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Argentina ante las elecciones: economía, política y el riesgo de seguir disparándose en los pies

Der Kommentator, The Post FMGN Press

¿Cuántos pies tenemos y cuántas balas nos quedan para seguir con el autoflagelo?

En toda actividad siempre aparece alguien que, en algún momento, se planta y dice: “Basta, muchachos. Hasta acá llegamos”. O, simplemente: “Déjense de joder”. Como decía, con una lucidez casi profética, aquel adelantado del fútbol local: “Si seguimos dándosela a los contrarios, muchachos, vamos a perder”.

Estamos a casi un año de las elecciones de octubre y algo menos de las PASO, que seguramente volverán a realizarse porque nadie sabe exactamente qué le conviene a cada sector. Y, además, porque en la Argentina parece imposible ponerse de acuerdo. Personalmente, creo que, a esta altura, los cambios de reglas suelen ser para peor y terminan saliendo mal.

Mientras tanto, la economía continúa cada vez más recesiva. El juego del trading parece quedarse sin nafta, algo bastante previsible, pese a los reiterados anuncios de 18 meses de bonanza que nunca terminan de comenzar. Ahora parece que habrá que esperar hasta 2028.

Las inversiones tampoco llegan. También era previsible. Hace tiempo que los inversores parecen haber adoptado una estrategia muy sencilla: wait and see. Esperar y ver. En otras palabras: primero quieren saber si el Presidente será reelegido y después decidirán.

Por eso, aquellos 120.000 millones de dólares anunciados por el RIGI, más sus hermanos mayores y menores, siguen pareciendo, por ahora, números de Excel.

Mientras tanto, la gente no llega a fin de mes. Las tasas siguen altas, la inflación sube y baja, pero parece haberse instalado alrededor del 2% mensual, quizás hasta 2028. Y, como siempre, aparece la explicación de que el problema es el INDEC, que mide mal. Un argumento clásico del kirchnerismo, ahora expresado en lenguaje libertario.

Y los políticos, naturalmente, ya comenzaron la campaña. Todos contra todos.

Hay algunos que, por lo menos, son sinceros y nos dicen claramente qué piensan hacer. Debemos agradecerles infinitamente que crean que volver a los subsidios, eliminar el superávit fiscal e imprimir billetes para distribuir es la mejor solución para la Argentina.

Gracias por definir con tanta claridad el riesgo KUKA.

Otros nos dicen que la democracia está en peligro porque una persona condenada por corrupción no puede presentarse nuevamente, mientras sus seguidores —y eventualmente quienes pudieron haberse beneficiado de su sistema de distribución de recursos— denuncian una supuesta proscripción.

Gracias también por definir, desde el otro lado, el riesgo KUKA.

Y también quiero agradecer a algunos dirigentes cercanos al Presidente que, mientras negocian y hasta le proveen comida en Olivos, contribuyen tanto a la imagen de honestidad y transparencia, siempre dentro de la familia.

Gracias por definir estupidez, ignorancia y latrocinio libertario.

Hay otro dirigente que, después de dejarnos una inflación galopante, un descomunal agujero generado por las SIRAS y una buena dosis de “yo no fui”, ahora pretende volver al ruedo. Y hasta confiesa saber cómo solucionar el problema económico de la Argentina.

Gracias por anticiparnos que hará lo mismo otra vez. Aunque esta vez parece tener más socios en Edenor, Metrogas y, quizás, AySA. Es decir, servicios públicos en situación de monopolio. Los que se salvan son los “renovadores”; el pueblo, como siempre, paga la factura.

Pero hay algo más. Apenas como una nota de color —aunque en realidad de color tiene poco— no quiero dejar pasar otro de los dislates argentinos.

Al mejor jugador de fútbol del mundo de todos los tiempos, Lionel Messi, queremos despedirlo en su último partido con la Selección Argentina con un encuentro histórico… contra Benín.

¿Benín?

El 99% de los asistentes a ese supuesto partido histórico probablemente no tenga idea de quién es el rival. Nunca jugó un Mundial. Pero, eso sí, seguramente aportará algunos dólares a una nueva decisión de un personaje que, por sus antecedentes, ha resultado nefasto para la historia del fútbol argentino.

Y mi pregunta la hago con toda la bronca:

¿Merece Messi semejante desplante? ¿Merecemos los argentinos que un personaje así decida una estupidez y una humillación de semejante naturaleza para una persona que se mató por este país durante 20 años y que puso a la Argentina, deportiva y moralmente, en lo más alto?

Gracias a la AFA por dejar tan claro cuán inútiles, ignorantes y, para utilizar un término judicial, irresponsables pueden ser quienes conducen nuestro fútbol.

Habría cien selecciones que querrían estar en el lugar de Benín. Y seguramente no todas lo harían por dinero.

A los argentinos nos toca observar, impávidos, a apenas un año de las elecciones, este verdadero compendio de dislates e impunidades. Y mientras tanto, la Justicia —lenta y por razones que muchas veces nunca terminamos de comprender— tampoco parece capaz de terminar de condenar y hacer cumplir las condenas como corresponde.

Vamos camino a otra elección en la que probablemente terminemos votando al menos malo. O, mejor dicho, esperando que la suerte nos acompañe.

Siempre recalqué en esta columna que las ideas actuales pueden ser las correctas, pero que la ejecución y, sobre todo, los ejecutores son de muy baja calidad. Y ahora, además, aparecen cada vez más dudas respecto de su honestidad.

Por eso, por favor: no sigan disparándose en los pies.

Piensen alguna vez en la gente. Piensen en una sociedad que está cansada de contemplar un aquelarre político que ya parece circense, protagonizado por viejos payasos, ridículos y obsesionados exclusivamente con su ego y con ese poder nefasto que creen conservar.

Porque, mientras ellos juegan a la política, los argentinos seguimos pagando la cuenta.

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