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Paraguay se prepara para un nuevo mapa turístico: proyectan diez hoteles con una inversión de US$ 60 millones

La expansión hotelera apunta al interior del país y acompaña el crecimiento de nuevos corredores económicos y turísticos. Ciudades como Filadelfia, Encarnación, Ciudad del Este y Villarrica aparecen entre los destinos que podrían sumar infraestructura de nivel internacional.

Stella Maris Haus, The Post FMGN Press, Turismo

Paraguay empieza a dibujar un nuevo mapa turístico. Mientras Asunción y Ciudad del Este concentran buena parte de la oferta hotelera de mayor escala, una nueva ola de inversiones busca llevar establecimientos de cadenas reconocidas hacia ciudades del interior que hasta hace pocos años estaban fuera del radar de los grandes operadores internacionales.

En ese escenario, el Grupo Hotelero Albamonte proyecta desarrollar alrededor de diez hoteles en distintos puntos del país, con una inversión estimada inicialmente en más de US$ 60 millones. La iniciativa representa una apuesta de largo plazo por un Paraguay que está creciendo más allá de sus grandes centros urbanos.

La expansión tiene un dato particularmente significativo: el foco está puesto principalmente en el interior. Entre las localidades que forman parte del análisis aparecen Filadelfia, Pedro Juan Caballero, Concepción, Villarrica, Encarnación y Ciudad del Este, además de otras ciudades relacionadas con zonas de fuerte actividad productiva.

La lógica detrás del proyecto excede la construcción de nuevos establecimientos. La idea es acompañar la transformación económica de territorios que pueden convertirse en destinos de negocios, escalas de viajeros, centros de eventos o puntos de partida para descubrir atractivos naturales y culturales todavía poco desarrollados turísticamente.

Hoteles que buscan adelantarse al crecimiento

La hotelería suele llegar detrás del turismo: primero aparece el visitante, después aumenta la demanda y finalmente se construyen nuevos establecimientos. En Paraguay, algunos de los proyectos que ahora se estudian parecen responder a una lógica diferente.

La apuesta consiste en anticiparse a los cambios que están produciéndose en determinadas regiones. Allí donde crecen la actividad empresarial, la infraestructura y la conectividad, también aparece una demanda potencial de alojamiento que todavía no está completamente desarrollada.

Es una estrategia que puede generar un efecto multiplicador. Un hotel de una cadena reconocida no solamente ofrece habitaciones: también puede incorporar restaurantes, salones para reuniones, espacios para eventos, piscinas y otros servicios que incrementan la capacidad de una ciudad para recibir visitantes.

Para los destinos del interior, contar con infraestructura de este tipo puede ser decisivo a la hora de captar congresos, reuniones empresariales, acontecimientos deportivos, celebraciones y grupos turísticos.

La Ruta Bioceánica cambia las perspectivas

Uno de los grandes factores que explican el interés por nuevas inversiones es la transformación de la conectividad paraguaya.

La Ruta Bioceánica está llamada a modificar progresivamente los flujos comerciales y de transporte entre Brasil, Paraguay, Argentina y Chile. Y cada vez que cambia una ruta, también pueden cambiar las oportunidades turísticas de las ciudades que quedan a su alrededor.

Localidades que tradicionalmente fueron consideradas lugares de paso pueden comenzar a adquirir una nueva importancia. Algunas podrán funcionar como escalas para viajeros; otras, como centros de servicios o puertas de entrada a regiones naturales con enorme potencial.

Filadelfia es un ejemplo particularmente interesante. En el corazón del Chaco paraguayo, la ciudad está vinculada con una región cuya identidad, paisajes y cultura ofrecen posibilidades para desarrollar experiencias turísticas diferentes de las tradicionales propuestas urbanas del país.

El crecimiento de la infraestructura hotelera podría ayudar a transformar ese potencial en productos concretos.

Del viajero de negocios al turista de fin de semana

Otro aspecto interesante de la expansión es que los nuevos hoteles no necesariamente dependerán de un único tipo de visitante.

Durante los días laborales, la demanda puede estar impulsada por empresarios, profesionales, técnicos y personas vinculadas con las actividades productivas de cada región. Pero durante los fines de semana, esos mismos establecimientos pueden convertirse en una base para escapadas familiares, turismo interno y viajes de corta duración.

Ese modelo permite que una ciudad aproveche mejor su infraestructura durante toda la semana y, al mismo tiempo, genere nuevas oportunidades para restaurantes, comercios, transportistas, guías y prestadores de actividades.

En otras palabras, una habitación de hotel puede terminar siendo mucho más que una habitación: puede convertirse en una pieza de una economía turística local.

Un mercado regional con enorme potencial

La oportunidad paraguaya también está relacionada con la cercanía de sus principales mercados emisores.

El turismo internacional que llega al país está fuertemente concentrado en visitantes de la región, especialmente argentinos y brasileños. La proximidad geográfica, los vínculos comerciales y culturales y la facilidad relativa para viajar por vía terrestre hacen que Paraguay tenga una ventaja competitiva para captar escapadas y viajes de corta duración.

La posibilidad de contar con hoteles de estándares internacionales fuera de Asunción puede contribuir a diversificar esos movimientos.

Un visitante que llega desde Argentina, por ejemplo, puede encontrar nuevas razones para extender su viaje más allá de los circuitos habituales. Y un paraguayo que viaja dentro de su propio país puede descubrir destinos que hasta ahora tenían una oferta de alojamiento insuficiente para sostener una escapada confortable.

No alcanza con construir hoteles

El desafío, sin embargo, será lograr que la infraestructura hotelera vaya acompañada por una verdadera estrategia turística.

Un hotel puede atraer visitantes, pero difícilmente pueda crear por sí solo un destino. Para que las nuevas inversiones tengan un impacto duradero será necesario desarrollar rutas, excursiones, gastronomía, actividades culturales, propuestas de naturaleza y servicios capaces de convertir una estadía en una experiencia.

Ese punto será especialmente importante en las ciudades del interior. Allí existe una oportunidad enorme para construir productos turísticos alrededor de paisajes, patrimonio, gastronomía, cultura, producción y naturaleza.

Si esa combinación funciona, la nueva hotelería podría terminar cumpliendo un papel mucho más importante que el de ofrecer alojamiento.

Paraguay mira hacia afuera de Asunción

La inversión proyectada por el Grupo Hotelero Albamonte es, en definitiva, una señal de un cambio más amplio.

Paraguay está dejando de pensar su desarrollo turístico exclusivamente desde Asunción y sus destinos más consolidados. El nuevo desafío consiste en integrar al interior a un circuito nacional capaz de ofrecer propuestas diferentes y complementarias.

La expansión de las cadenas hoteleras puede ser una de las piezas que hagan posible ese proceso. Más habitaciones significan mayor capacidad para recibir viajeros; más capacidad puede facilitar nuevos eventos y actividades; y esos eventos pueden generar nuevas razones para viajar.

La verdadera transformación, entonces, no estará solamente en los diez hoteles que eventualmente se construyan.

Estará en lo que ocurra alrededor de ellos.

Porque si las inversiones logran acompañar el desarrollo de los destinos, Paraguay podría estar entrando en una nueva etapa: una en la que el viajero ya no atraviese el país simplemente para llegar a otro lugar, sino que encuentre cada vez más motivos para detenerse, explorar y quedarse.

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