
Carlos Mira, The Post FMGN Press,
Hay rutas que llevan de un lugar a otro y hay otras que convierten el camino en el verdadero destino. La Great Ocean Road, en el estado australiano de Victoria, pertenece definitivamente a la segunda categoría. Conducirla es avanzar junto a un océano que cambia de color y de humor, entre playas interminables, acantilados, bosques y formaciones de piedra que parecen emerger del agua como esculturas naturales.
El recorrido puede comenzar en Melbourne, cruzando el West Gate Bridge rumbo a Geelong y, desde allí, hacia Torquay, la localidad que marca oficialmente el inicio de la Great Ocean Road. La ruta costera se extiende durante unos 243 kilómetros entre Torquay y Allansford, cerca de Warrnambool, y es considerada una de las grandes rutas escénicas de Australia.

Torquay es también la puerta de entrada a la cultura del surf australiana. Poco después aparece Bells Beach, una de las playas más famosas del país, antes de continuar hacia Anglesea y Lorne. Allí el paisaje empieza a adquirir otra dimensión: la carretera se encarama a los acantilados, desciende hacia pequeñas playas y vuelve a internarse entre la vegetación. El tramo entre Lorne y Apollo Bay es considerado por muchos como el sector más espectacular de todo el recorrido.
Y es justamente ahí donde la conducción deja de ser simplemente un traslado. Cada curva ofrece una nueva postal. El mar aparece de repente entre los árboles, las olas rompen contra las paredes de roca y pequeñas localidades costeras invitan a detenerse. La recomendación es sencilla: no apurarse. La Great Ocean Road está hecha para bajar la velocidad, estacionar en los miradores y dejar que el paisaje haga el resto.
Desde Apollo Bay, el camino atraviesa el Great Otway National Park, una región de selva templada donde el paisaje cambia por completo. El verde intenso de los bosques reemplaza por momentos al azul del océano, con enormes helechos, árboles centenarios y cascadas. También existe la posibilidad de desviarse hacia Cape Otway, donde se encuentra uno de los grandes faros históricos de Australia.

Pero el gran momento del viaje llega cuando la carretera vuelve a encontrarse con el mar y aparece la Shipwreck Coast, la Costa de los Naufragios. Allí la fuerza del Océano Austral ha modelado durante miles de años los acantilados de piedra caliza hasta convertirlos en uno de los paisajes más reconocibles de Australia.
Y entonces aparecen ellos: los Twelve Apostles, los Doce Apóstoles.

Las enormes columnas de piedra se levantan frente a la costa, separadas del continente por la erosión. El viento, las olas y el tiempo continúan modificando permanentemente este paisaje. El nombre quedó asociado a estas formaciones aunque su número nunca coincidió exactamente con doce. Lo importante, frente a ellas, no es contar sino contemplar: el contraste entre el azul profundo del océano, las paredes doradas de los acantilados y las enormes rocas aisladas produce una de esas escenas que explican por qué ciertas rutas se convierten en leyenda.
La mejor manera de recorrer esta zona es tomarse tiempo para caminar por los miradores y continuar hacia Port Campbell, una pequeña localidad costera que funciona como una excelente base para explorar la región. Desde allí se pueden visitar también Loch Ard Gorge, Gibson Steps, London Bridge, The Arch y The Grotto, otras de las formaciones que convierten este tramo en un verdadero museo natural a cielo abierto.

Hay algo especialmente atractivo en hacer este recorrido en auto: la ruta no entrega toda su belleza de una sola vez. Se descubre de a poco. Una curva, una playa, un mirador, una pared de roca, una colonia de fauna o un pequeño pueblo aparecen sucesivamente, obligando a detenerse una y otra vez.
Por eso, más que una excursión para tachar lugares de una lista, la Great Ocean Road merece ser pensada como un road trip. Una experiencia para conducir sin demasiadas prisas, con música, ventanas abiertas cuando el clima lo permite y la certeza de que el paisaje que acaba de quedar atrás probablemente no era el mejor: el próximo todavía puede sorprender.

Desde Melbourne hasta los Doce Apóstoles, pasando por Geelong, Torquay, Bells Beach, Lorne y Apollo Bay, el recorrido combina en pocos días algunos de los grandes escenarios naturales de Victoria. Y cuando finalmente uno se detiene frente a las gigantescas formaciones de piedra de Port Campbell, entiende por qué tantas personas que hicieron el viaje coinciden en una misma sensación: la ruta no se mira solamente; se vive.

