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El arte de hablar gratis

Carlos Mira, The Post FMGN Press, Editorial

Hablar gratis es un arte. Darse el lujo de tirar bolazos al aire con la tranquilidad de que no va a ocurrir nada porque detrás hay una audiencia en Babia debe ser uno de los placeres más exquisitos de la historia.

En ese sentido, la política debe ser uno de los terrenos mas fértiles para el desarrollo de esta actividad: construida, justamente sobre palabras, la política entrega esa oportunidad dorada de meterle un poco de énfasis a las cosas y hacer que cualquier disparate parezca una indignación.

Cuando a eso se le agrega un poco de ideología el combo adquiere características que rozan la grosería. Por supuesto no me voy a meter con la familia Bolsonaro, los hermanos Bolsonaro y el reciente candidato a presidente Flavio Bolsonaro. Ellos sabrán como defenderse de lo que se los acusa o de demostrar que las acusaciones son otro brulote de la ideología.

Pero sí quisiera hacer algunos comentarios sobre las cosas que, alegremente, se han dicho aquí en la Argentina, especialmente en el lado kirchnerista de la vida. Allí, con tono dramático, se ha denunciado el atentado a la institucionalidad democrática que ha significado el hecho de que el presidente Milei no haya reconocido el triunfo de Lula. Yo pregunto, ¿se puede ser tan hipócrita asumiendo esa postura de ética institucional cuando Cristina Fernández de Kirchner se negó a entregarle los atributos del mando -la banda y el bastón presidencial- a Mauricio Macri, un presidente elegido por el pueblo en elecciones legitimas que nadie cuestionó jamas? Si hubiera un Balón de Oro al arte de hablar gratis creo se esas acotaciones de fulgurantes figuras de ese espacio deberían llevárselo sin duda alguna.

Luego aparecieron los comentarios respecto de la salida de Bolsonaro de Brasil. El componente de drama vino agregado allí por el insistente uso de las palabras “prófugo” y “fuga”. De nuevo las delicias de la gratuidad. La especulación con la ignorancia técnica que la mayoría tiene con el uso de términos legales que tienen un significado muy preciso en el Derecho pero que cuando se los usa intencionadamente para que el peso de su carga emotiva produzca un efecto en la audiencia hace que aquel significado técnico quede muy atrás y pase a no ser considerado por nadie.

Sin embargo que un conjunto de “artistas” se de el lujo gratuito de manipular el significado real que tienen los tecnicismos no quiere decir que ese significado se haya perdido. Es allí donde aparece el deber de la explicación: Bolsonaro no se “fugó” y no puede ser un “prófugo” porque para serlo debería haber pesado sobre él una orden judicial de captura, cosa que no existía al momento de su salida del país, como tampoco existe aun hoy.

Este dato es crucial para empezar a juzgar otras barbaridades que se han dicho en el ejercicio del arte de hablar gratis respecto de la participación argentina en el operativo. El kirchnerismo quiere hacer pasar al gobierno argentino como cómplice de un delito y como autor del delito de encubrimiento por haber ayudado a un prófugo de la justicia. Vuelta la burra al trigo: Bolsonaro no era ni es un “prófugo” por lo tanto mal puede el gobierno argentino ser acusado de haber encubierto un delito o haber ayudado a un delincuente a eludir a la Justicia que lo buscaba. La Justicia brasileña NO BUSCABA A BOLSONARO. De hecho él y su familia atravesaron en automóvil 1600 km de su propio territorio sin que nadie lo molestara, lo persiguiera o lo detuviera.

Bolsonaro cruzó la frontera de su propio país sin que las autoridades migratorias del Brasil le impidieran la salida y ni la Argentina ni el mundo habían sido notificados de que Flavio Bolsonaro era un convicto brasileño buscado por la justicia de su país por lo que se requería la ayuda internacional para conseguir su captura. Nada de todo eso existió.

Sin embargo si uno escucha o lee las declaraciones kirchneristas (ejerciendo a full el arte de hablar gratis) parecería que Bolsonaro era una suerte de Al Capone de cuya situación jurídica todo el mundo había sido notificado por lo que el abandono de su pais era una “fuga”, él mismo un “prófugo” y quienes lo ayudaron unos “cómplices” o “encubridores” del delito. De hecho entiendo que tres diputados, licenciados en el arte de hablar gratis, han presentado sendas denuncias en ese sentido.

El arte de hablar gratis no se limita a los políticos, por cierto. El día de ayer en todos los medios de comunicación (y no necesariamente limitados a los financiados por el kirchnerismo) las palabras “fuga” y “prófugo” deben haber sido las palabras más repetidas, lo cual prueba lo expandido que está el arte de hablar gratis.

La posibilidad del ejercicio de ese arte sin que, justamente, haya ninguna consecuencia es uno de los factores que más contribuye a la desinformación y a la posibilidad de que la gente luego tome decisiones en base a información errónea o en base a conceptos formados en su subconsciente a partir de información errónea.

Por supuesto que hay un distingo entre los políticos y los periodistas y entre los periodistas militantes y los periodistas ignorantes. Los periodistas militantes (que pueden ser ignorantes al mismo tiempo) y los políticos (que deberían tener más razones para no ser ignorantes del significado técnico de algunas palabras, aunque de hecho lo sean) practican el arte de hablar gratis con toda la intención de confundir a la gente e instalar una verdad “social” que no es la verdad verdadera. Es repugnante, pero en ese grupo de gente se entiende el racional que hay detrás de la conducta.

En donde no se entiende es en el conjunto de comunicadores teóricamente independientes que ayer se cansaron de cometer estas imprecisiones que, en alguno o en todos los casos, uno se sentiría con el derecho de exigirles que no cometan. Un periodista serio debe saber el alcance técnico de la palabra “prófugo” y del significado legal de una “fuga”. Mas aun cuando también se supone que debería saber la carga emocional que el uso incorrecto de esos términos es capaz de llevar a las profundas capas del inconsciente colectivo.

Entonces, ¿por qué lo hacen? Hay aquí dos respuestas posibles. La más sencilla es que, por más prestigio que tengan algunos de esos periodistas, ignoran DE BUENA FE el significado técnico de las palabras que usan. La más complicada es que CONOCEN el correcto significado de las palabras que usan pero las usan igual porque, más allá de la pátina de “independencia” que quieren darle a sus posturas, tienen, en el fondo, una posición ideológica tomada.

Está clase de “velamiento” en la comunicación es muy peligroso. Y lo es porque la gente que “compró” por años la reputación de “imparcial” de esos periodistas, tiende a creer como tales los comentarios que provienen de ellos. Esta “agachada” fue muy notoria durante el gobierno del presidente Macri, en donde periodistas que la iban de serios y “centristas” limaron la autoridad del presidente poco menos que desde el primer momento en que asumió la presidencia.

Desde ya que no me chupo el dedo y sé del dinero que circula proveniente de mucha gente que hizo mucha plata durante el kirchnerato y que ha generado este circulo de comunicadores de los que muchos no dudarían un instante pero que, sin embargo, cumplen una función parecida a la del doble agente que luego de construir una determinada confianza o reputación, empieza a hacer subliminalmente el trabajo para el que lo han “contactado”, aprovechando, justamente, el muchas veces impecable concepto que se han ganado en la opinión pública.

Por supuesto que esto torna muy difícil la distinción entre periodistas realmente independientes que a pasear de tener una línea clara pueden marcar ocasionalmente diferencias con un gobierno cercano a su línea de pensamiento, de aquellos que son “fabricados” como independientes para que, cuando convenga usar la reputación que se ganaron como “independientes” pedirles que deslicen comentarios que favorecen a quienes los “fabricaron”.

Justamente es allí donde el respeto por el significado técnico de las palabras puede ayudar. Aunque siempre quedara la duda sobre quienes de BUENA FE lo ignoran, cuando uno observa que determinados comunicadores insisten en el uso errado de una palabra que no es la correcta en el contexto del comentario o de la noticia que emiten, entonces esa sería una señal fuerte para dudar de la real “independencia” del sujeto.

En el caso de Bolsonaro el uso indiscriminado de la palabra “prófugo” o “fuga” para, a partir de allí, construir todo un argumento de criminalidad de las autoridades migratorias argentinas, permite concluir que estamos en presencia de un típico caso del ejercicio del arte de hablar gratis. O no tan gratis, pero ponele…

Si hay que buscar responsables respecto de lo que hizo o dejo de hacer Bolsonaro, esa búsqueda debería hacerse en Brasil, no en terceros países. Y dentro de Brasil, los primeros que deberían responder preguntas son, por un lado, el propio Lula y, por el otro, sus socios en el STJ a quienes naturalmente la construcción de un “fugado” les viene como anillo al dedo.

Por Carlos Mira
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