
Entre vikingos, caballeros, romanos, santos y reyes, uno de los parques más visitados de Francia convirtió la historia nacional en un espectáculo monumental. Para sus defensores, recupera una memoria que el país estaba perdiendo. Para sus críticos, construye una visión ideológica del pasado.
Alicia Kronshell, The Post FMGN Press, Turismo
Hay parques temáticos que prometen montañas rusas, personajes de fantasía y adrenalina. Y hay otros que ofrecen algo completamente diferente: un viaje por la historia. En medio de los campos de la región de Vendée, en el oeste de Francia, Puy du Fou propone precisamente eso. Barcos vikingos emergen de estanques, caballeros atraviesan las arenas a caballo, escenarios enteros cambian delante del público y cientos de aves sobrevuelan las cabezas de los espectadores.
A unos 400 kilómetros al suroeste de París, el parque se parece más a una enorme reserva natural que a un tradicional parque de diversiones. Hay árboles, ríos y lagos artificiales, caminos y escenarios inmersivos. No hay grandes montañas rusas y tampoco abundan los puestos comerciales: la principal atracción son los espectáculos históricos, representados en enormes escenarios al aire libre y teatros especialmente construidos.
El resultado es espectacular. Pero también polémico.
Puy du Fou es actualmente uno de los parques temáticos más populares de Francia, solo por detrás de los complejos de Disneyland cercanos a París. Su éxito ya cruzó las fronteras francesas: en 2021 abrió un parque en Toledo, España, dedicado a la historia española, y la compañía busca expandirse también al Reino Unido. En 2025 recibió alrededor de tres millones de visitantes y registró ingresos cercanos a los 350 millones de dólares.
Pero mientras millones de personas llegan atraídas por el espectáculo, una discusión mucho más profunda se desarrolla alrededor del lugar: ¿qué historia está contando Puy du Fou?
El origen de una idea

La historia comenzó en 1978, cuando Philippe de Villiers escribió un espectáculo sobre la experiencia de la Vendée durante la Revolución Francesa. La región había sido escenario de una rebelión contra el nuevo gobierno revolucionario, que terminó en una brutal represión y miles de muertos.
De Villiers no tenía dinero para contratar actores ni técnicos y recurrió a la comunidad local. Miles de habitantes participaron como voluntarios en aquella representación, que se convirtió en La Cinéscénie, un gigantesco espectáculo nocturno que todavía se presenta durante el verano.
El éxito llevó a De Villiers a imaginar algo mucho mayor. Después de visitar Walt Disney World, en Orlando, en 1989, entendió el potencial de los grandes parques temáticos, pero quiso desarrollar un modelo diferente: en lugar de personajes de ficción, montañas rusas y mundos fantásticos, su parque tendría como protagonistas a la historia, los héroes, las batallas y las tradiciones de Francia.
Así nació el Puy du Fou moderno, construido alrededor de una idea que sigue siendo central: recuperar una especie de “narrativa fundacional” francesa y convertirla en una experiencia emocional.
Historia convertida en espectáculo

Para el visitante, resulta difícil no quedar impresionado. En uno de los espectáculos ambientados en la época romana, aurigas conducen carros tirados por caballos alrededor de un enorme obelisco que posteriormente se transforma en una gigantesca galera. En otro, más de 300 aves —entre ellas buitres y águilas— sobrevuelan al público. En las representaciones nocturnas, bailarines, músicos y hasta un piano pueden aparecer desde las aguas de un estanque.
La ingeniería detrás de cada espectáculo es parte fundamental de la experiencia. Los decorados se transforman, los animales forman parte de las escenas y enormes estructuras aparecen desde lugares aparentemente imposibles.
Por eso, muchos visitantes llegan simplemente por el espectáculo. Familias enteras pasan el día corriendo de una representación a otra y algunos regresan varias veces. Pero el crecimiento de Puy du Fou también hizo crecer las críticas.
Historiadores y dirigentes políticos de izquierda llevan años cuestionando la manera en que el parque representa determinados acontecimientos. En 2022, cuatro historiadores publicaron Le Puy du Faux, un juego de palabras que podría traducirse como “El Puy de la falsedad”, en el que calificaron al parque de ideológico y cuestionaron la precisión histórica de sus espectáculos.
Uno de los principales argumentos de sus críticos es que Puy du Fou no presenta simplemente acontecimientos históricos, sino una interpretación muy determinada de ellos. El cristianismo ocupa un lugar central en varias representaciones: los vikingos aparecen como invasores de comunidades cristianas hasta que interviene una figura religiosa, mientras que los romanos son mostrados inicialmente como perseguidores de cristianos antes de su conversión.
Para algunos historiadores, esa mirada simplifica procesos complejos y construye una narrativa en la que el cristianismo aparece como uno de los pilares fundamentales de la identidad francesa.
La “Francia eterna”

Los críticos sostienen además que el parque construye una imagen de una “Francia eterna”, permanentemente amenazada por fuerzas externas. En los espectáculos aparecen vikingos, ejércitos revolucionarios, invasores alemanes y otros enemigos frente a los cuales la comunidad francesa debe resistir.
La controversia adquiere otra dimensión por las posiciones públicas de Philippe de Villiers, quien fue funcionario, legislador y secretario de Estado de Cultura y durante años se manifestó contra la Unión Europea, la inmigración y el islam, además de mantener vínculos con sectores de la derecha nacionalista francesa.
Su hijo Nicolas de Villiers, presidente del parque desde 2012, rechaza que Puy du Fou sea una herramienta política. Para él, resulta absurdo preguntarse si los vikingos o los romanos son “de derecha” o “de izquierda”. El objetivo, sostiene, es hacer que los franceses vuelvan a conectarse con su historia.
Pero allí aparece el núcleo de la discusión: decidir qué recuerdos forman parte de la memoria colectiva también implica decidir cuáles quedan afuera.
Lo que no aparece

Los críticos señalan que los espectáculos prácticamente no abordan algunos de los capítulos más oscuros de la historia francesa: la esclavitud, el colonialismo o el régimen de Vichy, que colaboró con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.
Para ellos, esas ausencias son tan significativas como los acontecimientos que sí aparecen. La historia que se cuenta privilegia momentos heroicos, religiosos y patrióticos y deja en segundo plano episodios capaces de ofrecer una visión más incómoda de Francia.
Para sus defensores, en cambio, no existe obligación de representar toda la historia nacional en un parque temático. Puy du Fou no pretende ser un manual escolar: pretende emocionar.
Una batalla cultural

La discusión creció mientras la derecha nacionalista ganaba espacio en la política francesa. François Ruffin, dirigente de izquierda y candidato presidencial, llegó a plantear la creación de un “Puy du Fou de izquierda”, dedicado a episodios como la Revolución Francesa y la resistencia contra la ocupación nazi.
La propuesta revela hasta qué punto el parque dejó de ser simplemente una atracción turística para convertirse en un símbolo de una disputa mucho mayor por la identidad del país.
Para unos, Puy du Fou recupera una identidad nacional que durante décadas habría sido relegada. Para otros, transforma la nostalgia y la épica nacional en herramientas políticas.
Mientras tanto, millones de personas siguen llegando cada año. Muchos no van por Philippe de Villiers ni por una batalla ideológica: van por los caballos, los barcos, los vikingos, las aves y los escenarios que desaparecen y vuelven a aparecer frente a sus ojos.
Pero detrás de todo ese despliegue existe una pregunta que excede ampliamente los límites del parque:
¿Quién decide qué debe recordar una nación?
En la Francia actual, esa ya no es solamente una cuestión histórica. Es una batalla por el presente y, sobre todo, por el futuro.
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