciones sensibles, incluidos los niños. Por eso, los especialistas recomiendan incorporarlo con regularidad: de forma diaria o al menos entre tres y cinco veces por semana, según pautas discutidas en congresos científicos recientes.

El impacto de los microbios vivos no se limita al intestino. Estudios emergentes exploran efectos en la salud mental mediante el eje intestino-cerebro, en la prevención de infecciones respiratorias y en la reducción de marcadores inflamatorios sistémicos. «La microbiota se comporta como un órgano más: su alimentación y diversidad son esenciales desde los primeros años», resume la Dra. Andrea González, del Hospital de Gastroenterología.

Además de beneficios individuales, hay una discusión creciente sobre políticas de etiquetado y fechas de consumo para reducir el desperdicio alimentario. Algunos especialistas proponen reemplazar fechas de vencimiento estrictas por fechas de consumo preferente en productos fermentados estables, como estrategia para evitar descartes innecesarios.

La revalorización de los alimentos fermentados y la idea de una «dosis diaria de microorganismos vivos» van ganando espacio en la agenda científica y de salud pública. Para sus defensores, no se trata de minimizar los riesgos de ciertos microbios, sino de aprender a distinguir y aprovechar a los que son aliados de la salud.

Si querés apoyar a The Post Argentina, podés hacerlo desde aquí.

>Aruba

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *