
Patricio Carvallo, gerente general del Sheraton Miramar Hotel & Convention Center, explica por qué este emblemático establecimiento de Viña del Mar trasciende su condición de hotel de lujo para convertirse en un destino en sí mismo. Historia, recuerdos familiares, una ubicación extraordinaria y una experiencia que invita a quedarse.

Ariel Ferrero, SunnyNews FMGN Press
VIÑA DEL MAR, Chile.- Hay hoteles que se eligen por su ubicación, otros por sus servicios y algunos por su historia. El Sheraton Miramar, en Viña del Mar, parece reunir las tres condiciones, pero tiene además un atributo difícil de encontrar: una conexión emocional con generaciones de huéspedes que lo consideran parte de sus propias vidas.
Construido prácticamente sobre las aguas del océano Pacífico, el establecimiento ofrece una experiencia singular. Desde sus habitaciones, terrazas y espacios gastronómicos, el mar aparece como protagonista permanente. Las olas golpean las rocas a pocos metros, las gaviotas sobrevuelan las terrazas y el horizonte se extiende sin obstáculos.
Sin embargo, para Patricio Carvallo, gerente general del Sheraton Miramar Hotel & Convention Center, la verdadera diferencia va mucho más allá de su privilegiada ubicación.
“La gente no viene a Viña, viene al hotel”, asegura durante una entrevista con SunnyNews, mientras el Pacífico despliega su inmensidad detrás de los ventanales.
La afirmación resume una particularidad del establecimiento: muchos de sus huéspedes llegan con la intención de disfrutar del propio hotel, sin necesidad de organizar actividades fuera de sus instalaciones.
“Vienen el viernes por la tarde, se van el domingo y no salen del hotel”, explica Carvallo, al describir el comportamiento de quienes encuentran allí una escapada ideal, especialmente desde Santiago, ubicada a unos 130 kilómetros.

Un hotel que forma parte de la historia de Chile
Para comprender el presente del Sheraton Miramar hay que remontarse mucho más allá de la inauguración del actual edificio, en 2005.
En ese mismo emplazamiento funcionó durante décadas el antiguo Hotel Miramar, un establecimiento profundamente vinculado con la historia social y turística de Viña del Mar.
La construcción original fue demolida y reemplazada por un complejo moderno, pero el vínculo afectivo con el lugar permaneció intacto.
“Todo el mundo que yo me encuentro en cualquier parte tiene una conexión con este hotel. O se casó o tuvo un aniversario”, relata Carvallo.
El gerente recuerda especialmente un evento organizado para recorrer la historia del Miramar a través de distintas generaciones de huéspedes.
Algunos evocaban sus bodas o lunas de miel celebradas décadas atrás. Otros, mucho más jóvenes, hablaban de sus próximos casamientos.
“Todas las edades están mezcladas”, señala.
Esa continuidad entre generaciones constituye, a su juicio, uno de los principales valores del establecimiento. “Esa conexión con la sociedad le genera una cosa diferente, porque todo el mundo que entra como que ya se siente en casa”.
No se trata solamente de clientes que regresan. Son familias que construyeron recuerdos en el hotel y que, años después, vuelven para revivirlos o compartir nuevas experiencias.
La sensación de estar a bordo de un trasatlántico
La ubicación es, indudablemente, otro de sus grandes protagonistas.
A diferencia de muchos hoteles costeros, el Sheraton Miramar no está simplemente frente a la playa. Su estructura se proyecta sobre el borde rocoso del Pacífico, generando una cercanía extraordinaria con el océano.

“Este hotel es extremadamente especial porque está dentro del mar. No estamos a la orilla del mar, estamos dentro del mar”, describe Carvallo.
Y encuentra una comparación perfecta para transmitir esa sensación.
“La experiencia que tú tienes aquí es como si estuvieras en un trasatlántico. Adonde miras, está el mar”.
La metáfora cobra sentido al recorrer sus instalaciones. Desde las habitaciones hasta los espacios de descanso y gastronomía, el océano acompaña cada momento de la estadía.
La presencia constante de aves marinas refuerza esa conexión con el entorno natural. Gaviotas y pelícanos forman parte del paisaje cotidiano, recordando que el hotel comparte su privilegiado emplazamiento con la fauna del Pacífico.
Es una experiencia que invita a detenerse, contemplar el horizonte y disfrutar del paso del tiempo sin demasiadas preocupaciones.
Dos hoteles en uno
El Sheraton Miramar también presenta una característica que Denisse Sella, directora de Ventas y Marketing, considera fundamental para comprender su funcionamiento: la convivencia de dos perfiles de huéspedes claramente diferenciados.
“Son dos hoteles dentro de uno”, explica Sella. Durante los fines de semana predomina el turismo familiar y de parejas, especialmente procedente de Santiago, que encuentra en Viña del Mar una alternativa cercana para descansar junto al océano.
Entre domingo y jueves, en cambio, el ambiente cambia y el establecimiento adquiere un perfil más corporativo, con congresos, seminarios, reuniones empresariales y actividades profesionales.
Esta combinación, agrega Sella, permite mantener una actividad sostenida durante buena parte del año y aprovechar tanto sus instalaciones recreativas como su infraestructura para eventos.
La gastronomía, las terrazas frente al mar y los espacios comunes funcionan como puntos de encuentro para ambos públicos.

El lujo de sentirse atendido
Con una extensa trayectoria internacional en la industria hotelera, que incluye experiencias profesionales en distintos países, Carvallo observa que las expectativas de los viajeros han evolucionado.
El crecimiento del segmento de lujo es una tendencia que, a su entender, continuará consolidándose.
“El lujo sí ha tenido un crecimiento muy grande y yo creo que va a continuar creciendo debido a la demanda que hay”, afirma.
Pero su visión del lujo no se limita a las instalaciones, las marcas o las tarifas.
Para el gerente general del Sheraton Miramar, la verdadera hospitalidad sigue dependiendo de un elemento esencial: las personas.
“Es difícil ponerle tecnología a la hotelería porque trabajamos gente con gente. La gente busca gente, la gente viene para ser atendida”.
Y lo ejemplifica con una situación cotidiana. “No quiero un robot que venga y diga: escríbame lo que quiere. No es eso lo que la gente busca”.
En tiempos en que la tecnología transforma numerosos aspectos de la experiencia turística, Carvallo reivindica el contacto humano como una de las características que definen a la hotelería de calidad.
La atención personalizada, la capacidad de anticiparse a las necesidades y el trato cercano siguen siendo, según su visión, elementos fundamentales para que un huésped quiera regresar.

Mucho más que una habitación frente al mar
El Sheraton Miramar recibe principalmente visitantes chilenos, con una fuerte presencia de viajeros procedentes de Santiago, aunque también cuenta con huéspedes argentinos, especialmente de Mendoza, Buenos Aires y Córdoba.
Para muchos de ellos, Viña del Mar representa la posibilidad de combinar descanso, gastronomía, compras y paseos por una de las regiones más atractivas de la costa chilena.
Sin embargo, el establecimiento ha conseguido desarrollar una identidad propia que, en numerosos casos, termina convirtiéndose en la razón principal del viaje.
No es simplemente una cuestión de cercanía con Santiago ni de contar con habitaciones frente al océano. Es la posibilidad de disfrutar de un entorno donde el paisaje, la historia y la hospitalidad forman parte de una misma experiencia.
Al caer la tarde, cuando el sol comienza a descender sobre el Pacífico y el mar adquiere tonalidades doradas, resulta más fácil comprender aquella frase con la que Patricio Carvallo define el espíritu del establecimiento.
Porque para muchos de sus huéspedes, el Sheraton Miramar no es solamente el lugar donde alojarse durante una visita a Viña del Mar.
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